Nunca han necesitado la apreciación de la crítica para triunfar, ya sea comercialmente o en general, pero esta ha terminado rindiéndose a una de las franquicias de acción más locas y más intensas de la historia. No obstante, algunos seguirán mirando prejuiciosamente a la franquicia de Fast & Furious como un estúpido entretenimiento, hecho para mayor gloria del egomaniaco Vin Diesel. Lo que ellos no saben es que están dando de lado a la saga de películas más divertida, surrealista y marcianamente ambiciosa que uno se puede topar. No hay techo para ellos.

Por eso venimos a hacer un repaso totalmente libre de ironía y lleno de disfrute por unas películas llenas de coches haciendo cosas que desafían cualquier ley física, recargados mensajes sobre la familia y una estrella en un perfecto punto medio entre la parodia autoconsciente y la sinceridad hipertrofiada.

10. Fast & Furious 8 (2017)

Parecía imposible hacer aburrida una película con Charlize Theron de villana, Helen Mirren de matriarca mafiosa vestida de leopardo, una secuencia de «coches zombies» y Dwayne Johnson desviando un torpedo con la mano. Pero aquí estamos. La muerte de Paul Walker puso en una encrucijada a Vin Diesel, que decide poner una carga emocional más oscura al personaje de Toretto y termina desnaturalizando por completo la saga. Se pierde ese magnífico equilibrio entre cachondeo autoconsciente y horterada para hacer un film de ciberespías genérico con un dramatismo forzado.

En este cambio, se pierde uno de los elementos fundamentales de esta saga. No, no las escenas de acción disparatadas, porque seguimos teniendo al grupo haciendo cosas como enganchar cinco coches al de Diesel o teniendo que enfrentarse a un submarino nuclear. Pero se pierde la dinámica del grupo, que al no tener un eje claro (Diesel en otra trama en la que además no funciona y Walker fuera por motivos obvios) se descompensa. En general, desequilibrio es lo que define esta película de F. Gary Gray, a pesar de que encuentra un hallazgo en tener a La Roca y Jason Statham lanzándose one-liners amenazantes.

9. 2 Fast 2 Furious: A todo gas 2 (2003)

Tras el monumental éxito de la primera película, se apretó el acelerador para hacer una continuación, esta vez con John Singleton de director. Sin embargo, ya arrancó con el freno de mano puesto. Diesel rechazó aparecer al ver el guion demasiado pobre y ni siquiera peleó por mejorarlo como sí hizo en la primera película. Aun así, se siguió para adelante sin mirar el retrovisor, incluso aunque la idea de partida no era la mejor para hacer una franquicia a largo plazo, como finalmente ha sido.

En un intento que quiere medio repetir la estructura de la primera película, pero con nuevos personajes, coches y localización, vemos como el personaje de Paul Walker no tiene realmente mucho que hacer aquí, ya que una franquicia de un agente (o ex-agente) infiltrado en distintos mundos de carreras clandestinas y crimen tiene mecha corta. Se intenta también replicar las relaciones de la primera película, con Tyrese Gibson como nuevo Diesel (idea mala a todas luces, Gibson luego se volvería pilar fundamental adoptando otro rol) y Eva Mendes como interés romántico (que no funciona porque la jugada es demasiado obvia y la química está ausente). Y el villano es sencillamente olvidable.

Singleton ofrece su mejor versión en los momentos más terrenales, dándole flow al tono de la película, menos nu metal, y haciendo que no decaiga a nivel de ritmo. Pero no puede solucionar los problemas fundamentales de esta secuela, y sus escenas de acción no son tan memorables como las de su predecesora. Una pena, porque parecía un director idóneo para llevar esta franquicia.

8. A todo gas (2001)

Es realmente fascinante comprobar todo lo que ha evolucionado la Fast Saga y luego volver a esta película tan «pequeña» y tan centrada en las carreras de coches. Porque realmente sus orígenes eran de meterse en el mundillo de las carreras ilegales, empleando para ello la estructura y energía de Le llaman Bodhi.

Aun con todo, la película resuelve con mucho acierto la dinámica entre sus protagonistas, y aunque su estilo tan nu-metal se siente envejecido (curiosamente, todas las películas de Rob Cohen han envejecido mucho, y todas son bastante nu-metaleras), ofrece secuencias memorables, especialmente una de atraco/persecución/supervivencia que muestra ya el buen sentido de la acción que late en estas pelis. Otro factor que suma: un reparto en plena juventud que se sabe ante la oportunidad de su vida y la aprovecha con creces.

  • Escena más delirante: Probablemente cuando Dom y Brian regresan a casa y en la fiesta uno de los secuaces del primero está tocando una guitarra de Zakk Wylde sin aparente relación con la música que está sonando.

7. Fast & Furious: Aún más rápido (2009)

Con el regreso de Diesel y Walker, además de Michelle Rodriguez y Jordana Brewster en roles secundarios, se dejaron de lado desviaciones y trompos para recuperar la senda marcada por la película original, y conducirla en una dirección viable. Lo consigue Justin Lin, principal arquitecto de este dislate de franquicia, que empieza marcando terreno con una escena de acción disparatada y genial, y pivota la historia para hacerla sobre la relación de sus protagonistas.

Porque incluso el toque de familia ha sido explotado hasta cotas horteras, no hay duda de que trabajan para que esta idea sea consistente, tanto en esta película como en las posteriores. Suma un salto total hacia el thriller policiaco, con algo de la ultravigilancia de Tony Scott, y tienes una entrega efectiva aunque inconsistente en su metraje.

  • Escena más delirante: La recreación de Toretto de un accidente de coche en forma de ensoñación mientras está en la escena del crimen es psicodelia pura. Seguro que Bryan Fuller se inspiró aquí para hacer las secuencias en las que Will Graham recrea en su cabeza los crímenes en Hannibal.

6. Fast & Furious: Hobbs & Shaw (2019)

Muchos despreciaron este spin-off que, no nos engañemos, sirve más para masajear el ego de sus dos estrellas que quieren más que compartir el foco que les deja Vin Diesel. Con todo, no sólo ofrece un revigorizante ejercicio de acción (dirige David Leitch, uno de los artífices del éxito John Wick) que recoge bien una de las pocas cosas que funcionaban en la octava entrega (Johnson y Statham chocando sus rolletes alfa) para hacer una buddy movie ochentera divertida. También refleja mejor la idea de la familia en la saga que la película anterior, y no renuncia a jugar con ideas cada vez más locas y de ciencia ficción (ejem, el «Superman negro» de Idris Elba). Además, encuentra una gloriosa tercera pata en Vanessa Kirby. Vamos, que es más estimable de lo que muchos aseguran.

5. Fast & Furious 6 (2013)

El tiburón ya se ha saltado. De hecho, se ha sobrevolado con un avión que en su cola pone «It’s Roman, Bitches«. Se mantenía el toque de películas de atracos, pero la familia ya pasaba a ser un grupo de espías internacionales con cochazos tuneados. También empieza a introducir dos elementos tan disparatados como ya inseparables de la franquicia: 1) Nadie está realmente muerto y siempre puede regresar y 2) Si eres villano en la anterior película, es posible que te unas al equipo en la siguiente.

Por lo demás, muestra una fórmula más que consolidada, donde las leyes físicas y el sentido de la vergüenza cada vez tienen menos lugar y hay cada vez más espacio para la camaradería, para secuencias de acción cada vez más locas y para sentimientos hipertrofiados y puestos al borde del ridículo. Justin Lin, en su última entrega antes de su separación de la franquicia, ofrece menos sorpresas pero consolida el corazón de la saga.

4. Fast & Furious 9 (2021)

Tras un par de traspiés en la recepción que han puesto más en duda la continuidad de la franquicia, regresa Justin Lin para retomar un dinamismo clásico que, al mismo tiempo, toma un par de decisiones atrevidas que muestran el rango que siguen teniendo estas películas. Incluso cuando acaban respondiendo a algunas demandas/sueños húmedos de los fans, como el regreso de Han o el esperado salto al espacio exterior, sigue encontrando maneras de arriesgar como añadiendo una estructura de flashbacks (rodados además en celuloide de 35mm) que fortifican el núcleo emocional de la película.

Resulta impresionante que una película en la que se realizan varias de las escenas de acción más locas (de nuevo, se van al espacio, y también hacen cosas locas con imanes y hasta los coches se cuelgan en lianas), que termina hipertrofiándose a casi dos horas y media de duración, sigue teniendo resonancia emocional y capacidad de dejar florecer la íntima relación de dos hermanos. Lin demuestra de nuevo de lo que son capaces estas películas a pleno rendimiento, y mete una marcha más en el momento justo.

  • Escena más delirante: Es increíble que haya tantas para elegir en una película que, lo decimos una vez más, se va al espacio.

3. A todo gas: Tokyo Race (2006)

Sin Diesel ni Walker en el horizonte, la franquicia tomó la vía de Halloween III: Season of the Witch para hacer un spin-off/medio reboot que introdujese el mundo del Drift de Japón. Para ello, entra en escena Justin Lin, el director que añade un dinamismo y frescura que lanza a la franquicia de forma definitiva.

Consigue también un interesante equilibrio en las escenas de carreras, mostrando una planificación y desarrollo nunca visto antes, y también aporta cierto aire de cine independiente a la historia que la hace funcionar a casi todos los niveles (por desgracia, no puede obrar milagros y hacer a Lucas Black un protagonista convincente, pero a Sung Kang y Brian Tee les deja lucirse). La más reivindicable de la franquicia.

2. Fast & Furious 7 (2015)

Era complicado continuar tras la marcha de Lin, aunque estaban obligados a seguir con ese cliffhanger de la anterior película, que ya anticipa un giro total hacia un western crepuscular de Statham contra La Familia. Por suerte, el reemplazo no pudo ser mejor. James Wan entró tras toda una carrera revolucionando el cine de terror, y en su primer blockbuster de acción mostró un talento genial para hacer espectáculos vibrantes, descerebrados y absolutamente inmensos en escala (algo que luego continuó con Aquaman).

Por suerte, la franquicia no se mete de lleno en un cenagal de intensidad y oscuridad sólo por la idea de partida. Wan equilibra ambas facetas, la de hacer un conflicto crudo y descarnado (cada escena en la que entra Statham es brutal, empezando por ese fabuloso prólogo) mientras sigue dándose rienda suelta en demenciales secuencias de acción. Todo con una puesta en escena deliciosa. Y también logra hacer el final más emotivo de toda la saga con la despedida a Paul Walker, fallecido antes del estreno de la película.

  • Escena más delirante: Puf, es que por dónde empiezas. ¿La Roca rompiendo la escayola con una flexión de brazo? ¿Ir saltando de rascacielos en rascacielos en Abu Dhabi con un coche? No, lo siento, hay un ganador claro y hay que reconocerlo: infiltración en salto libre con paracaídas… Pero son los coches los que tienen el paracaídas.

1. Fast & Furious 5 (2011)

La película que giró el volante y convirtió definitivamente a la franquicia en una de las más potentes del cine de acción actual. Introduciendo el componente de equipo (La Familia), metiéndose de lleno en el género de atracos, la química inigualable del reparto, la introducción de una poderosa presencia física en el lado antagónico (Dwayne Johnson) y el equilibrio de las escenas más físicas con otras que desafían cualquier ley física concebible. Todos elementos que se volverán la seña en adelante y que aquí funcionan en su mayor extensión.

Pero la mayor clave de su éxito está en su saber posicionarse a la perfección entre tomarse en serio lo que están haciendo con ser autoconscientes de la chorrada que están haciendo. Todo está en el discurso de Vin Diesel sobre «la familia», a medio camino entre la sinceridad desbordante y una deliberada mofa del discurso de camaradería al que recurriría una película menor. Parece imposible logra estar entre ambos puntos con tanta solvencia, pero lo consigue de una manera tan enigmática como irresistible.

  • Escena más delirante: Todo el clímax involucra atracar una comisaría para llegar a la caja fuerte, y su solución es robar directamente toda la caja fuerte que arrastran por Río de Janeiro como una bola de demolición acoplada. El epílogo a ritmo de ‘Danza Kuduro’ también vale. Aunque todo esto es por decir algo que no sea «Dwayne Johnson pasándose toda la película barnizado en aceite de bebé».
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2 Comentarios

  1. Ordenarlas es un esfuerzo innecesario. Pones las bolitas con los números en un bombo y las colocas todas según salgan y en la misma línea, ahórrate darle 8 veces al «return».

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