Vuelve a los cines la trilogía de El señor de los anillos, y vuelve a la actualidad el nombre de su principal artífice para llevarla a la gran pantalla: Peter Jackson. El director australiano neozelandés ha triunfado llevando estos grandes espectáculos tan complicados de adaptar, pero en sus aventuras previas, tan enmarcadas en el cine fantástico de serie B, se apreciaba ya un talento y sensibilidad que indica cómo fue capaz de llevar a cabo una tarea tan titánico.

Hoy repasamos todos estos trabajos, los más modestos y los más épicos, y vemos cómo hay más en común en todos ellos de lo que cabría pensar en un principio.

14. El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (2014)

En este cierre de esta triada de adaptaciones de la precuela de la obra magna de J.R.R. Tolkien se expone la versión más desangelada y menos ilusionante de todas las películas de Jackson. Casi todo se reduce a un espectáculo CGI que no se siente ganado porque el trayecto hasta ahí ha estado lleno de baches y narración interminable, así que se muestra un ejercicio de épica algo vacía y falta de emoción genuina.  Un largo trámite de casi dos horas y media.

13. El Hobbit: La desolación de Smaug (2013)

La segunda parte de esta otra trilogía de Tierra Media ofrece muchos de los mismos problemas de su predecesora, reduciendo la diversión por intentar emular la épica clásica sin demasiado resultado, además de hacer todo un mero trámite para la gran pelea contra el dragón del título. Es difícil comprarla como aventura ligera, aunque la escena de los barriles en el río tiene su gracia.

12. The Lovely Bones (2009)

Uno nota que algo se ha roto irremediablemente en un director cuando intenta regresar a proyectos más íntimos y modestos. El problema de Jackson a estas alturas es que ya estaba demasiado enamorado de las posibilidades tecnológicas y los grandes efectos especiales para no meterlos con calzador en una drama pequeño y oscuro, que reclamaba alguien con más tacto y gusto para no hacer de una triste historia sobre la tragedia y la pérdida en una recargada horterada.

Aunque le podemos agradecer la anécdota de despedir a Ryan Gosling porque llegó al rodaje tras engordar casi 30 kilos para el papel. Parece demasiado buena para ser verdad, pero lo es.

11. El Hobbit: Un viaje inesperado (2012)

La complicada producción cuando el encargado del proyecto era Guillermo Del Toro terminó recayendo en el mismo nombre que ayudó a hacer realidad en primera instancia la fantasía de la Tierra Media. El problema es que detrás del nombre no están las mismas manos ni el mismo director de entonces. El Jackson sumergido en plena obsesión tecnológica buscaba recrear esa misma sensación sin tener que recurrir a esos grandes paisajes, esos inmensos decorados y esa laboriosa artesanía que se puede argumentar ayudaron a hacer grande su trilogía original en un primer lugar.

Pero sería absurdo relegar los problemas de esta primera película sólo al recargamiento digital. Jackson, consciente de que estando desatado en duración podía salir victorioso, expande este libro a una trilogía cuya primera parte está casi todo el rato comenzando la aventura, pasando por instantes sin dejar poso en la historia, con unos evidentes problemas para establecer ritmo, y que recae en intentar recrear la sensación de antaño replicando algunos clicks narrativos de su anterior primera entrega. Pero tiene elementos positivos, como un agradecido toque divertido y desenfadado, un establecimiento del conflicto del personaje principal que tiene que termina queriendo sumarse a la aventura y un efectivo prólogo que nos ayuda a entrar en la fantasía de este cuento.

10. Criaturas celestiales (1994)

Un modesto encargo en el que Jackson busca probarse y validarse como director alejado del género y la serie B. Quizá pueda haber aquí un emotivo y eficaz drama lésbico, pero el director neozelandés muestra todavía no tener calibrado el toque de «director de prestigio» y su recargado estilo hace que una historia algo débil se vuelva algo estomagante.

9. Ellos no envejecerán (2018)

Probablemente lo que más absorbe la atención es esa increíble restauración digital que colorea, redefine y hasta transforma (para bien pero también para mal) unas imágenes tan primigenias. Es un prodigio, aunque algunas veces la conversión tridimensional resulta una distracción de la crudeza y brutalidad de las imágenes. El Jackson digital se da de la mano con el Jackson más humano para relatar la dolorosa y dura vida de estos hombres, no siempre resultando pero no exento de emoción.

8. El delirante mundo de los Feebles (1989)

La traducción hizo bastante justicia, ya que Jackson cogió el concepto de los teleñecos para ponerlo patas arriba (o a cuatro patas, viendo algunas que pasan) incluso a veces sin demasiada dirección. Es irreverente, carismática y escatológica, pero también más colección de simpáticos sketches que una acertada concatenación de los mismos que redondee una película con vocación de clásico.

7. Agárrame esos fantasmas (1996)

Parcialmente un encargo para meter el hocico del todo en Hollywood, que se llegó a tantear como un posible spin-off de Historias de la cripta de Robert Zemeckis, productor de la película. Zemeckis, en su lugar, le dejó a Jackson darse rienda suelta en una comedia negra de terror y fantasmas muy alocada y, sí, bastante divertida. Quizá casi dos horas se le hagan un poco cuesta arriba, pero mantiene siempre fresca la idea y cuenta con uno de los mejores Michael J. Fox.

6. El señor de los anillos: El retorno del rey (2003)

La última parte de su adaptación de los libros más populares de J.R. Tolkien cumple con los aspectos esperables de una película de conclusión de una saga. Es decir, satisfactoria, pero con menos valor por sí misma. Vista separada del conjunto (algo casi imposible de realizar, pero intentemos aislar en el vacío) se sostiene menos su abigarrada épica, su ritmo pasando entre diferentes escenarios y tramas. Pero toca bien las teclas que tiene que tocar, y el cierre es perfectamente emotivo, por eso la satisfacción termina siendo suficiente para seguir teniendo consideración.

5. Mal gusto (1987)

El primer largometraje del neozelandés es un triunfo del cine independiente, de rascar cuatro duros e ir rodando en fines de semana durante años con más pasión que recursos. Amor por la ciencia ficción barata pero entrañable, además de por los efectos especiales gore más replicables herederos del gran Tom Savini. Además, un soberano zarpazo contra el consumismo extremo, con una ya pulida personalidad visual hiperactiva. Mal gusto es todo un pelotazo cuya existencia es casi un milagro y el divertimento que ofrece no tiene límites.

4. El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001)

Tan fabulosa como película de presentación de grupo como película de intentar construir esperanza teniendo la oscuridad en el umbral de la puerta (o de la comarca). Una cinta que estuvo por delante de todas esas películas con ánimo de iniciar franquicias, que presentan tenues elementos que tendrán lugar en las siguientes entregas (o te colarán en un videojuego), y por eso nunca renuncia a ser una película de entidad propia, que hace que sus varios personajes tengan sus conflictos y te puedas enamorar de ellos.

Suma a ello una habilidad increíble para saber a qué renunciar y a qué no de los libros originales, además de un acercamiento visual único y característico de Jackson que mantiene esto en el umbral del fantástico puro, y tienes una joya.

3. King Kong (2005)

El proyecto soñado de Peter Jackson desde que era un niño que flipaba con una película de 1933 alcanzó toda su dimensión una vez la tecnología CGI se refinó y tuvo toda la credibilidad del mundo tras su exitosa trilogía (al final, fue una bendición disfrazada que se cancelase el proyecto primero en 1997). Aquí confluyen muchos Jackson a la vez, todos en su mayor nivel de inspiración, para un proyecto tan hipertrofiado como asombroso.

Tenemos al Jackson más clásico y romántico, que quiere ofrecer rendición a la película original incluso imitando ticks de la época. Tenemos un Jackson lleno de épica fantástica, cosa lógica viniendo de su trilogía de la Tierra Media, y además con un especial sentido de la maravilla que lo acerca más que nunca a Spielberg. Y también tenemos el primer Jackson con sus frenéticos movimientos de cámara y distorsiones, su sentido del humor cabrón y ganas de pasárselo bien en una aventura loca.

Son tres horas que sí, se pueden hacer muy cuesta arriba, pero van cargadas de una emoción genuina y contagiosa, una magnífica épica que no se desinfla y una aventura pura y dura. Notablemente superior al Monsterverse actual y especialmente a la película de Kong que también tiene tantas ganas de homenajear a El corazón de las tinieblas, pero con menos seso y corazón.

2. Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (1992)

Resulta impresionante que semejante desparrame de lo gore haya sido posible con los pocos recursos de los que dispondría. Pero ante todo Braindead es un triunfo de la creatividad sin límites, de estar dándole vueltas todo el rato a los cánones de los zombies e ir metiendo 6 o 7 ideas distintas y muy gore en cada plano. Lo de la calificarla como una de las películas más sangrientas de la historia no se queda corto para nada, pero ante todo este es un trabajo divertidísimo, que articula muy bien cada gag y cada idea para hacer progresar su modesta pero sentida historia, y que nunca pierde el foco que esto va de un pobre hombre aprendiendo a soltarse de las faldas de su madre.

1. El señor de los anillos: Las dos torres (2002)

Es increíble que la película que más fue un dolor sacar adelante para Jackson y su equipo de guionistas y productores haya terminado siendo la favorita de los fans. Para nosotros también, Las dos torres junta varios de los momentos más increíbles de toda la trilogía, sabiendo moverse entre sus varios mundos con equilibrio y sin perder ritmo. La introducción y desarrollo de Golum y la batalla del Abismo de Helm, grandes aciertos a todas luces, son probablemente los que la han elevado la película como la predilecta, pero ante todo estamos ante una de las mejores demonstraciones de cine épico y de fantasía.

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3 Comentarios

  1. Desde que leí al inicio que es un director «AUSTRALIANO» me dije… «El que escribe no tiene ni la más prostituta idea»

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