Aunque Star Wars haya conseguido la dominación mundial en el terreno de ciencia ficción mainstream, se podría argumentar que Star Trek es la que mayor huella ha dejado en la cultura popular, ya sea por la transgresión que ofreció la serie original o por cómo ha sido referenciada a lo largo de las décadas de diferentes formas, sea para apreciarla, para reverenciarla o para ridiculizarla (o todo a la vez, vease la maravillosa Héroes fuera de órbita).

Pero más allá de competiciones y comparaciones que en muchas ocasiones son menos pertinentes de lo que cabría pensar, Star Trek es uno de esos artefactos culturales que parecen inmensos e inabarcables. Quizá por eso muchos fans han ido abrazando cualquier variante que ofreciese la posibilidad de entrar de forma limpia y sin conocer demasiado lo anterior, porque son tantas las series y películas que han salido de este universo que resulta casi imposible cumplir a menos que tu dedicación sea remarcable.

Nosotros nos vamos a centrar en una vertiente concreta que en cierto modo también ofrece un punto de entrada limpio a la franquicia. Quien escribe no llegó a ver la serie original antes de lanzarse a la saga cinematográfica, aunque basta con tener unas ciertas nociones de la franquicia y de las dinámicas de sus personajes para disfrutar de una serie de películas de calidad variable pero fascinantes y estimables para cualquiera que aprecie la ciencia ficción a un nivel de usuario.

Aquí entran todas: las de la Serie Original con William Shatner y Leonard Nimoy, las de la Nueva Generación con Patrick Stewart y el reboot de la línea «Kelvin» iniciada por J.J. Abrams más recientemente. Todas con virtudes y defectos que pasaremos a repasar.

13. Star Trek V. La última frontera (1989)

Tiene la reputación de ser la peor película Trek, al menos de la saga de la serie original. Es un poco difícil verlo al comienzo, gracias a una energía casi Mad Max en un planeta desértico y un espíritu divertido que da la sensación de estar viendo una simpática película de la Cannon. Pasados 40 minutos te das cuenta de que la película no te ha establecido cuál es la amenaza real y qué hay en riesgo, el ritmo se vuelve extremadamente letárgico, los efectos especiales son especialmente horrendos (y no es la época, hay efectos de diez años antes que lucen mejor) y la misma idea de enfrentar a la tripulación de la Enterprise contra DIOS es mala idea de partida (aunque hicieron algo similar en la primera película con mejor resultado) y ni siquiera tiene final de verdad.

Ya era mala señal que Shatner se empeñase en dirigir esta sólo porque Nimoy había hecho las dos anteriores. Así que sí, es la peor de este grupo con diferencia y casi se carga la franquicia.

12. Star Trek: En la oscuridad (2013)

Las peores tendencias de J.J. Abrams asomaron en su segunda película Trekkie. De nuevo le abruma tener que continuar algo que ha empezado y cualquier idea de potencial interesante (hay un claro paralelismo entre la trama de esta película y la política extranjera de Estados Unidos post-11S) o de desarrollo de personajes (aquí la mayoría son reducidos a momentos muy puntuales) queda desaprovechada en un espectáculo muy movido pero que va languideciendo en ritmo.

Y muestra también la corta mecha a la hora de idear historias. Aquí hace un falso remake de La ira de Khan con mucha ínfula y sentido de trascendencia que queda muy impostado. En lo positivo está que sabe poner el foco en la relación entre Kirk y Spock, pero menos mal que decidió no hacer la tercera.

11. Star Trek: Insurrección (1998)

Buscando recuperar el tono ligero de Misión: Salvar la tierra, esta tercera película de La nueva generación acaba, sin embargo, cayendo en algunos de los vicios más intrascendentes y rígidos de estas películas que les hacen parecer episodios de televisión alargados y glorificados. Su huida de la épica y entrar en los convulsos conflictos internos de la Federación podría haber sido un soplo interesante, pero se queda a medio gas y termina siendo demasiado larga para lo poco que ofrece.

10. Star Trek: Nemesis (2002)

Ampliamente considerada como una de las peores películas Trek, aunque quizá por cierta sobrerreacción ante una tendencia que, bien es cierto, muestra cierto agotamiento creativo. En general encontramos un refrito a medio gas de La ira de Khan con el grupo de la Nueva Generación, que pierde el fino trato a los personajes y no siempre ofrece acción a la altura de su presupuesto.

Pero más allá de eso, una aventura espacial clásica con marcada lectura social y política marca de la casa que ofrece el suficiente interés para evitar cualquier rasgada de vestiduras.

9. Star Trek III. En busca de Spock (1984)

De la saga original de películas trekkies, el saber popular declaró que las buenas eran las pares y las impares las malas. Es un dicho que hay que estirar mucho con esta, donde Leonard Nimoy debuta como director en la franquicia después de aceptar aparecer a regañadientes en las últimas dos películas (imaginad como se lo pasó en la segunda para terminar pidiendo hacer esto).

Nimoy busca un tono más operístico, más cercano a la primera película, pero con el ritmo vibrante que se consiguió en la segunda, además de recuperar cierto flow relajado que la acerca más a un episodio de la serie. No está exenta de problemas, pero es una aceptable aventura con un fascinante Christopher Lloyd como villano klingon.

8. Star Trek: La próxima generación (1994)

Película de relevo generacional, donde William Shatner comparte liderazgo y pantalla con Patrick Stewart y la nueva tripulación trekkie. Cierto es que da la sensación de episodio de La nueva generación algo glorificado y con menos épica de la esperable de un evento cinemático, además de la poco ceremoniosa muerte de un personaje tan adorado por los fans.

Pero ofrece una aventura sólida que toca muchos de los puntos necesarios de una aventura trekkie, tiene un villano que funciona en Malcolm McDowell y la misión de Picard y Kirk es salvar un gato. Es un divertimento que no hace daño a nadie.

7. Star Trek (2009)

Si hay un problema que se puede achacar al reboot orquestado por Abrams es que se nota que era más fans de Star Wars que de Star Trek, por lo que la exploración de ideas filosóficas y resoluciones diplomáticas le interesa bastante menos que hacer una trepidante montaña rusa de aventuras espaciales, conflictos elementales y coloridas y brillantes luces.

El caso es que aquí le sale una estupenda montaña rusa de aventuras espaciales, conflictos elementales y brillantes luces. También escoge un buen ángulo centrando esta nueva línea en la relación de Kirk y Spock, trazando paralelismos y explotando bien sus encontronazos. También mete el tema de los viajes temporales y universos paralelos con bastante socarronería, lo cuál es de agradecer. Será una película discutible en ciertos puntos (especialmente con todo lo que sabemos ya de Abrams), pero es claramente disfrutable.

6. Star Trek IV. Misión: salvar la Tierra (1986)

Es realmente fascinante que una de las películas Trek más exitosas (especialmente si ajustamos por inflación) sea una comedia en la que la tripulación es metida en el San Francisco de 1986 (y buscando cabezas nucleares, nada menos), no tienen ningún villano al que enfrentarse y su principal misión es salvar a las ballenas. Luego ves las imágenes del reparto con los uniformes puestos por las calles de la ciudad y comprendes el éxito, es comedia tontorrona pura e infalible.

5. Star Trek: Más allá (2016)

La celebración del 50 aniversario de la franquicia se consumó con alguien experto en propulsar sagas como si activase velocidad warp en cada proyecto. Justin Lin ayuda a recuperar el tono más clásico, aventurero y tontorrón de sus orígenes, además de un sentido de la camaradería muy «familiar» que ya llevaba años practicando en Fast & Furious.

Tanto él como el guión de Simon Pegg y Doug Jung se las apañan para dar buenos momentos a todos los miembros del reparto, ofrecer ese regusto clásico sin dejar de probar cosas (como una secuencia sobre ruedas) ni perder sentido del espectáculo. Es la mejor clase de capítulo de televisión cinematográfico que puedes tener.

4. Star Trek VI: aquel país desconocido (1991)

Tras la profunda debacle de La última frontera, en Paramount y en el equipo de productores se vieron un poco forzados a hacer un último esfuerzo con el reparto original que fuera un verdadero canto de cisne. Trajeron de vuelta a Nicholas Meyer como director, que junto a Nimoy ideó hacer una analogía de la caída del Muro de Berlín con los Klingon mientras la tripulación va viendo el final de sus días.

Meyer se encarga de nuevo de darle vida y fuerza cinemática a la franquicia, con una narración superfina pero también eléctrica en ritmo a pesar de que buena parte de la cinta son gente haciendo exposición. El carácter contencioso y bélico, fuertemente desaprobado por Gene Roddenberry (que falleció poco antes del estreno de la película), ayuda a darle una urgencia y dramas identificables al film. Y también se encarga de darle momentos a todo el reparto y muchas veces se presentan juntos. Un perfecto equilibrio entre cinta evento pero también de diversión sana y espacial, que pone un broche perfecto a toda una generación Trek.

3. Star Trek: Primer contacto (1996)

En una jugada similar a la segunda película de La serie original, la secuela de las aventuras en la gran pantalla de La nueva generación también tomó inspiración en la novela Moby Dick para desarrollar la historia de Picard y su conflicto con los borg, dándole cierta gravedad a lo que iba a ser una sencilla película de viajes locos en el tiempo.

Tras la negativas de Ridley Scott y John McTiernan, se le dio la oportunidad de dirigir al actor Jonathan Frakes, que debutaba en el cine, aunque anteriormente había dirigido episodios de La nueva generación, Espacio profundo nueve y Voyager. Frakes acierta dándole épica cinematográfica a la aventura, alcanzando el perfecto equilibrio entre aventura inspiradora y diversión sci-fi, apuntalada por unos increíbles efectos especiales, la música de Jerry Goldsmith y meter en el sarao a gente que siempre está bien como Alfre Woodard y James Cromwell.

2. Star Trek: La película (1979)

Primera nota: más películas debería llamarse «The Motion Picture». Da una sensación de evento acojonante. Ya en serio, la primera película Trekkie era un evento esperadísimo tras todas las promesas del regreso de la serie y su reparto original, que se alargó en el tiempo hasta el punto de que la cosa evolucionase a un largometraje y que los actores apareciesen notablemente cambiados por la edad. Gene Roddenberry peleó intensamente por esta película que sólo tuvo luz verde de Paramount viendo los éxitos comerciales de Star Wars y Encuentros en la tercera fase de Steven Spielberg.

Un proceso largo, carísimo y complicado que se saldó en una película «extrañísima» que los fans recibieron duramente. Robert Wise, que nunca había mostrado interés en Star Trek pero si tenía experiencia haciendo películas importantes como demostró con Sonrisas y lágrimas o West Side Story, interpretó que lo que los jóvenes querían de una película de ciencia ficción era 2001: Una odisea en el espacio, y se nota la influencia: el 90% de los planos son de gente mirando hacia adelante con intensidad combinado con imágenes cargadas de efectos especiales impactantes e inmensos, con muchos fractales, estructuras y estructuras dentro de estructuras, narradas a un ritmo más lento que Isco después de zamparse un cocido y donde el conflicto es con una entidad indefinida ante la que tienen dilemas filosóficos.

Y, sin embargo, no se puede argumentar que este dislate no sea uno de los films de ciencia ficción más épicos, que mejor entra por los ojos y que más te contagia un absoluto sentido de la maravilla. Su ritmo puede ser exasperante, pero la paciencia que se toma otorga cierta pátina de evento planetario a cada aparición de personaje y a la presentación de la impresionante nave Enterprise. ¿Irregular? Es posible, incluso la decepción resultaría entendible para el fan de línea dura, pero si nos detenemos en ella encontramos una película abrumadora y fascinante. Es una locura que esto fuera uno de los mayores éxitos de 1979 y sirviese de lanzamiento para todas estas películas que discutimos hoy (sobre todo porque la mayoría han huido de lo que pretendía hacer), pero es estupendo que así haya sido.

1. Star Trek II. La ira de Khan (1982)

A pesar del éxito financiero de la primera película, se quedó cierto sabor de decepción y de que había que enmendar la plana para los fans trekkies. Para ello se hicieron dos de las decisiones más sensatas posibles: se apartó todo lo posible al creador Gene Roddenberry y se volvió a contratar a otro director que, como Robert Wise, no había visto nunca Star Trek antes de ponerse con el proyecto.

Sin embargo, esta vez salió cara para todos (incuso para los que ya nos gustaba la primera película). Nicholas Meyer no había visto nunca la serie, pero sí que supo identificar mejor que Wise el interés potencial de la franquicia: sus personajes, el carácter humano en conflicto y sensación trepidante de aventura. Meyer reescribió toda la película en sólo 12 días antes de comenzar a generar los efectos, pero encontró la forma de darle espacio a todos estos personajes sin la menor intención de ponerse ceremonioso, sólo ofrecer interés humano en una batalla de épicas y siderales dimensiones, que iba a tener poderosas influencias de las batallas navales y de referencias literarias como Moby Dick.

Y triunfa en cada aspecto. No sólo ofrece unas secuencias de acción mayúsculas y tensas con recursos limitados (esta película costó una fracción que la anterior), sino que ofrece una interesante gravedad al personaje de Kirk (gravedad bien apuntalada por la soberbia interpretación de Shatner). Además, también ofrece un interesante duelo con el Khan de Ricardo Montalbán, que se erige como el villano trek más fascinante e icónico de su historia y de la historia de la ciencia ficción por su carácter a lo Capitán Ahab, la poderosa interpretación de Montalbán y por sus pectorales. Es una película de ritmo, energía y fuerza diferentes a las de su predecesora, perfectamente abrazables hasta por los más profanos a la mitología trekkie. Fue tan divertida que hasta Leonard Nimoy, que estaba deseando poner fin a su participación en la franquicia, terminó queriendo continuar con más películas.

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2 Comentarios

  1. «Si hay un problema que se puede achacar al reboot orquestado por Abrams es que se nota que era más fans de Star Wars que de Star Trek»

    Y por eso las de Star Trek le salieron tan bien, y las de Star Wars tan mal. No puedes poner a un fan a la cabeza de ninguna franquicia, porque solo va a aportar baboseos casposos. Su distancia de Trek, fue lo que aportó la frescura necesaria a una franquicia que en ese momento estaba anquilosadísima.

    La V en efecto es la peor, pero es que aquello fue un cúmulo de desgracias, inaudito viniendo de la película más exitosa de la franquicia hasta el momento. Una Paramount saboteando la película de manera inexplicable, un trabajo de efectos especiales que pasó de ILM a una empresa de chichinabo y la inexperiencia de Shatner a la dirección terminaron de echarla a perder.

    Celebro el amor a la entrega inicial, tan injustamente denostada. Si hubiese llegado dos años después de 2001 la gente la hubiese apreciado más. Pero llegó dos años después de Star Wars, y la gente estaba a otras cosas.

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