Un obseso del detalle, un perfeccionista justificado, un maestro diseccionador de la realidad social y un estudioso de la perturbada mente humana. A David Fincher habría que inventarlo si no existiese, porque es absolutamente necesario. Ya sólo por cómo ha revolucionado el thriller de las últimas décadas y por cómo ha roto convenciones en  cada estilo que ha tocado, convirtiéndose en un referente imprescindible (para cineastas y para cinéfilos medios, aunque estos a menudo hayan perdido de vista hacia donde estaba apuntando él). El estreno de Mank nos lo trae de vuelta y nosotros lo celebramos celebrando su obra.

13. El curioso caso de Benjamin Button (2008)

Hay veces que una peli falla no por hacer mal las cosas, sino que la gente involucrada no era la adecuada. Es el caso de esta extraña película, una feel-good movie hecha por un profundo cínico como Fincher. Antes que él se rumorearon directores como Steven Spielberg o Ron Howard, más apropiados y habituados a películas de este tipo. Fincher sencillamente no tiene las herramientas para darle el alma a esta película, ya que su fría paleta de colores, su narración concienzuda y obsesión por las posibilidades tecnológicas reducen calidez y encanto a un guion de Eric Roth que claramente necesita de otras manos. El resultado es una película que quiere ser cuqui y acccesible y termina siendo artificial y distante.

12. House of Cards (2013-2018)

La participación más activa del director se limitó sobre todo a la primera temporada, especialmente a los dos primeros episodios que dirigió, así que sus méritos (y deméritos) son muy relativos. Aun así, su logro más importante fue cambiar el modelo televisivo tal y como lo conocemos, no sólo empezando la andadura de Netflix en la producción audiovisual sino cambiando el habito de consumo de las series por los espectadores. Es más importante por eso que por su propia calidad, que ha ido en caída libre conforme ha ido avanzando y llegando a puntos que poco han tenido que envidiar a una Shondanada como Scandal (y esta al menos ha llegado a ser entretenida hasta el final).

De nuevo, Fincher tiene poca culpa de este descalabro (y de lo terríblemente incómodo que es ver a Kevin Spacey ahora), pero sigue siendo más parte de su obra que, por ejemplo, la serie de animación y robots.

11. Mank

Hay mucho que apreciar en el brindis al Sol de Fincher alrededor del Hollywood de los años 30 y de Ciudadano Kane (en menor y justa medida): por descontado, está impecablemente rodada y magníficamente actuada, y el cineasta no ha perdido el ojo a la hora de exponer la miseria en la alta esfera capitalista, además de hacer una adecuada analogía de la manipulación política desde el poder de la época con la actual. No obstante, su colmillo queda diluido por una densa nebulosa narrativa que quiere hacer un guiño a la estructura de la película original.

Fincher claramente empatiza con la obsesión de Mankiewicz, pero su viaje narrativo es desigual, dejando muy de perfil algunos de sus propios problemas que, de ser desarrollados, habría hecho fácil hacernos partícipes de su historia. Al final, tenemos una peli que sí, tiene cosas que decir sobre el sistema de estudios y aquellos que manejan los hilos en la trastienda, pero también está enamorado de sus propias palabras y analogías con el Quijote para resultar lo mordaz que pretende.

10. La habitación del pánico (2002)

Tras el fracaso comercial y crítico (en su momento) de El club de la lucha, Fincher aceptó un encargo más modesto con un thriller más accesible y tradicional. A estas alturas ya tenía demasiado talento y experiencia para no elevar lo que habría sido un thriller ramplón y genérico, y ofrece un visionado más que entretenido sustentado por una estupenda Jodie Foster y sus habituales y mordaces críticas al capitalismo. Pero, al mismo tiempo, no tiene el mismo poso que sus otras obras, los múltiples planos de CGI han perdido efecto con el tiempo y es inevitable despegarse la sensación de «menor» puesta en el contexto de su carrera.

Por otro lado, el suspense de la trama no genera tanta tensión como la que produce estar viendo a Jared Leto y preguntarse todo el rato cuánto va a tardar en joder la película.

9. Alien3 (1992)

Disclaimer: Este puesto está ocupado por el  Assembly Cut de la película, la versión notablemente superior de la película.

En este espacio no se tolerará más este atropello continuo a Alien3, impropio de un Estado de Derecho. Si el propio Fincher no se cagase tanto en la existencia de esta película, sin duda estaría mejor apreciada. Para empezar, es la única peli de Alien que parece que exista dentro de un disco de Nine Inch Nails. Luego está la forma en la que integra una película extremadamente gore (en serio, hay imágenes realmente violentas en la película) en el cine mainstream, mientras también combina el cine de prisiones con la temática religiosa heredada de una versión previa del guion. No es una película libre de problemas, pero no está exenta de elementos muy interesantes (su nihilismo extremo en un mundo de late capitalism se siente más identificable ahora, y también es puro Fincher), y el montaje de la edición especial corrige algunos aspectos como lo destartalada que se vuelve en su tercer acto.

8. El club de la lucha (1999)

Brad Pitt El Club de la lucha

De despreciada en su momento a sobradamente reivindicada, la realidad con esta sátira consumista y mordaz contra la masculinidad tóxica se sitúa algo más entre medias. Sé que mucha gente la tiene como su obra maestra, pero tras más de viente años su cuchillo no corta con tanta precisión y su arrogancia la hace un poco menos atractiva. Incluso se podría argumentar que funciona menos como sátira y mejor como comedia romántica homosexual (con la gracia de que en esta romcom está enamorado de sí mismo). Aun así, sus virtudes están ahí, desde la inmensa habilidad para adaptar lo que parecía una novela inadaptable hasta su increíble paleta visual (menos lucida cuando emerge el CGI más evidente, aunque seguro que era rompedor entonces) y su eficaz ritmo.

Ah, y el final con los Pixies, por supuesto.

7. Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres (2011)

Nadie mejor que Fincher para hacer un thriller frío, negrísimo y seco. El tiempo ha sentado bien a esta adaptación que en un momento se vio valorada, pero considerada una obra menor y de encargo, pero tras ver todos los thrillers nórdicos de algoritmo que ha sacado Netflix esta década se ve mejor las virtudes de esta película. Fincher vuelve a hacer otro de esos relatos aterradores que se te meten por debajo de la piel, que maneja a la perfección la información y hace cada paso de la investigación realmente electrizante, además de construir con tino la relación de sus protagonistas.

También logra que no se haga extenuante su duración y su estructura de cinco actos (y cada uno de ellos con su propia estructura de tres actos) ni sea absolutamente deprimente su retrato de un mundo que da todo el asco. Qué lástima que perdiéramos una potencial saga de thriller adulto (el sueño húmedo de David Fincher).

6. Mindhunter (2017-2019)

Creada por Joe Penhall, pero en realidad más manejado por Fincher en cada uno de sus aspectos (en ocasiones a su pesar, en ocasiones también para el resto). Por desgracia parece que no vamos a poder disfrutar de todo el recorrido que debía (y merecía) haber explorado, pero al menos nos han quedado dos excelsas temporadas que están sin lugar a dudas entre lo mejor que ha hecho nunca Netflix. Fincher retoma de nuevo la exploración de la perversión humana, la psicopatía, el trabajo detectivesco, pero explorando también los claroscuros morales y el desgaste personal de una serie de personajes fabulosos. Es complicado hacer una serie tan oscura y deprimente y que sea tan disfrutable.

5.  Zodiac (2007)

La Todos los hombres del presidente del cine policiaco recoge todas las grandes virtudes que muchos alaban de Fincher: su aproximación al thriller, su forma de ofrecer la exposición, cómo aborda la oscuridad cerniéndose a un mundo aparentemente tranquilo, cómo refleja lo frustrante que resulta cuando la investigación no progresa. Sin embargo, y siendo una película magnífica que siempre da gusto recuperar, es complicado no sentir que la duración es algo extenuante (sobre todo porque la mayor parte de la película es exposición), que mostrando la brutalidad de los asesinatos se pierde ese maravilloso toque Fincher de sugerir la violencia y que la mente del espectador la construya, o que el personaje de Jake Gyllenhaal realmente progresa muy poco en su viaje interno (a pesar de que su obsesión con la verdad sea interesante y probablemente lo que más conectó con el director).

4. The Game (1997)

Un obseso del control haciendo su película más explícita sobre perder el control, qué apropiado. Un poco al igual que Seven, uno teme que envejezca peor por todas las películas que intentaron hacer lo mismo que ella, pero sin la misma gracia y cuidado por la narración. Por fortuna, Fincher sigue estando por encima de todo eso incluso en su película más infravalorada, y es capaz de hacer fluido y vibrante el viaje de este asqueroso ricachón (la zona de confort de Michael Douglas) incluso aunque luego no le termines de encontrar el sentido al argumento una vez intentas recordarlo. Fincher está por encima de todo porque es capaz de citar referencias tanto a Cuento de Navidad, Misión Imposible (la serie) o El golpe, además de salpicar algo de Alicia en el país de las maravillas, e integrarlo todo en un eficaz thriller con el necesario grado de cinismo.

3. Perdida (2014)

No negaré que esta puede estar entre las películas que más veces he visto esta última década. Y no faltan motivos. Ficnher aplica su espectacular cuchillo diseccionador a la idea del matrimonio, el verdadero villano de la película, y desentraña como dos individuos pueden hacerse tanto la puñeta y necesitar estar juntos. Y menudas perlas de individuos, ella y él también. La peli avanza con un ritmo impecable, haciendo un estudio increíble de ambos lados y manteniendo siempre una interesante ambigüedad sobre su relación, metiendo con acierto ese circo que es el ciclo informativo USA y haciendo que cada interpretación funcione y este en su perfecto lugar. Además, se puede ver como un interesante metacomentario sobre Ben Affleck.

2. Seven (1995)

«Prefiero morir de cáncer de colón que hacer otra película». Así se pasó un año y medio Fincher hasta que finalmente cogió fuerzas para leer un guion que le habían mandado sobre una pareja de detectives con un trágico final. El director se enamoró de dicho guion, antes de darse cuenta de que los productores habían descartado ese borrador por ser demasiado oscuro y se lo habían mandado por error. Por suerte, Fincher peleó por ese final, con la ayuda del star power de Brad Pitt, y pudo revolucionar el género noir cómo nunca antes se había visto.

Seven es la clase de película que no es de terror, pero se te mete por debajo de la piel. Sus imágenes son potentísimas, cuando no tremedamente detallistas, cada aspecto de la ambientación está cuidadísimo, su meditación sobre la naturaleza del mal sigue siendo fascinante y la relación entre los protagonistas se convierte en el aliciente que mejor ha envejecido todos estos años. A día de hoy sigue siendo su película más seminal, con muchos todavía copiando su estética y sus tonos incluso desde la superficialidad (hola, The Batman). Pero no sólo ha tenido un efecto irreversible en cineastas y cinéfilos más hardcore, sino que el espectador ha acabado entrenado después de la experiencia a intentar anticiparse a los giros del caso y restando importancia al viaje de los investigadores (tampoco ayudan todos esos thrillers clónicos que ponen más esmero en retorcer los giros que en perfilas a los protagonistas).

Por suerte, Seven nunca cae en eso y sigue siendo un pelotazo que nos confirmó que Brad Pitt era alguien interesante a seguir y le dio a Morgan Freeman su propio género cinematográfico (que se merece eso y más).

1. La red social (2010)

Ya era asombrosa entonces, pero el tiempo no ha hecho sino hacerla mejor y darle más la razón. No sólo es que supiera dejar bien a la altura del betún al propulsor de la mayor fuente de mal de la última década y media, sino que mete un buen navajazo a la -mentira- cultura del emprendedor y el capitalismo caníbal. Con el guion más inspirado de Aaron Sorkin, que combina su buen hacer con el cine de juicios con una perfecta construcción de personajes e interacciones, Fincher toca techo a la hora de hacer cualquier conversación tan interesante como una escena de acción, hace una impecable lección en ritmo, puesta en escena y saber donde meter el cuchillo. La guinda la ponen uno de esos repartos donde todos están perfectos y llegan dos o tres años antes de que todos lo peten y tras verla te preguntes “Cómo lograron juntarlos a todos”, además de la gran banda sonora de Atticus Ross y Trent Reznor.

BONUS: Los mejores videoclips dirigidos por Fincher

Aerosmith – ‘Jane’s Got a Gun’

Es difícil describir todo lo que sucede en el vídeo de ‘Janie’s Got a Gun’, pero las imágenes fluyen con fuerza y estilo, además de aderezadas con el horterismo ochentero que claramente encajan con el tema y con Aerosmith como concepto. Advertencia: una vez te lo pones puedes pasarte en bucle todo el día con él.

George Michael – ‘Freedom! 90’

Por supuestísimo que iba a entrar este. Fincher coge toda la iconografía pasada de George Michael vista en el videoclip de ‘Faith‘ y le prende fuego, haciendo una nada sutil alegoría de las ganas de liberarse del pasado y de la fama. El vídeo es grandioso e icónico como pocos. Yo también le dejaría rodar una de Alien tras esto.

Iggy Pop – ‘Home’

Uno de los videoclips suyos que más han pasado bajo el radar es el de este single de Iggy Pop que, sí, no es de sus jitazos más claros. Pero el vídeo es un derroche de estilo bien aprovechado para hacer lucir a la estrella que tiene entre manos. Fincher entiende bien la figura que está tratando y lo plasma en todo su elástico y magnético poderío.

Justin Timberlake – ‘Suit & Tie’

Vamos con una más reciente. Tras trabajar con Justin Timberlake en La red social, el cantante lo reclutó para su single de (esperado) regreso. Fincher también llevaba desde 2005 sin dirigir un videoclip, pero tanto tema como vídeo son un triunfo, combinando el estilazo y montaje ágil que el director había perfeccionado con los años con un finísimo trabajo en blanco y negro que reviste a Timberlake de un aura de exuberancia e importancia que ponen la guinda al single.

Madonna – ‘Vogue’

Nos hemos contenido para no meter todas las colaboraciones entre Fincher y Madonna, porque tienen cada joya que te vuela la cabeza. Pero ‘Vogue’ es la joya de la corona. Es sencillamente brillante a cada uno de los niveles, desde cómo filma la coreografía, desde la fotografía en blanco y negro hasta el brillantísimo montaje. Es una obra maestra imprescindible.

Paula Abdul – ‘Straight Up’

Además de Madonna, la otra gran diva que ayudo a forjar la enorme reputación de Fincher como director de vídeos musicales fue Paula Abdul, para la que hizo varios joyones también. ‘Straight Up’ es la mejor de todas, de nuevo con un estilazo de escándalo y unas imágenes que te vuelan la cabeza sin desviarte del tema en cuestión.

Nine Inch Nails – ‘Only’

Parecía mentira, pero Fincher no había dirigido un vídeo de Nine Inch Nails hasta 2005 (aunque, como hemos dicho antes, Alien3 parece que exista dentro de un videoclip de NIN). La esperada colaboración se produjo con este single de With Teeth, haciendo una deslumbrante maravilla CGI que es absolutamente imprescindible.

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