Los mejores discos de electrónica de 2017

De la selva a Rusia, pasando por paisajes áridos y bella oscuridad

A pesar de la sequera productiva por la que hemos pasado en la redacción durante este año, no podíamos faltar a la cita con nuestras listas, y menos con la electrónica, que este año ha sido espectacular. Aquí van nuestros veinte, pero podrían ir otros veinte más sin intromisiones gratuitas. Desde synth pop ruso hasta UK Bass dramático, los elegidos de este año combinan mucho baile, grandes ambientaciones, como siempre, y productoras de gran calidad. No exenta de sorpresas, esperados regresos y debuts tremendos. Alguno se nos ha colado en la lista internacional. Otros no. Pero mucho discazo.

20. Forest Swords — Compassion

Se había hecho esperar el nuevo LP de Forest Swords. Cuatro años en los que el artista inglés sigue navegando en aguas ambientales, aunque esta vez con menos influencias orientales y una melodía que se estira hacia nuevos horizontes psicodélicos. Ritmos lentos, vocales que evocan y un compendio de estructuras épicas jalonadas con una sonora instrumentación que por momentos recuerda más a una banda sonora. Sin duda, una notable composición.

19. Ben Frost — The Centre Cannot Hold

Multitud de matices, reacciones atómicas que acaban en explosiones eléctricas y mucho cuidado en aquellas capas ambientales que prefieren mantener el voltaje estable, sin necesidad de estallar. En este nuevo álbum de Ben Frost, el australiano se centra más en las aristas sonoras de las capas secundarias que no en los temas de gran intensidad que producían aturdimiento, sin que eso signifique que obvíe estos. Un largo bastante equilibrado que trae lo mejor de las dos caras de Frost.

18. Four Tet — New Energy

Sorprende ver cómo prácticamente veinte años después el inglés sigue rayando a un nivel tan alto, sin apenas borrones en su trayectoria. En New Energy (Text, 2017), Four Tet trata al house con su distintivo sello personal, arpegios cristalinos, sonidos de bella factura y auténticos joyones vocales como ‘Daughter’. Ambientaciones radiantes y pequeñas reacciones de house e IDM que se entremezclan en las raíces internas de las canciones. Bucles veraniegos para tener siempre en el oído. Un crack en lo suyo.

17. Kedr Livanskiy — Ariadna

La moscovita ha publicado en el pasado 2017 su segundo disco, un largo en el que se entremezclan un aura oscura de synth pop y una nívea voz que dan como resultado una estructura musical eléctrica, bastante atractiva. En el recorrido por el disco se encuentran también posos de outsider house, una muestra de que no es simple synth pop, y de que la artista rusa tiene mucha madera. Un disco corto pero intenso, suficiente para mostrar todo lo que tiene por delante, que no es poco. Desde el primer tema hasta el último es fácil acabar atrapado en este fantástico y extrañamente bonito trabajo.

16. Bicep — Bicep

Si bien es cierto que no se han salido de su zona de confort, y que muchos productores aprovechan el formato en largo para salirse por la tangente y ponerse de gala frente a sus sonidos típicos en epés, el de Bicep es un disco merecedor de top. Han dado el salto al formato con las diferentes vertientes de house que ofrecen, pero eso no significa que no sea un de los álbumes más pisteros del año, que es lo que se les pide. Además, con un puñado de hits de los de venirse arriba durante la noche. Se les puede pedir más, claro, pero no sobra ni un tema de este conjunto de doce canciones. Es un buen debut.

15. Actress — AZD

Estábamos preocupados por lo que nos pudiera deparar AZD (Ninja Tune, 2107) después de varios pasos en falso del norteamericano. Pero lejos de eso, este nuevo álbum refleja a un Actress que empieza a recuperar el tono y que en ocasiones recuerda al de aquél disco fabuloso que fue R.I.P (Honest Jon’s, 2012). Aquí hay muy poco, afortunadamente, de la débil propuesta de Ghettoville (Werk, 2014) y más de aquél punto de auge de 2012. Falta por ver si en aquél trabajo tocó techo. Lo que está claro es que en este recupera esa senda; vuelve el Cunningham ecléctico de lo oscuro, las melodías bellas y delicadas y ese toque futurista que siempre ha sobrevolado su propuesta.

14. Alessandro Cortini — Avanti

No se puede concebir el ambient actual sin gente como el italiano. La evolución de Cortini en solitario va en aumento, si bien es cierto que cada nuevo disco no tiene por qué ser mejor que el anterior, sigue explorando el género desde un punto de vista bastante dinámico — dentro de lo que se puede entender por ‘dinámico’ en un género algo encorsetado — , añadiendo un punto de emoción clave. Su deje de electrónica progresiva que apunta a la épica en muchos finales de canciones, entrando en erosiones similares a las drone, muestran claramente cómo es capaz de explotar las diferentes aristas que puede ofrecer lo ambiental. Avanti es pura emoción.

13. Kangding Ray — Hyper Opal Mantis

En su nuevo largo, el francés llega a ofrecer su versión de ambient techno quizá más conseguida hasta la fecha. Conjuga con maestría la pulsión techno que a veces se cruza con el trance, con una ambientación lenta y melancólica, impropia de ver en tempos más acelerados como estos. Una expedición a terrenos áridos que evoca un futuro distópico alejado de la humanidad, a veces angustioso, a veces plenamente bello. Un disco con recovecos sorprendentes más allá del sudor que entra cuando mete punch.

12. Vril — Animal Mundi

Sorprendente el paso que ha dado el germano en Giegling. Después de dos discos y varios epés con techno machacante, del que no se anda con chiquitas, ha elaborado una cinta con dos caras, de más de media hora cada una, en las que no sólo tira por ese músculo que le caracterizaba, sino que ofrece una cara desconocida hasta ahora. Desde el dub techno hasta sonidos más lounge, pasando por tempos bastante lentos para saborear toda la maraña de sonidos que hay detrás, es uno de esos trabajos para dejar puesto y simplemente disfrutarlo.

11. Talaboman — The Night Land

Se esperaba bastante de la vuelta del catalán John Talabot al formato en larga duración. Su alianza en esta referencia con Axel Boman trae un trabajo profundamente evocador, un desarrollo que va a más en el disco, metiéndose cada vez en terrenos más oníricos, con melodías que avanzan lento hacia una frontera sonora cada vez más difusa. Un compendio de temas que se mueven entre lo tribal, lo melancólico y los bucles de sonido analógico con picos de intensidad y emoción tremendos. Una auténtica delicia.

10. Karen Gwyer — Rembo

Frente a aquél tech house peñazo, random, de discoteca de tercera que suena siempre igual, la propuesta de Gwyer en Rembo (Don’t Be Afraid, 2017) es muy talentosa y trabajada. Experimenta con los sonidos y las frecuencias de estos, algo que ha caracterizado a su música, aunque esta vez con menos músculo. Minutajes más apropiados para el LP, y montañas rusas de beats que se aceleran, frenan y vuelven a acelerar para demostrar que el tech house y sus derivados pueden dar mucho más de sí, sobre todo cuando cogen elementos de otros estilos y dan resultados tan exóticos y sofisticados como este, haciéndolo difícil de etiquetar en cualquier caso. Un disco temático, además, si se sigue el orden de los títulos.

9. Gas — Narkopop

Más de 15 años ha estado Wolfgang Voigt, Gas, sin publicar un álbum. En 2017 al fin se ha roto esa sequía, y lo ha hecho a la altura de las expectativas, con un disco que recoge todo lo bueno de Königsforst (Mille Plateaux, 1999), es decir, con atmósferas repletas de texturas, y sumergiéndolas en esos graves orgánicos que a veces parecen marchas marciales. Un disco impecable en el que el alemán demuestra por qué es una pieza fundamental del ambient desde mediados de los 90s. Y por qué otros maestros se han quedado anquilosados en proyectos ambientales monolíticos que ofrecen pocos extras. Unos auriculares buenos por aquí, una habitación a oscuras, y a disfrutar.

8. Kelly Lee Owens — Kelly Lee Owens

Entre la sofisticación pop y una nívea voz, entre un tech house reposado y unos ritmos de baile hipnóticos, el debut de Kelly Lee Owens es una de las mejores noticias de este año. El equilibrio que muestra entre esa melodía pop, los detalles sintéticos y la sorprendente puesta en escena de su voz, hacen de este un disco delicado y bello, a veces rodeado de un aura espiritual, pero también con un sonido de refinado techno berlinés que le dan el toque necesario para que entre en cualquier top.

7. Visionist — Value

En su segundo largo, Visionist ha dado un salto de gigante, con un álbum de UK Bass impregnado de dramatismo, melancolía y rabia a veces. Un disco que se mete dentro y que evoca sensaciones no sólo por lo estrictamente musical y sus repentinos y bruscos cambios de ritmo, también por la procesada sección vocal. Un largo que recuerda al primer Arca, y que ha sido regurgitado desde las entrañas. Eso se nota y a veces duele en cortes como ‘High Life’. Le da un plus a las diez canciones que forman este notable y fascinante disco de Visionist. Repleto de sensibilidad, esmero y talento. Discazo.

6. Varg — Nordic Flora Series Pt. 3: Gore-Tex City

Entre las movedizas arenas de lo industrial, el techno orgánico y las ambientaciones claustrofóbicas operan norteños como Varg, que este año ha parido un discazo en el que estos factores brillan como nunca. Estructuras espoleadas por cajas de ritmo y segundas capas con detalles para apreciar en un disco muy variado, que por incluir incluye hasta autotune, con colaboraciones de lujo como las que ofrece junto a Alessandro Cortini. Para los acérrimos de las atmósferas opresivas y sus matices.

5. Voiski — Disconnections, Music for Clouds

El galo sigue demostrando por qué está a la cabeza del techno internacional. Dejando de lado el bombo fijo y la contundencia, algo efectivo y efectista, porque tirando de automático puede salir algo decente ‘fácilmente’, su apuesta por este trabajo da una vuelta de tuerca. Más centrado en los ambientes, en el equilibrio con la potencia y dejando unos matices que son una delicadeza en segundo plano, ante nosotros se planta este Voiski inquieto, con creatividad exultante, que propone ir más allá de lo que se podía esperar de él. Menos músculo y detalles más trabajados. Una grabación para Red Bull en la que lo ha bordado. Discazo absoluto.

4. Patricia — Several Shades of the Same Color

Pocos discos de electrónica tan emocionales y cuidados hemos visto este año. Desde etiquetas escurridizas como la del outsider house hasta unas ambientaciones oscuras e incluso ramalazos de acid, se trata del mejor disco hasta la fecha de Patricia. Una simbiosis entre diversos estilos con varios puntos en común, como las sensaciones que desprenden los temas, el nivel de detalle y las diferentes aristas que hay en las propias canciones. Una absoluta obra de arte que exhibe el talento y la sensbilidad de Ravitz para la música.

3. Brainwaltzera — Poly-Ana

Este año ha sido el del debut en largo de Brainwaltzera mientras su aura sigue intacta, no se sabe exactamente quién es, aunque parece que se trata de un productor italiano. Hay quien aún plantea que puede ser Richard D. James (por sonido, título de canciones…), pero de lo que no hay dudas es del pedazo de productor que es. Desde sus primeras composiciones en soundcloud hasta este LP, ha parido unos temas de IDM brillantes, y este Poly-Ana es eso. Combina con maestría las ambientaciones con los ritmos rotos, el detalle en segundas capas, y con un gran sentido de la melodía, llegando a utilizar frecuencias bellísimas, propias de quien algunos piensan que puede ser. De lo mejor del año indiscutiblemente.

2. Daniel Brandt — Eternal Something

Desde la electroacústica hasta estructuras jazzísticas, pasando por algún beat techno, los recovecos que explora en su debut el germano son fascinantes. Un trabajo repleto de matices, texturas y laberintos sonoros en los que perderse, interpretando diferentes estilos de forma sorprendente. Generalmente es normal tener como influencias al techno detroitiano, al house y a ritmos más funkys y vertiginosos de cara a una propuesta electrónica. Sin embargo, las referencias del minimalismo y la música clásica moderna, donde entran agentes como Steve Reich o Philip Glass, son el elemento diferenciador de esta propuesta, y la que hace que sea un álbum fantástico.

1. James Holden & The Animals Spirits — The Animals Spirits

Echando la mirada atrás, han pasado más de quince años desde que un joven James Holden transitara por las aguas del trance, un salto tan engimático que hoy parece un artista totalmente distinto. Seguramente lo sea. Durante todo este tiempo, Holden ha mutado, se ha ido alejando cada vez más de la música electrónica de baile, superándose a sí mismo en cada álbum; conceptos diferentes y distintas formas de producir. Sumido ahora en las grabaciones en riguroso directo, en la improvisación y en una instrumentación clasicista, está llegando a géneros bastante ajenos a la IDM como el rock progresivo o la psicodelia.

El talento musical de cada uno de los músicos forman parte de un todo que trasciende las propuestas de ellos mismos; una sesión en la que prima el colectivo sobre el individuo, de ahí además que cambie el nombre artístico. Junto a armoniosas melodías y ese toque salvaje, natural, ritualesco, la creatividad del inglés y su ambición en esta propuesta se muestra intacta en un disco sublime.

Lista Spotify con estos y algunos más: