Los mejores discos nacionales de 2017

Como dijimos en el repaso de los mejores álbumes internacionales del 2017, que Hipersónica haya estado bastante parada a lo largo del año, no quiere decir que sus editores hayan dejado de escuchar música e, incluso, se hayan puesto a debatir y cocinar un Top nacional para vosotros. Para todos los gustos, aunque sobre todo aquellos de paladar exquisito. Pop, flamenco (o algo así), post-rock (o algo así), metal… vamos, lo de siempre. Y, como siempre, de enorme calidad.

20. Melenas — Melenas

Melenas son Oihana, Leire, María y Lauri. Melenas son de Pamplona. Melenas han debutado con un disco de título homónimo, cargado de espíritu revival y pop-punk de reminiscencias noventeras. Diez canciones de enganche inmediato, tan desenfadadas como efectivas. Uno de esos discos que difícilmente encontrará detractores. De los que siempre dejan buen regusto en el paladar.

19. Exnovios — amor-droga

Exnovios vuelven a invitarnos a danzar en su nebulosa de pop a tope de LSD que deja canciones que son todo un caramelito. Sus influencias de The Byrds, The Beatles circa Revolver, Spacemen 3 y demás siguen ahí, igual que sus perlas como ‘Mi habitación’, ‘Llévame a casa’ o ‘Campeones del mundo’. A quién le puede amargar un dulce así.

18. Rodeo—Rodeo

Entre las estrecheces creativas habituales dentro de un estilo tan marcado como el stoner rock, Rodeo logran insuflar vida tirando más de la faceta psicodélica del género y, a partir de ahí, mostrarse ambiciosos y conectar con otros estilos de rock que hacen que su disco no sólo suene muy potente y demoledor, sino estimulante.

17. Rosalía — Los Ángeles

Cuando un artefacto cultural es capaz de reventar su esfera de influencia y proyectarse hacia los medios generalistas, los adolescentes enganchados a YouTube, los malasañeros demodé y ¡los hilos de Twitter!, lo que esconda en su interior suele ser lo de menos. Y es una pena, porque en Los Ángeles, pese a no ser un disco que reinvente el flamenco o que lo expanda hacia un terreno experimental antes vedado, hay atributos suficientes como para ilusionarse por el futuro de Rosalía. Hay voz, hay emoción, la suficiente en ambos casos como para superar la roma (minimalista, ejem) guitarra de Refree.

16. Templeton — Una mar enorme

‘Flash’ resume todas las virtudes de Templeton, en esa melodía irresistible y en esa letra de ruptura jodida, tan realista y dolorosamente loser (No te echo de menos, pero a veces te he echado en falta / Siempre vienes conmigo en las cajas de mis mudanzas). Han vuelto a hacer otro gran disco de pop sencillo; tengo la sensación de que cada año se hacen menos de ésos por aquí.

15. Mordem — Fragments to Dominate the Silence

La gallega Elba Fernández dejó atrás hace tiempo aquel proyecto que encandiló a la crítica: Jane Joyd. Desde entonces, no habíamos tenido noticias de ella, pese a nuestro deseo. Finalmente, casi acabado septiembre, vio la luz el disco de debut de su nuevo proyecto, Mordem. Un trabajo que consigue aunar minimalismo y grandilocuencia sin fisuras. Una delicia. Una auténtica delicia.

14. The Last 3 Lines — Portals

Rock y psicodelia barbuda desde Barcelona. Así se define esta banda, que en febrero editó un album cargado de épica y lisergia. Canciones con enorme recorrido melódico y lírico, como ‘The Lighthouse’ o ‘Fading Days’, que convierten a Portals en el mejor disco de la veterana banda catalana hasta la fecha. Más que recomendable.

13. Pablo Und Destruktion — Predación

Uno de los artistas franquicia de Hipersónica vuelve a nuestro repaso nacional de fin de año. Casi tradición: disco que lanza, disco que nos vuelve loquísimos. Predación deja atrás aquel toque raphaeliano de Vigorexia Emocional y vuelve el exceso más lisérgico. El asturiano se mueve como pez en el agua en la demasía, la exageración y la violencia. Una colección de canciones incontestable. Otra más.

12. Aathma — Avesta

En un año particularmente bueno e interesante para el doom metal, los madrileños ponen su granito de arena con un disco con mucho músculo, garra y riqueza de matices. El buen uso del rango vocal de su cantante, los monumentales riffs de metal robusto y lisérgico y unas canciones que no abruman a pesar de su intensidad y duración, hacen de este un disco imprescindible para nuestra lista.

11. Bejo — Hipi Hapa Vacilanduki

De las Islas Canarias siempre nos ha llegado buen hip hop, pero lo que trae el nombre de Bejito bajo el brazo es suficiente para tenerlo en cuenta como uno de los raperos más interesantes de su generación. Tras los más que eficaces singles sueltos en YouTube, en este disco nos trae un plato combinado donde ofrece toda su frescura y creatividad, tanto en las bases como en la lírica. Sabes sobre qué empieza a rapear, pero nunca dónde te va a acabar llevando un minuto después.

10. Bala — Lume

El paso que convierte la sorpresa agradable en realidad indiscutible. Violeta y Anxela dan una vuelta de tuerca a su propuesta stoner, la acercan más al metal y el resultado vuelve a estar a la altura de aquel debut que ocupó el Top3 en esta lista hace un par de años. Bala sirven 23 minutos que te volarán la cabeza, destrozarán tu dormitorio. Un huracán que, lejos de devastarte, te llenará de energía.

9. Hela — Death May Die

La propuesta de los ilicitanos ya nos encandiló hace unos años con su debut, cimentado sobre un sólido y potente doom metal alzado por la voz de su cantante femenina. Este segundo disco nos ha llegado con un cambio de frontwoman, pero no ha frenado la progresión de Hela, que exploran más las sendas de ese doom lisérgico e hipnotizante que te puede noquear con un riff a poco que te despistes.

8. Talaboman — The Night Land

Después de varias colaboraciones, al fin la asociación entre John Talabot y Axel Boman ha dado sus frutos en forma de larga duración. Un disco que se adentra en las profundidades del balearic beat y el deep house para, precisamente, huir de los paisajes veraniegos a los que suelen evocar sendos estilos. Desde largos desarrollos que se van a los diez minutos, hasta temas de corte tribal, The Night Land (R&S, 2017) es un viaje hipnótico, onírico, cargado de evocaciones y emociones que van a más conforme avanza el trabajo. Tras años esperando otro álbum del catalán, esta colaboración con Boman es suficiente para cumplir las expectativas. Un viaje fantástico.

7. Melange — Viento Bravo

Melange tenían ante sí una misión compleja: ejecutar con maestría los ritmos castizos y flamencos de su primer disco sin caer en el tedio del excesivo minutaje que, a ratos, tanto lo lastraba. El resultado es mixto: por un lado, Viento Bravo asoma la patita del monstruo encerrado que aún guardan tras de sí Melange, un grupo en clara evolución y con su techo demasiado lejano; por otro, intercambia el elemento de frescura de su debut por una ambición más elevada, por un arco conceptual y compositivo más complejo. Kudos.

6. Gata Cattana — Banzai

La vida nos arrebató el puro talento de Gata Cattana, pero su legado tuvo un punto álgido gracias a este disco póstumo que, lejos de sonar a una recopilación de singles sueltos encontrados en el baúl, nos muestra cuanto potencial y creatividad tenía dentro una artista que tenía mucho que decir en el hip hop nacional y, con la breve pero estimulante trayectoria que disponemos, ya deja un hueco muy difícil de llenar.

5. Foscor — Les irreals visions

El parcial abandono del metal extremo de sentido más tradicional hace tres años realizado por Foscor en busca de caminos más vanguardistas y progresivos alcanza un punto álgido con este disco, más atrevido, diferente y estimulante. En un momento que se antojaba crucial para su carrera, con firma por sello europeo mediante, los barceloneses apostaron fuerte estilísticamente y les ha salido cara. Mejor para nosotros, porque tenemos aquí una de las mejores noticias para nuestro metal nacional.

4. Rocío Márquez — Firmamento

Flamenco y muchas cosas más es lo que aparece recogido en el segundo disco de Rocío Márquez, que sirve de continuación para el fantástico El niño (Universal Music, 2014) a pesar de que sonoramente no tenga demasiado que ver. En Firmamento la onuvense vuelve a acudir al legado de los grandes, pero esta vez lo pinta de jazz y melodías que recuerdan al intercambio cultural entre ambos lados del Atlántico. Y de paso nos recuerda que en tiempos en los que todo está inventado, la fusión es el único camino para romper las normas escritas.

3. Los Planetas — Zona Temporalmente Autónoma

Ya. ¿Estos entre los mejores discos nacionales en pleno año 2017? ¿De verdad que no se ha renovado la escena en 20 putos años para tener que recurrir a los putos Planetas? Pues sí se ha renovado, pero es que si los granadinos cuentan con el punto de motivación y musa necesario, pocos les pueden hacer sombra. Desde el inicio, con una ‘Islamabad’ que pasa por ser su mejor tema desde ‘Ya no me asomo a la reja’, Zona Temporalmente Autónoma está lleno de emoción, letras fantásticas e inspiración. Si consiguen seguir a este nivel, larga vida.

2. Maria Arnal i Marcel Bagés — 45 cerebros y 1 corazón

Una fosa común perdida en el olvido de la Guerra Civil no es un buen punto de partida para nadie. He aquí, sin embargo, a dos artistas de privilegiada proyección. Maria Arnal y Marcel Bagés agarraron aquel recuerdo aciago de la España negra, lo envolvieron en bailes y ritmos tradicionales del delta del Ebro, de la Castilla interior, de la costa valenciana, le dotaron de un toque de vanguardia y surrealismo sideral, lo arrastraron al alegato político y ¡bum!, cuadraron un debut como no se recordaba en este país desde hacía lustros.

1. Exquirla — Para quienes aún viven

Reducir lo que Exquirla han presentado este 2017 a un mero debate sobre etiquetas es desconocer la intención del grupo al producirlo y la calidad del producto resultante. Para quienes aún viven (Superball Music, 2017) es un disco antológico, de los que abren caminos a transitar por los que están por venir, de los que recogen lo mejor del pasado y lo reescriben para marcar lo que está por llegar en el futuro.

Había muchas expectativas al respecto de lo que Niño de Elche y Toundra iban a presentar este 2017 y las mismas están más que cubiertas. Es imposible aludir a que esa mezcla entre flamenco y rock recuerda a obras como Omega o La Leyenda del espacio, pero el recuerdo no puede en ningún momento restar mérito a lo ofrecido por Exquirla, pues esta obra es de las que miran a la cara a aquellas que marcaron los cánones hace ya bastantes años.