Mac DeMarco — Another One

Hay gente que despunta muy pronto, a edades bastante tempranas. Da un poco igual de qué campo de la vida hablemos. Bien Mozart componiendo óperas desde el parvulario, bien un piloto que conduce bólidos cuando ni siquiera cuenta con la edad legal suficiente para tener carnet de conducir. Por motivos obvios, se trata de personas que generan mucha expectación, en los que se depositan una fe y esperanza casi infinitas. Son tratados como una especie de salvadores de la raza humana. Viendo en ellos lo que vemos, podemos creer en un futuro mejor para nuestros hijos. El problema es que esas promesas de un futuro lleno de éxitos, en ocasiones se quedan un poco en el olvido. En el “vale, bien, pero tampoco ha acabado de ser nunca lo que se esperaba de él”. Es, seguramente, el precio inevitable que uno debe pagar por una expectación inhabitual. Ahora bien, como llegues al nivel que se espera de ti, empezarás a llamarte leyenda.

Another One: ¿la caída del profeta o un leve desliz?

Mac DeMarco no debutó a una edad escandalosamente precoz. Su primer disco data de cuando él tenía 22 años, y se le trató como la última esperanza blanca del jangle pop, el creador de una vuelta de tuerca más a la música de autor. Además, venía apadrinado por Captured Tracks, uno de esos sellos que es casi garantía de calidad. Tras aquel primer 2, Salad Days (Captured Tracks, 2014) dejó sensaciones algo encontradas. Para quien escribe, se trata de un disco que no desmerece al debut, aunque mohorte opinaba de forma distinta. Hoy analizamos Another One (Captured Tracks, 2015), y el resultado es distinto. Hablar de promesa caída en desgracia sería prematuro e injusto, pero lo cierto es que el tercer álbum de estudio del canadiense es un innegable paso atrás. No confundamos esto con un hundimiento, porque las ocho canciones que contiene se dejan escuchar la mar de bien, de forma agradable pero, también, algo anodina. En definitiva, Another One es el disco que hace levantar dudas en cuanto al futuro de la figura de Mac DeMarco. ¿Nos hemos adelantado anunciando el advenimiento del profeta?, ¿o tan solo se trata de un leve desliz?

Ese tipo de preguntas surgen desde que Another One toca a su fin. Con los ingredientes de siempre, pero necesariamente mucho menos peso de frescura en la receta. Mac DeMarco se acomoda un poco en una fórmula que le está dando muy buenos resultados en cuanto al reconocimiento de la crítica (y del público) se refiere. ‘The Way You’d Love Her’ es un tema que se deja querer, como lo hace el propio Mac. Un abrazo al pop algo menos histriónico, a la simpleza que también muestra ‘Another One’, en un inicio que muestra lo mejor del álbum. 24 minutos que se hacen agradables e incluso cortos, pero que se quedan algo lejos de las prestaciones de lo previo, o cuando menos de lo que uno espera en cada nuevo paso del canadiense. Seguimos esperando el terreno de lo bucólico y lo entrañable, pero cortes como ‘Just to Put Me Down’ suenan menos trascendentes de lo mínimamente necesario.

6/10

En todo caso, hay algo que no se pierde en Another One, y es ese poder extraño de captación. Lo que hace Mac DeMarco es como sentirse en casa. Esté más o menos inspirado en una canción determinada o en el conjunto de un disco. ‘A Heart Like Hers’ es un tema que no tiene nada especial, una sonoridad repetida, un ritmo manoseado hasta la extenuación, y ‘I’ve Been Waiting for Her’ cae en errores parecidos. Y, con todo, acaban gustando lo suficiente. No enganchan, no resultan tan adictivas como un día, hace poco, consiguió ser Mac DeMarco. Pero mantienen ciertos aires de esperanza. De no dar al héroe por caído, y pensar en que, al final, esto solo ha sido un pequeño paso hacia lo humano.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.