Magic Circle — Journey Blind

Considerado por muchos como un género agotado, el proto-Doom meets Stoner meets Heavy Metal vive momentos interesantes ultimamente merced a eso de que todo lo que fue acaba volviendo. Kadavar, Witchcraft, Horisont y ahora Magic Circle ratifican esa máxima de que la originalidad está sobrevalorada, y confirman el dictado marcial de que lo importante es que después de la parafernalia haya canciones.
 
Y claro, como este inicio da a entender, de lo contrario no estaría escribiendo esto, detrás de Magic Circle hay canciones. Inmensas para ser más exactos. Lo de los norteamericanos no es el colmo de la originalidad pero qué narices importa, lo suyo es romper cervicales a golpe de headbanging y trasladarte a esos años en los que el mundo era un lugar mejor, un sitio y una época en la que beber cerveza era el único objetivo y alargar la farra hasta el amanecer un broche de oro para semanas cargadas de apuntes, chicas que decían no y padres que nos avisaban de que siguiendo así no íbamos a llegar muy lejos.

Magic Circle, siguiendo el legado de Heaven & Hell

Provinientes de Boston, la ciudad del Hardcore y el mundo Post blablabla norteamericano, Magic Circle siguen a sus paisanos Elder en esto de tomar el Doom como punto de partida, pero mientras que estos últimos lo hacen desde una perspectiva expansiva que bordea tanto el Sludge como el Metal Progresivo, los primeros construyen su discurso desde una óptica mucho más primitiva, aludiendo tanto a los míticos Black Sabbath como a Pentagram y el Heavy Metal de los inicios de Rainbow.

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La cita a Black Sabbath y Rainbow no es circunstancial aquí pues la etapa de Ronnie James Dio junto a los creadores del cotarro planea continuamente sobre este fantástico Journey Blind (20 Buck Spin, 2015). Los riffs, los tempos, la batería y la impresionante garganta de Brendan Radigan, todo recuerda en el segundo disco de los norteamericanos esa colaboración que acabó significando la sublimación de un género, la confirmación de que el Heavy Metal no sería tal si no llegaba con riffs bajo el brazo y rabia y ansiedad aguda en la garganta.

Magic Circle son conscientes de la máxima y no se guardan nada, convirtiendo lo que en manos de otros podría ser un disco más en un disco sin respiro, cuyo único defecto es que puede resultar demasiado monolítico. Su proto-Doom suena aplastante, vigoroso, cargado de la épica que todo disco de Heavy Metal clásico debería tener. Y lo hace con apariencia hipervitaminada y llevando el ansia por epatar hasta las últimas consecuencias, robando el sonido de lo que se producía en los 70 pero dotándolo de la agresividad que llegaría a finales de los ochenta y que en cierta medida entronca con el origen geográfico de esta impresionante banda norteamericana.

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Frente a su debut Magic Circle han optado por ser más directos tanto en el planteamiento como en el resultado, huyendo del eco en la producción y reforzando guitarras a fin de saturar un sonido que abandona el trote marcial para figurar como un galope dispuesto a llevarnos al fin del mundo.

8.2/10

Destacar momentos en este Journey Blind se hace complicado pues el espíritu monolítico del álbum tiene como objetivo mostrarlo como ente indivisible, en el que todo tiene su causa y su consecuencia. El tono puede que no sea apto para oídos que se saturan con facilidad, pero supone un ejercicio de estilo que a pesar de basarse en retóricas del siglo de la luz no se encuentra fuera de lugar en estos tiempos frenéticos que hoy vivimos. Y lo hace porque más allá de no esconderse en el homenaje, Magic Circle demuestran que son una de las bandas más sólidas del panorama, y lo han logrado con un segundo álbum. Ojo con ellos, que la cosa promete y mucho.

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