Natalia Lafourcade — Hasta la raíz

Decía hace pocas semanas el amigo Mohorte que de la nostalgia nacieron algunos de los más bellos momentos de la música de las últimas décadas. Él lo relacionaba con Dominique A, y más concretamente con su enorme y reciente Éléor. El poder creativo de sentirse a gusto entre la tristeza y el anhelo de lo pasado. De ser casi incapaz de expulsar esas lágrimas que han inundado cada uno de los rincones de tu interior, pero que pocas veces han hecho una visita más allá de tus ojos. De dejar que tus manos se deslicen entre las cuerdas de una guitarra o entre las líneas de una hoja antes en blanco. En fin, que él lo explicó entonces mucho mejor que yo, y no se trata de reincidir en la fascinación que a todos los que amamos la música nos produce ese sentimiento.

Las espinas en lo profundo del corazón de Natalia Lafourcade

La nostalgia es eso que aparece a menudo tras una ruptura sentimental. Y las rupturas sentimentales están detrás de incontables canciones y discos que, desde el dolor, se convirtieron en pequeñas preciosidades. De esas que consiguen hacerte partícipe de cada una de sus intenciones. En este caso, de sus versos, de su búsqueda de orígenes, de la necesidad de encontrar fuerzas olvidadas y levantarte. Natalia Lafourcade ha utilizado ese dolor para transformarlo en algo realmente bello, en uno de esos discos que, escuchados de manera superficial, no parece gran cosa, pero que acaba ganándote irremediablemente para su causa. Hasta la raíz (Sony Music, 2015) es uno de esos discos pequeñitos

Hasta la raíz tiene momentos fantásticos, otros entrañables y algún que otro prescindible. En cuanto al resultado final, el disco producido por Cachorro López y Leonel García alcanza unas cotas de calidad alta. Toca varios palos, aunque casi todos ellos derivan de una forma u otra en el pop de ‘Hasta la raíz’ o las vertientes algo más electrónicas de cortes como ‘Mi lugar favorito’ o ‘Ya no te puedo querer’. Además, está ese aire habitual y dulcísimo de la Natalia que se viste de crooner de guateque, de primer baile agarrado en ‘Antes de huir’. Un inicio soberbio, que dará lugar a un discurso en la meseta de Hasta la raíz en la que tan solo se puede poner una pega habitual: doce temas, 52 minutos. No es un disco excesivamente largo, pero seguramente prescindir de algún tema que chirría algo, como ‘Palomas blancas’ y ese recuerdo a las divas de los ’70, difícilmente encajable en el sonido del resto del disco. Entiéndase bien: un tema enorme como sencillo, pero no encuentra acomodo en el conjunto. Pero incluso en esos momentos algo más dubitativos Natalia Lafourcade consigue mantener el candor y el encanto de lo simple.

7.2/10

Paso a paso y despacito se acerca el final de un disco estupendo. Hasta la raíz explora en ‘Vámonos negrito’ precisamente eso, las raíces de Lafourcade y el folclore mexicano, para dar paso a una de mis canciones favoritas. Pop sencillo. Llano. Tres o cuatro acordes y muchísimo carisma. ‘Lo que construimos’ se empapa de esa eterna nostalgia y te la hace llegar sin atisbo de intermediario corrupto. Natalia cantándote en el salón de tu casa, abriendo su corazón para ti. Como lo hace en la balada (ahora sí, perfectamente ensamblada en el conjunto del disco) ‘Estoy lista’, o en ese canto redentor de quien ha decidido cerrar una puerta que solo conducía al pasado, e inspirar un profundo instante de confianza en ‘No más llorar’. Asumiendo que quedan, seguramente, muchas bofetadas todavía por recibir, pero yendo a por la vida con fuerza. Tan inspirador el final como el resto de Hasta la raíz.