Y concluimos ya este miniespecial dedicado a Acuarela con el que llevamos desde el sábado con la segunda parte de mis 15 discos favoritos del sello. Como una de las máxima era la de que no valía repetir, se quedan fuera otros discos del Sr. Chinarro (de ésos de los que ya no quiere ni oír hablar) o de Migala. Además, al estar la lista reducida a 15 elecciones, hay varios grupos que también se me quedan en el tintero.

Pero, más allá de lo que no está, lo que sí ha entrado en la lista es un buen ejemplo de cuál ha sido el camino recorrido por un sello que, desde hace tres lustros, ha suscitado más adhesiones que odios.

Flow- Sensazione

A Acuarela siempre le ha fallado la apuesta pop. Pero antes de que a Fernando Vacas le diera por inundar todas sus canciones y producciones de arreglos y de supuesta ‘genialidad’, aún tuvo tiempo de revitalizar el nombre de un grupo que, hasta entonces, apenas había sido una nota a pie de página del indie español. Sensazione no es perfecto, pero, depende de como te pillara, en su momento lo pareció.

Jr — 127

Sólo ellos pudieron hacer algo así. Todos les mimaban y llegó 127 y el mundo dejó de hacerles caso. Hasta los medios que querían encumbrarlos. Normal: 127 es difícil de entender, cantado con trozos de palabras, musicado a jirones. Folk experimental o pop desnudado hasta el esqueleto y con el paso cambiado. Desde entonces, nadie se atreve a hablar de Jr. con palabras dulces.

Lisabö — Egun Bat Nonahi

Tres canciones abrasivas. La esencia de Lisabö. Tras publicar Ezarian, el grupo irundarra entrega a Acuarela un ep repleto de desazón, miedo y dolor. Nadie en España sabe sonar tan intenso sin empezar a entrar en terreno resbaladizo. Y a Acuarela esa definición le ha pegado durante mucho tiempo, aunque a veces haya tenido traspiés de importancia. Tres canciones: el todo y la nada.

VVOO- Lujo y Miseria

Y, de repente, un extraño. Acuarela se fija en el subsuelo barcelonés en donde había visto a Astrud y alrededor de Manolo y Genís (sobre todo de éste último, omnipresente aquí y allá) le salen grupos como setas. Pero nada de grupos normales: Hidrogenesse, Les Biscuits Salés, Chico y Chica, Stardu… A Acuarela siempre le ha fallado la apuesta pop (II), pero lo que nos regaló con Lujo y Miseria sirvió para que muchos abriéramos los ojos. Y, desde entonces, los Austrohúngaros caminan por libre. Todo lounge, menos sus vidas (más bien Lynch).

Aroah — El Día Después

Dicen que en sus discos desnudos estaba bien, pero yo no acababa de pillarle el tranquillo. Puede que no sonase mal, pero Cat Power te daba lo mismo amplificado a la enésima potencia. Ahora, tras unirse con Refree para El día después, ya no hay duda de que Aroah tiene un camino propio muy apetecible, además de algunas de las letras menos obvias del panorama folk español. Hace falta saber a dónde va, pero de momento ya conozco a varios indecisos a los que El día después les ha convencido.

Paperhouse — Adiós

Slowcore dulce. Y un salto de gigante para un grupo que no era casi nada y, en su primer disco largo, nada más sonar la sirena inicial, te rompen por dentro. A Adiós, de los catalanes Paperhouse, sólo se le puede ver como una rareza inmensa, un golpe de suerte y algo de esfuerzo. Un disco debut que sirve de despedida y que contiene algunas de las canciones más emocionantes que haya dado la primera generación nacional del indie. Ritmos muertos y melancolía: esa tristeza honda y profunda, pero suave, que uno no llega a poderse quitar de encima.

Grupo Salvaje — Aquí hay dragones

Si In Black We Trust funcionaba, Aquí hay dragones sube la apuesta: sus canciones pinchan más y parecen menos ejercicios de estilo y sus historias sobre llegar al fin del mundo y no encontrar nada, sobre monstruos imaginados, sobre expediciones a la Antártida que resultan fallidas o sobre los lugares desconocidos del mapa dan mucho más empaque al conjunto. Polvorientos, desastrados y fantásticos en directo, Grupo Salvaje ya tienen un disco que superar.

Boy Omega — Hope On The Horizon

Porque Acuarela también tiene presente y éste es un disco que lo ejemplifica bien. Parece forzado, parece demasiado autoindulgente, parece demasiado copión. Pero el trayecto circular de Martin Henrik Gustafsson en medio de una ruptura remite a las mejores canciones de Bright Eyes o de Elliot Smith y se mueve con soltura entre el pop dramático y el épico. Porque no son lo mismo. ¿Hay esperanza en el horizonte para el sello?

Sitio oficial | Acuarela
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