20 años en la campiña de Parklife

¿Con qué sueña un adolescente tirado en el césped? ¿Con qué sueña alguien que en unos años tendrá todo a su alcance y apenas recorrido para poder asimilar el éxito repentino? Desde una campiña se pueden soñar muchas cosas. Desde la campiña de Essex Damon Albarn podría soñar con su añorado Londres, con el traslado de su familia hacia esta localidad al noreste de la capital, con un rico ambiente en plena ebullición en el cual encajar y no ser el bicho raro que allí era. Un sueño y una vida mitificada que acabaría teniendo su trilogía con Parklife como parte central.

De la vida moderna convertida en basura al optimismo jovial que a primeras transmite Parklife. Ellos querían triunfar cómo fuese. El Shoegaze no era lo suyo, Leisure (1991, Food) estuvo bien para probar que sabían aguantar la guitarra al hombro pero el Pop les llamaba. Puestos a recrear la vida británica, pensaría Albarn, hagámoslo a lo grande. Recreemos también sus grupos.

La lección pasa de mano en mano y en medio siempre se encuentra Ray Davies con cara de bobo. Una cara que sigue viendo cómo su legado sirve para producir los grandes éxitos públicos que a él se le negaron por azares que no vienen a cuento (más bien malas gestiones).

En esa campiña un joven Albarn, ya con 26 años, su Parklife publicado y llevado al número 1, estará orgulloso de haberse empapado bien del ex Kinks en ‘Tracy Jacks’, de jugar a sus experimentos espaciales con David Bowie en cada segundo que tiene la oportunidad, como ‘Far Out’. Major Tom se pone a cantar al aíre las lunas que había escrito con esfuerzo por Alex James previo baile íntimo con Françoise Hardy (James mejor con Helena Christensen) en ‘To The’.

La seducción de una dama francesa a punto de celebrar sus 50 años frente a la jovialidad y despreocupación de un joven inglés con las ínfulas de un tratado de pop inglés. Estados Unidos se le resistió al principio (y lo haría hasta ‘Song 2’) pero al menos acabó enfatizando su orgullo patrio y temas como ‘Miss America’ o ‘Magic America’ donde los Small Faces tienen que soplarse el flequillo para poder ver los acordes de la guitarra.

El Síndrome de Peter Pan se instala sin pedir permiso en el Parklife de Albarn. Los últimos coletazos del sonido Madchester en ‘Girls & Boys’ quieren seguir jóvenes aún con sus calvas, barrigas y trajes hastiados. 20 años no son nada. La posibilidad de viajar en el tiempo gratis solo con unos pocos acordes vitalistas. Buenos recuerdos con Stephen Street a los mandos.

En su tratado inglés Albarn también tenía que tener su paseo por el bosque con The Beatles en ‘Badhead’. Él ahora era el nuevo mecenas. Tenía que aprovechar su momento de oro para hacer el bien con una colaboración con un mito del pasado con quien sentirse cercano. ¿Quién mejor que Phil Daniels y su falso Jimmy Cooper de ‘Quadrophenia’ para poner la parte arisca? La voz afeminada del líder de Blur estaba lejos de aportar esa sensación en ‘Parklife’.

Como todo buen joven las preocupaciones por lo trascendental debían tener su sitio. A la hora del té, en la comida familiar con los suegros o después de una fiesta destructiva tras el mañana lo dejo. Albarn se volvía por un segundo el émulo de Orwell y quería reflejar la parte negativa del mismo mundo que le aupaba gracias a su Pop liviano. ‘End Of A Century’: “it’s nothing special”.

En ese campo verde de guitarras suaves y coros agradables a veces saltaba algún que otro Paul Weller y sus The Jam. ‘Bank Holiday’, ‘Trouble In The Message Centre’ y ‘Jubilee’ son la mejor manera de hacer memoria a finales de los 70 y principios de los 80. A aquellos In the City (1977, Polydor) y This Is the Modern World (1977, Polydor). Todo porque Graham Coxon no se aburra que sino el de las gafas la iba a armar (y no tardaría en hacerlo; con cerdos de por medio). Ya habría tiempo años más tarde de ponerse melancólico y “serio” al pianito.

20 años de un movimiento inteligente, de intentar poner banda sonora a una sociedad amante de la autarquía cultural, de un Parklife con el Peter Pan que hoy busca la trascendencia en las baladas flácidas. Un recuerdo para el prado sin preocupaciones y sin su multiculturalidad que aún hoy Albarn sigue persiguiendo. “Always should be someone you really love”.

Blur en Hipersónica

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