40 años de Pink Floyd: Barrett, una fuente de secretos musicales

Lo admito: yo a los Pink Floyd de después de Barrett los soporto bastante mal. Algunos discos me gustan más y muchos de ellos menos, pero ninguno me provoca esa emoción de saber que, por mucho que diesen vueltas a una misma idea, sus canciones nunca se estancaban.

Como a mí, hay a bastante gente a los que el primer disco de Pink Floyd eclipsa todo lo posterior. Pero de los otros hay más: a millones de personas eso no les pasa, no hay más que ver las cifras de ventas de los discos de las bandas o sus megalómanos conciertos. En cierto modo, las canciones de Syd me parecen más humanas, mientras que las de los Pink Floyd con Waters al mando son tan enormes que se me van de las manos.

Así que los primeros hemos salido perdiendo, ¿no? Bueno, relativamente. A Barrett se le fue la pinza y dejó de hacer música, pero, además de The Piper…, dejó dos discos en solitario llenos de su mejor música. De ellos toca hablar en esta última parte del especial que Gallego y yo mismo hemos planteado en Hipersónica para celebrar la reedición de una obra fundamental en la historia de la música.

En 1970, ya con continuos rumores sobre su progresivo alejamiento del mundo real, Syd edita su primer disco en solitario, The Madcap Laughs (1970). Para los fans de aquel entonces de Pink Floyd (y supongo que para los que hoy en día se acerquen a él), el disco supone una ruptura. Del sonido denso de la banda madre apenas queda nada: aquí es sólo Barrett y su acústica, más una banda de acompañamiento que, más que poner música, desbarra sobre muchas de las canciones.

Es éste un disco de folk, pero tal y como la mente de Syd lo entendía: arrítmico cuando a él le daba la gana (No Good Tryin´), con feedback cuando le apetecía (No Man´s Land) y grabado un poco como pudo, en los momentos en los que a Syd le apetecía trabajar en su música (que no eran muchos).

Mejor cuanto más sencillo (Here I Go o Feel son canciones que arrebatan), The Madcap Laughs sigue siendo hoy un disco de culto entre muchos músicos y, aunque muy disperso, enteramente disfrutable para aquellos a los que les guste la música repleta de imperfecciones. Posiblemente, poco apto para hinchas acérrimos del Dark Side Of The Moon.

También en 1970, Barrett se vuelve a meter al estudio, acompañado por algunos de sus ex-compañeros de Pink Floyd, para dar a luz a su segundo y último disco, llamado simple y llanamente como él, Barrett. Pese a una producción que a veces mata por completo las canciones (como demuestra la primera reedición en cd del disco, cuyas tomas primerizas brillan con luz propia), aquí hay parte del material con el que se hacen los sueños.

Un punto naif, otro punto descuidado, lleno de referencias desconcertantes y letras increíbles (Baby Lemonade casi podría servir para definir la mente de Syd) tremendamente desenfocado y quizás algo más pop que su obra anterior, Barrett (el disco) es un popurrí tan atrevido como acertado. Recomendado por igual a fans de Los Planetas, Nick Cave, Animal Collective, Television Personalities y otros muchos grupos más. Aparte de que tiene Gigolo Aunt, una de mis canciones favoritas de todos los tiempos.

Un pequeño apunte final. Hoy en día, el culto a Barrett sigue vivo. The LaughingMadcaps Group reúne a fans de Syd en todo el mundo. Más allá de ser uno de los principales centros de información sobre él en la red, su gran logro son diez discos con rarezas y canciones desperdigadas, tomas sueltas y otras muchas curiosidades que harán las delicias de los seguidores de los primeros Pink Floyd.

La voluntad

Me ha gustado este post y quiero contribuir a la sordera endémica de Hipersónica.

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