Anuncios

40 años de Pink Floyd: The Piper at the Gates of Dawn

A mediadios de los sesenta, el rock psicodélico comenzó a dar sus primeros pasos en los Estados Unidos, para dar al poco tiempo el salto hasta las islas británicas, donde se dio la forma definitiva a un género fundamental en la historia de la música, nexo de unión entre la inocente forma de hacer rock de los comienzos y las voluptuosidades del sonido progresivo y el heavy de los setenta.

Antes de lanzar su primer disco, un grupo de estudiantes británicos liderados por Syd Barrett, todo carisma y delirio, se atrevieron a llevar las excentricidades de este movimiento contracultural a los escenarios del club UFO, donde el nombre de Pink Floyd comenzaría a ganar cierto crédito entre los sectores alternativos de la época. Con estos precedentes, el cuarteto se metió en los icónicos estudios Abbey Road donde se gestaría uno de los discos más influyentes de todos los tiempos.

Precisamente por aquel entonces, los Beatles crearon en ese mismo estudio, tras cientos de horas de producción, el otro gran hito de la historia del rock psicodélico, su Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band que sería publicado en Junio de 1967, dos meses antes que este The Piper at the Gates of Dawn. Fue el pasado 5 de Agosto cuando se cumplió el cuarenta aniversario de su lanzamiento, algo que bien merece ser recordado dando un repaso en profundidad a esta obra maestra.

El liderazgo de Syd Barrett sólo dio lugar a este LP seminal, del cual es el principal responsable ya que a él corresponde la composición de diez de los once temas que lo forman, ocho de ellos en total exclusividad. Sus experiencias con las drogas alucinógenas y su incomensurable talento artístico son los dos ingredientes que se mezclaron para dar lugar a un disco imprescindible en la historia de la música.

Ya el primer tema supone el nacimiento de un nuevo género, el space rock. Astronomy Domine sienta las bases del subgénero que el grupo exploraría más en profundida en su segundo álbum, con esas distorsiones imposibles y esas voces excesivamente tratadas que pretenden hacernos sentir en un viaje interestelar. Esta genialidad de tema, sin embargo, no aparecía en la versión americana del álbum, donde la apertura era See Emily Play.

El sonido pomposo de Lucifer Sam, guiado por el eco en la voz de Barrett y el ondulante bajo de Waters, da paso a la fábula Matilda Mother, en la que la voz corre a cargo de Richard Wright, pieza de pura experimentación marcada por el solo de órgano de los últimos compases. Flaming, ausente también en el EP publicado en los Estados Unidos, es el primer single que encontramos en el disco, una canción que en una primera escucha podría sonar burlesca, con todos esos sonidos insertados y esa percusión simpaticona, pero que encierra una gran belleza. El teclado de Wright es pura magia en este tema.

La psicodelia llega a su máxima expresión con la monolítica Pow R Toc H, sin letra y con la banda profiriendo gritos que nos hacen sentir como en una extraña jungla donde perfectamente podríamos encontrarnos un mono azul o un tigre rosa entre la vegetación. Fue una de las últimas canciones añadidas al disco, y es también de las que más cariño despiertan entre los fans de la banda.

El que sería futuro cerebro creativo de la banda, Roger Waters, toma las riendas compositivas del siguiente tema, Take Up Thy Stethoscope and Walk, la cual aporta un punto de complejidad mayor al sonido del disco, con un teclado muy veloz y con el propio Waters como vocalista. Dicha complejidad alcanza su punto máximo a continuación con Interstellar Overdrive, segundo vistazo de la banda al space rock al que antes hacía mención.

Se trata de la pieza más larga del disco (9 minutos y 41 segundos) y supone la translación al estudio de uno de los temas improvisados de más éxito de la banda durante sus actuaciones en directo. Este carácter improvisativo lleva a la canción a un punto de verdadero desconcierto con el paso de los minutos, llegando a perderse el concepto de ritmo musical en algunos momentos. A título personal, mi corte favorito del Piper.

Tras esta orgía sonora, vuelven los temas más amigables y ligeros para dar cierre al disco, con la juglaresca The Gnome en primer lugar, dando paso a continuación a la pegadiza Chapter 24, tema de fuertes contrastes y alegre melodía basado en el capítulo 24 del I Ching. Syd Barrett se compara con un espantapájaros en The Scarecrow, uno de los mayores éxitos de la primera época de la banda, sonando más a una canción cantada entre amigos que a una pieza grabada para un álbum de estudio.

El tono patético y ligero de Bike, con sus animados coros y su percusión machacona, supone el cierre perfecto para el disco, dejando un muy buen sabor de boca y ganas de volver a oírlo de nuevo. Este fue el principio y el final de Barrett al frente de la banda, y por ende de la experimentación psicodélica en su máximo explendor, la cual aún tendría un último papel protagonista en A Saucerful of Secrets antes de que Waters se hiciera definitivamente con el poder creativo de la banda y la llevara hasta los elaborados senderos del rock progresivo.

De ahí surgirían los mayores éxitos críticos y comerciales del grupo, como The Dark Side of the Moon o The Wall, época que la convierte además en mi banda de referencia; pero la brillantez del sonido de este primer disco nunca volvería a darse, ya sin Barrett en la banda. El título de este álbum quedará por siempre escrito con letras de oro en el libro de la historia del rock.

La voluntad

Me ha gustado este post y quiero contribuir a la sordera endémica de Hipersónica.

€1,00


Más en Hipersónica | Pink Floyd

Anuncios