Francia nunca se ha vencido a daguerrotipos. Los galos han mostrado con frecuencia una inquietud semiótica y una entrega por las vanguardias: desde los años prolijos del percusionista Christian Vander y el colectivo Magma, hasta los de Sebkha-Chott; desde los desmanes del dúo Pin-Up Went Down hasta otro dúo, esta vez en Amiens, Carnival In Coal, el hogar de la liberté, égalité y fraternité se despereza ante cualquier forma y género y los subvierte a capricho. Y claro, 6:33 forma parte activa de la larga dinastía que quiere venir a llenar ese veleidoso espacio, revisitando de paso escenarios comunes donde conversan desde los suecos Diablo Swing Orchestra hasta los canadienses UnexpecT.

Pecados para todos

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Pero, ¿logra Deadly Scenes (Kaotoxin Records, 2015) ese status creativo, ese alegato liberador? Por los pelos. Evidentemente, durante los cincuenta y cuatro minutos del compacto, es imposible no rememorar alguna de las iteraciones del maestro Mike Patton, el Zappa de nuestra generación: ya sea en Mr. Bungle o Tomahawk, sin ignorar a Fantômas, Patton ha fundado una escuela donde pocos cantantes — acaso Todd Smith, Jason Popson o, bueno, medio elenco de The Residents — obtienen tanto el reconocimiento público como el éxito privado. Pero volvamos a 6:33, concretamente a Mateo 6.33: “mas buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás os vendrá por añadidura”. ‘Hellalujah’ invoca la gloria divina mediante un “Oh, Señor Jesús”, partiendo como un divertimento gospel, y lo demás viene dado — para caer inmediatamente en los manierismos típicos de las músicas raras — : vocales mixtas y teatralizadas, órganos tubulares apoyados por bandoneones, estallidos rap, elementos en las secciones rítmicas propios del ragtime o el foxtrot, y un sinfín más de rasgos comunes en el cajón del metal de vanguardia.

6:33 empieza a sentirse más cómoda cuanto más arriesga

Ego Fandango’ irrumpe mediante un disco-metal que recuerda más a los fantásticos Circle of Illusion que a Angizia, por situarnos en un ejemplo puro y estricto. Y desde aquí, pagados los peajes obligatorios, el verdadero sustrato del álbum comienza a expandirse. ‘The Walking Fed’ dibuja world music, percusiva y tribal. ‘I’m a Nerd’ traza una amistosa línea entre Devin Townsend y Aqua — lástima esa producción tan acusadamente grave, tan enfocada al combo guitarras-batería — que, sin caer en absurdos innecesarios, funciona en todo momento. 6:33 empieza a sentirse más cómoda cuanto más arriesga, cuando el salto de un compás R’n’B a uno electropop no entorpece la dinámica. ‘Modus Operandi’, por ejemplo, arranca con una melodía Elfman-esca y permuta hasta un dark goth de manual. ‘Black Widow’, en cambio, aminora la marcha y se marca un rock and roll de estribillo pegadizo, merrie melodies y un puñado de interludios totalmente identificables en el progresivo.

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Con tres álbumes y un EP a sus espaldas, después de echar el resto en esta dilatada grabación, 6:33 sabe encontrar aquél espacio abandonado por The Alter Boys e imprimirle una cosmogonía propia. ‘Last Bullet For A Gold Rattle’ apela al country rock estadounidense de los ’80 y ‘Lazy Boy’ apuesta por el black metal sinfónico para revestir este edificio multicolor que, con cada escucha, perfilamos su exacta y titánica forma final. La experimentación exige de una introspección, de conocer la materia prima para que la deconstrucción resultante tenga un mínimo sentido conceptual. No en vano dejan para el final la suite que da nombre al disco: ‘Deadly Scenes’ invoca todo el potencial de la banda — pese a unas letras un tanto accidentadas, sobre los siete Pecados Capitales han cantando desde el citado Frank Zappa hasta Pain of Salvation, usualmente con mejor resultado — . Este súper equipo parece capaz de todo y principalmente de algo de lo que muchos nunca fueron capaces: imprimir belleza estética a semejante locura. Sólo así recordaremos el sabor tras el último bocado.

8,5/10

El boom del avant-garde de la pasada década — ¿quién ha quedado en el negocio, Major Parkinson, Organized Chaos acaso? — ya tiene este en 2015 representación formal sobre las urnas. 6:33 son todo eso que los amigos de lo weird, de la periferia en estanterías y colecciones limítrofes, buscan como antropólogos musicales. Caemos con frecuencia en tildar de apoltronados a nombres propios que batallan por identificar su sonido varias décadas después. Nada mejor que esta gamberrada para sanear nuestros oídos y nuestra memoria. Porque la historia de la música es inasumible sin riesgos ni sin empujar el statu quo fuera de la ortodoxia, hacia las lagunas de la experimentación.

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