Hace unos años Patti Smith publicó Just Kids (Éramos unos niños, en la traducción al castellano publicada por Lumen), lo que en principio parecen sus memorias, pronto se revela como un relato de su relación con Robert Mapplethorpe en concreto y finalmente acaba por convertirse en realidad en una hermosa novela, una historia de amor y amistad que sirve como documento de una época y un lugar fascinantes (Nueva York, finales de los 60-principios de los 70), en plena ebullición cultural, con el valor añadido de quien cuenta lo vivido en primera persona sin un particular interés en salir bien parado en cada una de las páginas.

La poesía, la pintura, la fotografía, el teatro… Pocas eran las disciplinas artísticas que no entraban dentro de su radar, pero al menos en aquellos primeros años parecía ser precisamente la música la que más se le resistía: Smith habla en numerosas ocasiones de frustración, de bloqueos, de cómo llegó a verse incapaz de componer una canción. La cosa no empezaría a resultar realmente productiva hasta 1974. Era Semana Santa y acudió con su ya inseparable Lenny Kaye a un garito de mala muerte que recibía el nombre de CBGB porque le habían prometido al poeta Richard Hell que irían a ver a la banda en la que él tocaba el bajo, unos tales Television:

La banda tenía un toque de locura y su música era imprevisible, angulosa e intensa. Me gustó todo de ellos: sus movimientos espasmódicos, las florituras jazzísticas del batería, sus estructuras musicales desencajadas y orgásmicas. Me sentí afín al extraño guitarrista de la derecha. Era alto, con el pelo pajizo y sus dedos largos y hábiles agarraban el mástil de la guitarra como si quisieran estrangularlo. Definitivamente, Tom Verlaine había leído Una temporada en el infierno.

En el descanso de aquel concierto, Smith y Verlaine empiezan a hablar y descubren que habían crecido a apenas unos metros de distancia, que sus gustos son tremendamente parecidos y sus referencias, sorprendentemente próximas. Parece que en la segunda parte tocaron una ‘Marquee Moon’ que no grabarían en condiciones hasta casi tres años después, pero que ya era una obra colosal, de una complejidad fascinante. Smith habla de una pequeña revelación en aquel momento, de una conjunción perfecta entre las dos cosas (la música y el local) que acababa de descubrir y que tanto acabarían por influenciarla: “Aunque nadie lo sabía, las estrellas se estaban alineando, los ángeles nos eran favorables”.

Unas semanas después, cuando Patti decide meterse por fin en un estudio de grabación para ver si su incipiente banda lograba de una vez trasladar sus directos a algo parecido a un álbum, llama a Verlaine. El objetivo era a la vez muy sencillo y muy complicado (una versión de ‘Hey Joe’, un estándar del rock que Jimi Hendrix había hecho definitivamente suyo en 1966), pero en todo caso ella quería añadir algo de su cosecha (“una línea de guitarra que pudiera representar el ansia desesperada de libertad”, explica) y no pudo pensar en nadie mejor que él.

En aquel momento Television era básicamente la banda en la que Tom Verlaine y Richard Hell se dedicaban a tirarse los trastos a la cabeza. La composición de los temas se repartía entre ambos en un primer momento pero aquello pronto se convirtió en un “todos contra Hell”, especialmente a medida que el resto iba aprendiendo a tocar mientras él se encontraba cada vez más secuestrado por su propio personaje. Cierto o falso, justo o injusto, al final la historia que ha perdurado es la que dice que “lo echaron porque no sabía tocar ‘Marquee Moon’”.

En esas andaban cuando Tom aceptó la invitación de Patti y ambos acabaron precisamente el 5 de junio en el estudio de Hendrix, Electric Lady: Kaye, Richard Sohl y ella juntos, grabando su toma, precedida por un largo monólogo que hace referencia al secuestro de Patty Hearst; Verlaine grabando un par de pistas con solos de guitarra que acabarían superponiéndose. Incluso les sobraron quince minutos de estudio y los utilizaron para grabar ‘Piss Factory’, que acabaría siendo la cara b de aquel primer single.

De entre la infinidad de versiones que hemos conocido de ‘Hey Joe’, siempre a la sombra de Hendrix, ésta sigue destacando hoy en día gracias a las guitarras de él y al toque spoken word de ella. Smith y Verlaine, que acabarían siendo pareja poco después, estaban dando el pistoletazo de salida a dos de las mejores y más relevantes carreras musicales surgidas del Nueva York de aquellos años, sin tener todavía ni idea de lo que se les avecinaba. Jesús había muerto por los pecados de alguien, no por los suyos. Pero eso aún tenían que verlo.

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