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A Sunny Day in Glasgow — Sea When Absent

¿Habéis intentado alguna vez planear algo entre seis personas a la vez, cada una en un sitio distinto? ¿Y cómo ha ido la cosa? Coged por ejemplo el peor invento de la historia de la civilización occidental: los grupos de WhatsApp. Hay que comprar un regalo y se crea uno entre seis amigos. Pues lo más probable es que después de 200 comentarios básicamente consistentes en emoticonos, jajajas y quejas del estilo “ufff, 35 comentarios nuevos, ¿quién me resume lo que habéis decidido?” (no han decidido NADA, estúpido, sólo te has perdido emoticonos y jajajas), alguien, ante la falta de propuestas, diga que va a comprar lo que ya pensaba comprar desde el principio, a lo que los demás simplemente responderán “ok” (seguido de muchos emoticonos y muchos jajajas).

Bueno, pues así me imagino yo la gestación de este Sea When Absent: como un inmenso grupo de WhatsApp donde, entre berenjenas y memes del Rey, al final cada uno ha acabado haciendo un poco lo que le ha salido de los huevos. Recapitulemos: A Sunny Day in Glasgow es en este momento un colectivo formado por seis miembros desperdigados por diversas localizaciones (no, ninguna de ellas en Escocia) entre Filadelfia, Nueva York o Sidney y cuenta su líder Ben Daniels que este cuarto trabajo se creó a base de emails donde cada uno iba adjuntando partes de canciones (el Give Up de The Postal Service tiene once años, chatos, el tiempo pasa) y se iban tomando las decisiones creativas correspondientes, se supone que de común acuerdo.

A Sunny Day in Glasgow, de esto y de aquello

No voy a decir que “es evidente al escuchar el disco que así es como se gestó” porque si me dijerais que esto lo compuso un fulano aislado en un sótano insalubre de Bradford (Pennsylvania) también me lo creería, pero sí que es verdad que al leer esta historia una vez escuchado el disco hay muchas cosas que tienen perfecto sentido. Uno empieza a escuchar Sea When Absent y se deja
llevar con agrado por ese dream pop que parece que le va a coger de la manita y no le va a dar ningún disgusto, pero casi desde el principio, desde esa ‘Bye Bye, Big Ocean (The End)’ inicial, el disco enseña la patita de su permanente voluntad de jugar al despiste: estallido de distorsión para empezar, se abre paso luego la Annie Fredrickson en plan pop etéreo, pasamos al coqueteo shoegaze después.

Ésa parece ser la idea: dar salida a casi todas las influencias noventeras imaginables (Stereolab, My Bloody Valentine, Cocteau Twins y hasta Yo La Tengo) reinventando las canciones sobre la marcha. Construyéndolas, echándolas a correr, dejando que se pierdan en sí mismas y haciéndolas salir por un sitio diferente. No suena mal del todo sobre el papel, pero acaba haciéndose más bien fatigoso una vez metidos en harina; parece interesante como concepto, pero transmite al final la sensación de que simplemente cada uno ha metido su parte y se ha hecho un corta-pega con coartada.

Tormenta de ideas

Hay buenas ideas en este disco, claro que sí. El problema, de hecho, es precisamente ése: acaban siendo demasiadas. Cojamos, por seguir con los ejemplos, el segundo tema, esa ‘In Love With Useless (The Timeless Geometry in the Tradition of Passing)’ para la que tuvieron el detalle de sacar un lyric video… cuando es precisamente una de sus pocas canciones donde las letras se entienden: comienzan las voces en primer plano, entran luego esos coros como de videoconferencia con mala conexión, más tarde (casi a los tres minutos) unas guitarras que le dan un toque de sabor… Y todavía quedan un par de minutos y varios cambios de ritmo más. Demasiado. No hay manera de encariñarse con una canción en este Sea When Absent: cuando le empieces a coger la gustillo cambiará de acera y tirará por otro camino completamente distinto.

Y así, te acabas quedando con momentos, porque con temas enteros acaba siendo casi imposible: el estallido lo-fi al final de ‘Crushin’’, esos sintes que suben el nivel de ‘MTLOV (Minor Keys)’… Instantes, pinceladas, ideas aisladas. Destellos de genio ahogados en medio de un barroquismo extremo que acaba por empachar. Ojalá este disco hubiese decidido tirar por alguno de los miles de caminos que tantea, porque me gustan casi todos ellos. Pero su ejercicio de zapping compulsivo me acaba saturando.

6,1

A Sunny Day in Glasgow — Sea When Absent

Ya sabéis, la teoría del trifle de Joey en Friends: “¿Cómo no me va a gustar? Si me gusta la nata y me gusta la carne…”. Pues no, en la vida hay que escoger y en la música también, por muy deliciosos que sean tus ingredientes. Por partes, un disco fantástico; en conjunto, una amalgama algo excesiva.

  • 01. Bye Bye, Big Ocean (The End)
  • 02. In Love With Useless (The Timeless Geometry in the Tradition of Passing)
  • 03. Crushin’
  • 04. MTLOV (Minor Keys)
  • 05. The Things They Do to Me
  • 06. Boys Turn Into Girls (Initiation Rites)
  • 07. Never Nothing (It’s Alright [It’s Ok])
  • 08. Double Dutch
  • 09. The Body, It Bends
  • 10. Oh, I’m a Wrecker (What to Say to Crazy People)
  • 11. Golden Waves

Lo mejor

  • Grandes ideas aquí y allá.
  • La mayoría de canciones tienen algún momento que te deja hechizado.
  • A pesar de todo, es su mejor disco hasta la fecha.

Lo peor

  • Después de ese momento encantador, vendrá otra cosa, y luego otra, y luego otra y a esas ideas no se les concede tiempo para desarrollarse
  • Los mejores cortes (con sus irregularidades) están al comenizo, lo que hace más cuesta arriba la segunda mitad del disco.
  • El exceso de jabón que les está dando una parte de la prensa.

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