Dustin O’Halloran y Adam Wiltzie han tenido a bien volver a regalarnos un trabajo con su proyecto conjunto, A Winged Victory for the Sullen. Ya casi solo queda estar agradecidos y hacer palomitas (palomitas para un disco de neoclásica, ese concepto). Lo que venga se va a disfrutar y mucho, como lo hicieron los presentes en su concierto en el Auditori durante la última edición del Primavera Sound, por mucho que algún inconsciente tratase de convencer a la gente para que no acudiese.

Atomos: el disco de los elementos indivisibles

El segundo disco del dúo estadounidense lleva por nombre Atomos (2014, Kranki/Erased Tapes). Un átomo es, según la RAE la cantidad menor de un elemento químico que tiene existencia propia y se consideró indivisible. Las divisiones en este disco son aleatorias. Todo dibuja un ambiente frío, plagado de oscuridad y angustia, de secciones de cuerda omnipresentes, y de faldas blancas de amplio vuelo adueñándose de tu mente.

Un camino irregular en lo sonoro pero no en las prestaciones, despiadadas y violentas, formidables en todo momento y lugar.

Un disco perfecto para que te acompañe en cualquier momento del día. Para que te ayude a conducir por inmensas rectas, para salir a pasear en un monte en el que se pone el sol, en un día desapacible, con todo el frío del mundo calándosete en los huesos. Atomos es eso y mucho más, once (¿qué coño ha pasado con Atomos IV?) partículas de amenazante lluvia en la que ellas mismas te van enseñando el camino hacia la luz. El camino, sin embargo, ni es fácil ni sosegado. Los violines de ‘Atomos II’ tienen cierto sentido fúnebre y perverso.

A Winged Victory for the Sullen ha decidido jugar con tu alma a su antojo. Esperanzarte con ese inicio con el piano protagonista de ‘Atomos III’, llevarlo al extasis con ‘Atomos V’ y mantener la gloria en ‘Atomos VII’. Un camino irregular en lo sonoro pero no en las prestaciones, despiadadas y violentas, formidables en todo momento y lugar.

Cierto es que tras ‘Atomos VII’ llega un periodo algo lodoso y desorientado, menos atractivo, con menor magnetismo. Se trata de un disco largo, en cada corte hay buena cantidad de minutos, y si O’Halloran y Wiltzie arriesgan más de la cuenta, el peligro no es anecdótico. Pero entonces llega esa entrada de piano en el 02:35 de ‘Atomos XI’ y todas esas aguas que amenazaron con desbordar el río e inundarnos, ahogarnos, vuelven a su cauce. Al terreno de lo realmente emotivo. A lo precioso y pulcro. Al lugar común de A Winged Victory for the Sullen.

7.9/10

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments