Casi tan fascinantes como sus películas son las numerosas batallas que ha tenido que pelear Martin Scorsese para poder sacar adelante su visión en cada una de sus películas. Muchos estudios tardaron poco en darle la espalda tras fracasar comercialmente con El rey de la comedia precisamente por su inquebrantable postura sobre sus películas, y luego están las amenazas de colectivos cristianos cuando decidió hacer La última pasión de Cristo. Hoy repasamos una de sus peleas más intensas, durante la producción de Casino.

El director había firmado un acuerdo con Universal Pictures de dos películas, y estaba indenciso entre hacer Clockers (que terminó haciendo Spike Lee) o hacer esta película de gangsters dueños de casinos. Optó por la segunda, tomando de inspiración un libro en el que Nicholas Pileggi, que escribió el libro en el que se inspiró Uno de los nuestros, estaba trabajando, contando las historias reales de una serie de mafiosos reales de Chicago. No obstante, ahí empezaron sus problemas.

A diferencia de con Uno de los nuestros, cuyo libro ya estaba publicado y había obtenido permiso para poder usar eventos, personajes y localizaciones reales, el libro de Casino todavía no estaba publicado y no dispusieron de la misma libertad. Por tanto, el equipo legal exigía a Scorsese que tomara unas cuantas desviaciones de los eventos reales para evitar repercusiones judiciales. Se cambiaron nombres y localizaciones, dejando en el proceso uno de los mejores momentos de la película, cuando los personajes dicen que es momento de ir “back home” y un rótulo comunica: “Back home years ago”.

Ese rótulo decía originalmente “Chicago” donde se produjeron los eventos reales de la película. Los abogados pidieron que la localización de cambiase a Detroit o Cleveland, algo a lo que Scorsese se negó de manera rotunda, por lo que optó por la lacónica explicación de “Bach Home”. En adición a esto, para poder cubrirse las espaldas, también se cambio el tradicional “basado en hechos reales” por un más aceptable “adaptado de hechos reales”.

En sus memorias, Scorsese detalló varias de las peleas que tuvo con este equipo legal, que asegura que le llegó a pedir que hiciera un total de 40 cambios al guion para evitar los problemas legales. En un momento de rabia, Scorsese escribe en sus memorias:

¡Los abogados incluso me están mandando páginas de guion! No puedo evitar ponerme muy cabreado.

En dicho libro, el cineasta llega a detallar dos de los cambios más significativos que le llegaron a resultar “hilarantes” en su momento.

-Hay un momento en la voz en off de la película donde un tipo que es torturado ‘tenía un pincho para el hielo clavado en su pelotas’ y seguía sin hablar. Los abogados, sinceramente, argumentaron contra la veracidad de esto, argumentando que si tienes un pincho para el hielo en las pelotas, seguirían hablando.

-Los abogados también se resistieron a la idea de ‘pegarle a un contador de cartas con una picana por segundo’, sugiriendo que ‘diez segundos son demasiado largos’.

Todas estas “sugerencias” frustraban a Scorsese, que veía que toda la esencia del proyecto se estaba perdiendo con estas quejas:

Me están dando estas ‘directrices’ que creo que ponen en peligro todo el proyecto. No voy a tolerarlo. Van a arrancar las tripas de la película. El fino entrelazado que hicimos con todos los hilos… Si empezamos a deshacer los hilos a la ligera, vamos a deshacer la estructura de toda la película.

[Los del estudio] no quieren una demanda, pero tienes que entender que o bien haces la película o no haces la pelicula.

Estos no fueron los únicos dolores de cabeza que obtuvo Scorsese haciendo la película, ya que también se topó con el escollo de la MPAA. La agencia de calificación por edades estaba por la labor de darle una calificación “NC-17”, que hubiera sido mortal para la película. A diferencia de una calificación “R”, donde los menores de 18 pueden asistir acompañados de un adulto, la “NC-17” impedía absolutamente el acceso a menores a la película, algo que las cadenas de salas de cine principales evitaban a toda costa y no programaban proyecciones de películas con esa calificación.

Por fortuna, la película ha sobrevivido como otro clásico de su filmografía, aunque financieramente no diese la talla (la taquilla en Estados Unidos no logró cubrir los costes del presupuesto).

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