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Adele — 21: madurez soul delicada pero rotunda

Adele es una de las jóvenes compositoras británicas de más talento que hay a día de hoy en activo. Demostró su talento con creces en 19, su debut, que en 2008 cosechó críticas más que favorables y vendió más de un millón de copias, detalle nada desdeñable para una cantante que no busca copar las listas de éxitos a través de melodías facilonas o de una suscripción vacía e interesada a la tendencia del momento.

En este sentido, Adele no es que vaya contracorriente, es que ha creado su propio hilo conductor en el que prima la sensatez, la narratividad y la sencillez a la hora de contar sus historias, alejada del panorama más comercial actual pero no por ello desapercibida o imperceptible. La discreción con la que esta cantante lleva a cabo su carrera no es más que otro voto a su favor y un estímulo más para sumergirse en 21, su nuevo disco, y toda una pequeña joya a descubrir.

Soul, elegancia, talento

Decir brit soul posiblemente traiga a más de uno a la cabeza la figura de Duffy, pero mucho me temo que Adele le da sopas con onda en este aspecto. Si las comparaciones son posibles, aunque odiosas, en este caso la autora de 21 suena muchísimo más original, natural y carente de necesidad alguna que la empuje a crear un producto más que una historia.

Ella misma define su estilo como “heartbroken soul“, y razón no le falta. La tónica predominante a lo largo de todo el disco es la ruptura, el desengaño, las miradas nostálgicas a un tiempo pasado tan lejano que ya no se sabe si fue real o producto de una imaginación demasiado activa. Sin embargo, la mirada con la que afronta en 21 cada instante es mucho más madura, más prístina, que en 19.

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Qué difícil me parece componer un disco en el que el tempo general tiende a lento y en el que las baladas son tan esenciales, tan minimalistas, que un piano y una buena voz hacen que cualquier otro añadido que pudieran haber incluido carezca de sentido por completo. La letra, magníficamente interpretada por Adele, cobra tal magnitud que es imposible retraerse a las imágenes que evoca y que nos llevan en un viaje por todo el disco con fluidez y con algunos altos sencillamente increíbles como este ‘Someone Like You‘, de cara al último tercio del álbum.

21, piano y voz, y todo lo demás sobra

Cuando tienes algo bueno que contar no necesitas adornarlo. Necesitas que se te escuche y no perderte por laberintos de arreglos, producción y edición que conviertan todo en un sucedáneo de lo que realmente querías decir. Adele tiene muy clara esta premisa en 21, y cada vez que necesita que se le escuche se acompaña simplemente de un piano, y en algún caso excepcional de una orquestación sencilla y en absoluto recargada o superpuesta a la base fundamental de la canción.

En un tracklist donde abundan, como hemos dicho, las baladas honestas, sencillas, destaca ‘Set Fire To The Rain‘, con una instrumentación más abundante pero que, por difícil que parezca, mantiene ese minimalismo, esa premisa de usar sólo lo inmediatamente necesario para dar color y complementar la voz de Adele. Y el resultado es genial.

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