¿Tú crees? Yo creo”. Estamos en un frío mundo, Frankie Knuckles. Ya te lo cantaba Jamie Principle sobre tu base en 1987. Buenos tiempos donde estabais cambiando todo en aras de un nuevo Punk, solo que a través de sintetizadores. De nuevo los ingleses y unos empresarios mafiosos se apropiarían de vuestro talento y de la escena años más tarde con el Acid. Frente al mercado es duro luchar pero un tipo duro como Knuckles, de aspecto de púgil de peso pesado tenía las canciones más sexuales para tirar la pista abajo.

El House en la sombra (con su groove)

Ese chico malo de la gorra al final contaba con el sonido más edulcorado. Todo fachada tras una calva reluciente, una perilla (antes barba) y una sonrisa de dentista que deslumbraba en cuanto asomaba. Aquellos Larry Levan, Jesse Saunders, Ron Hardy y Vince Lawrence, entre otros, abrieron un camino que hoy factura cifras millonarias y alegra eternos fines de semana de siete días.

De aquellos comienzos en The Gallery, en Nueva York, a su propia residencia donde construir el verdadero mito. El empujoncito del amigo Larry Levan quedándose con el Paradise Garage neoyorquino pero recomendándole para esta nueva aventura en Chicago. Dos grandes no caben en un mismo sitio, mejor en caminos separados.

Ni siquiera había acabado los años 70 y ya había que tirar lo establecido (otra vez). De aquel Funk de James Brown que George Clinton convirtió en bombas de bajos a un Disco que Kraftwerk, Giorgio Moroder, Martin Circus y sellos como West End, Salsoul o Prelude se estaban encargando de transformar. Todos ellos mejoraron una fórmula que aún tenía el groove negro de sus queridos O’Jays y del Philly Soul de antaño.

Un frío y oscuro mundo, con un Electro nuevo que les ayudó en esa marmita enorme donde entraban ritmos latinos, negros y voces de divas olvidadas. Todo para generar auténticos himnos que más de tres décadas después mantienen su chute mágico y esperanzador. Una música bailada por minorías perseguidas pero con un mensaje positivo ajeno a todo. De nuevo el Gospel sigue tan presente como en los inicios del Soul, solo que el contexto del House no sería bien visto por predicadores de moral rancia. La parroquia cambiaba de parroquianos y de estilo de vida pero seguía ahí.

Esa frase de “House Music” ya mítica sobre la cristalera de un bar, el Warehouse de Chicago, la Roland TR-909 que Derrick May vendió a Knuckles sobre 1984–1985… Son pocas las leyendas noveladas que se han ido repitiendo y contando hasta hoy en día. Pocas para todas las que podrían surgir.

El sexo divino

En 1983 Jamie Principle se encomendó a Knuckles como padrino protector. Byron Walton quería que sus ‘Your Love’ y ‘Waiting On My Angel’ creciesen lo máximo posible. Justo en ese año Knuckles inauguró su propio club: el Power Plant, donde estuvo hasta 1987.

En 1986 Frankie Knuckles decide dar un paso hacia delante y salta con su primer single You Can’t Hide con Chip E. y Joe Smooth detrás como coproductores. En la referencia lanzada al mercado británico un año más tarde el tema cambia a ‘You Can’t Hide From Yourself’ con la versión del original de Teddy Pendergrass. Un nuevo canto por salir de las sombras y estar orgulloso de uno mismo frente a cualquier prejuicio externo.

La revisión de ‘Baby Wants To Ride’ y de ‘Your Love’ en 1987, ya publicados en Trax Records, después de su paso por D.J. International Records, nos deja dos de los temas más grandes del House de la historia. Un orgasmo en manos de Jamie Principle que Knuckles construye con bajos líquidos, agudos y al mismo tiempo solemnes. La ruptura de los coros a la mitad de ‘Your Love’ mientras llega el éxtasis junto al puente instrumental.

Después de un pico tan alto ‘Bad Boy’ y ‘Cold World’, que llegaron ese mismo año, pueden parecer secundarios aunque ya les gustaría a muchos productores tenerlos en su discografía. Lo mismo en ‘Only the Strong Survive’ con unos pianitos que presagiaban lo que años más tarde hasta llevaría a Gran Bretaña a promulgar la conocida como “Ley del Acid House” (Criminal Justice and Public Order Act 1994). Unos pianitos inofensivos convertidos en el nuevo Punk, la revolución se había conseguido.

El silbidito

Con los 80 terminados, Frankie Knuckles firmará una de sus canciones más conocidas, que no mejores: la canción del silbidito. ‘The Whistle Song’ era el cambio de tercio interesado para seguir en la escena con los sonidos más suaves y sencillos que el de Nueva York podía presentar. Adiós al poso negro y bienvenidos sean las influencias de la moda que popularizó Paul Oakenfold y compañía. En aquel momento se ponía fin a la época dorada de Knuckles.

Dicho tema fue parte del debut en largo de Frankie Knuckles en Beyond The Mix (1991, Virgin). El álbum, así como el single representativo, estaba lejos de sus canciones destacadas, aunque había intentos por salvar el barco como ‘Godfather’, ‘Party At My House’ y ‘Rain Falls’.

El segundo conato de levantarse (con Adeva)

El cambio de década no había sentado demasiado bien a las producciones de Knuckles, quien se había dedicado más a situarse tras los platos y como remezclador de nombres como Michael Jackson o Diana Ross, entre tantas estrellas. Esta última faceta le valió un Grammy en 1997, año en que se inauguró el galardón “Premio Grammy a la mejor grabación remezclada, no clásica” (en 1998 se quedó como nominado).

En 1995 se decidía a volver a intentarlo en largo solo que esta vez con Adeva como compañera. La estadounidense le copiaba hasta el look a Grace Jones aunque estaba lejos de ser ella. En Welcome To The Real World (1995, Virgin) el R&B noventero seguía tonteando con el House de piloto automático. La calidad del pasado seguía sin regresar.

Entre tantos temas el single vuelve a sobresalir: ‘Whadda U Want (From Me)’ es el último hito de Knuckles. Adeva se convierte en una Whitney Houston bien acompañada por Knuckles y por David Morales (quien se encargaría del remix).

Una nueva realidad y un final

La tenacidad de quien cae de pie. Frankie Knuckles ha estado lejos de ser reconocido por el gran público como la figura crucial para la música que es. Dentro de la escena sí se fue convirtiendo en el abuelo a querer, en el que en su día hizo algo con el House pero a saber qué. Él siguió intentándolo con A New Reality (2004, Definity), hasta con el flanger incluido en ‘Bac N da Day’.

La nueva realidad es que Knuckles era el Padrino del House que decía ser (aquí Jesse Saunders podría montar unas cuantas guerras por el título) y hasta con un álbum de aspecto efectista y secundario mantenía su encanto en temas Acid como ‘Master-Peace’ y ‘Matter of Time’.

La madrugada del 31 de marzo Frankie Knuckles nos dijo adiós por complicaciones asociadas a una diabetes tipo II. Lo hizo en Chicago, a los 59 años de edad, una ciudad que le acogió como hijo adoptivo y que él convirtió en una meca electrónica dentro de un almacén de perdición. Allí ya tiene una calle con su nombre y el 25 de agosto es el día de Frankie Knuckles. Un frío mundo pero con himnos para calentar su legado.

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