La noticia ya lleva unos días resonando en el ambiente, pero aún cuesta un poco creerla. Mientras algunos intentan todavía salir de ese estado de negación hasta que terminen de lidiar con el trauma, Graveyard seguirán separados. Duele ver como las bandas se marchan justo cuando parece que han entregado su mejor obra, o cuando su trayectoria ha avanzado de manera sólida y sin mácula, con muchas perspectivas para el futuro. Es el caso de los suecos, cuya evolución parecía aún no haber encontrado su techo.

Es por eso que muchos consideran que son (eran) una de las mejores bandas de rock actualmente. Duele mucho tener que decirles adiós, pero no podemos estar de duelo prolongadamente hasta que cronifique. Pocas maneras hay mejores de despedirse con cariño de una banda que recordar todo lo bueno que te han dado, ver todo lo que echaremos de menos a partir de ahora. Por eso mismo vamos a recordar su discografía.

Graveyard (2007)

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Graveyard se presentaron en septiembre de hace casi diez años con un debut de título homónimo (Transubstans, 2007). Su presentación en sociedad era pisando el acelerador y chorreando groove con ‘Evil Ways’. Los suecos eran incapaces de ocultar su amor por todas esas bandas de blues rock y rock duro de los setenta y se notaba a la legua todas esas horas que han gastado escuchando a Black Sabbath, Led Zeppelin y un largo etcétera. Pero no es que fuera imposible ocultar su pasión por aquella época, es que no les importaba lo más mínimo demostrarlo y restregárnoslo a la cara.

Allá en 2007 podíamos ver a Witchcraft marcando terreno en el rock duro escandinavo mientras que al otro lado del charco unos jovenzuelos llamados Radio Moscow tiraban más de blues y rescataban el poder de los power trio. Graveyard querían también su parte del pastel mirando casi a los mismos referentes, pero mostrando que su prisma no era el mismo. A ellos no les importaba macerar las piezas en psicodelia suave, dejándolas madurar lo suficiente para dar más de lleno en la médula espinal del oyente, generando la sacudida y el impacto. Eran capaces de dejarte loco a base de riffs como en ‘Lost In Confusion’ como a base de jams alucinantes al estilo de ‘Blue Soul’. Ya por entonces eran capaces de marcarse un tanto bajando las revoluciones como muestran en ‘As the Years Pass By, the Hours Bend’.

Hisingen Blues (2011)

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Cuatro años después, la banda apuesta decididamente por la concreción, por dar más rienda suelta al lado más blues y explosivo de su sonido. Los guitarrazos vuelan por doquier y la garra animal impera a lo largo de Hisingen Blues (Nuclear Blast, 2011). Eso termina restando algo de vuelo a la proyección del grupo, que aunque se muestra muy acertado en sus temas más directos, no termina del todo de explotar esa virtud en los medios tiempos, representados en dos cortes: ‘Uncomfortably Numb’ y la deslumbrante ‘The Siren’.

No obstante, seguimos hablando de otro fabuloso trabajo de los suecos, que demuestran a base de talento que nada tienen que envidiar de los Witchcraft o los Radio Moscow anteriormente citados. Es más, son capaces de pasarles por la derecha y noquearlos con jitazos del calibre de ‘Ain’t Fit To Live Here’, ‘Hisingen Blues’ o ‘Rss’. Graveyard demostraron que se podían tener muchas cosas que decir incluso aunque tus referencias fueran bastante obvias.

Lights Out (2012)

https://www.youtube.com/embed/fTG1r_rREkg

No se demoraron mucho Graveyard para dar continuidad al golpe sobre la mesa que habían dado. No conformes con ello, el cuarteto avanzó aún más en sus pretensiones, exploró aún más rincones por los que habían pasado un poco de puntillas en el pasado y dieron forma a su disco más completo -¿el mejor? Para el gusto de quien aquí escribe, sí- hasta la fecha. Se podrán esgrimir más argumentos a favor de un disco o de otro, pero para mí no existe duda, Lights Out (Nuclear Blast, 2012) es su disco definitivo.

Alcanzando un magnífico equilibrio en todas sus facetas, la más calmada y la más eléctrica, el grupo termina de forjar las señas que les caracterizan y les terminan de alejar de esa frontera de ser un grupo clónico. El mar de feeling de ‘Slow Motion Countdown’, la tormenta rockera de ‘Seven Seven’, el groove de ’Endless Night’, la magia de ‘Hard Time Lovin’ o el poderoso empuje de ‘Goliath’. Toda una constelación de jitazos que termina de consolidar un disco de categoría. Simplemente enorme.

Innocence & Decadence (2015)

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Su canto de cisne fue el salto definitivo de los suecos a esa madurez a la que iban encaminados. Los medios tiempos imperan, el heavy psych sale casi por completo de la ecuación, siendo más blues y más rock añejo que nunca. A veces sueltan arranques como ‘Never Theirs To Sell’, pero hasta ahí transmiten esa sensación de movimiento controlado, de pensado con suficiente perspectiva y ejecutado con bastante buen gusto. Cada sensación parece haber estado encerrada en un barril de buena madera, madurando y formando buen sabor al mismo ritmo que envejece como el buen vino.

Son capaces de dejarnos momentos sorprendentes -ese blastbeat en ‘Never Theirs To Sell’ aun me sigue volando la cabeza-, pero los movimientos de Graveyard en Innocence & Decadence (Nuclear Blast, 2016) son comedidos, casi previsibles. Eso no es malo, ni mucho menos, porque andan tan sobrados de talento que logran dejarnos asombrados cuando llega ese clímax, aunque lo estemos viniendo venir de hace rato. En una dirección, la del rock para padres, que es casi mortal para la mayoría de grupos, ellos salen reforzados y sobrados de confianza. Quién sabe cuánto más podrían haber ofrecido de continuar hacia adelante. Desgraciadamente, ya nunca lo sabremos, pero nos sigue quedando el legado.

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