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Ainara LeGardon — Every Minute

Poca gente consigue construir una carrera larga y solvente desde el (casi) amateurismo. A buena parte de los grupos que nos gustan, sobre todo en el panorama estatal, se los acaban devorando las necesidades de la vida real, lejos de esos sueños de trascender con tu música, más destinados a edades postadolescentes. Uno de los factores que puede llegar a ayudarte es ir por tu cuenta. Si tu carrera es en solitario, tardarás en dejarla lo que te dure la motivación. Eso, o que tu teórico público te dé la espalda y te invite a dedicarte a otra cosa. Pero claro, para eso tienes que tener las narices de sobrarte tú y tu guitarra para convencer a todo aquel que escuche.

Una de esas extraordinarias carreras es la que se viene trabajando Ainara LeGardon. Every Minute (Aloud Music, 2014) es su quinto disco de estudio, y la nota media siempre se acerca al sobresaliente. Es lo que sucede cuando alguien da la vuelta a su cuerpo, y deja todas las vísceras en la superficie. Si a eso le sumas un talento descomunal, uno encuentra en Every Minute lo que era casi obvio que se iba a encontrar: otro trabajo gigantesco. Confirmando lo que se sabía ya hacía tiempo: Ainara LeGardon es uno de los mayores exponentes del rock de autor en la Península.

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Every Time está diseñado con una precisión insultantemente simple. Trabajado con el puño cerrado. Cantado con rabia. No apto para escuchas livianas. ‘Last Day’ ya deja claro que no hemos venido aquí a pasar un rato intrascendente.

We felt fear of the unknown
on your last day of freedom.
Our last day.

Efectivamente, uno se imagina la amarga voz de Ainara anunciando la llegada del apocalipsis, y entregándose a la crudeza de ‘No End’ entre la inquietante línea de bajo y los decisivos golpes de guitarra.

Siempre la guitarra. No se entiende a Ainara si las seis cuerdas no alcanzan ese pesadísimo protagonismo dialéctico. Por momentos, casi mirando a los ojos a grandes del género, como PJ Harvey o Scout Niblett, que podrían haber firmado sin inmutarse el grito desesperado de ‘Magnetic’ o la contradictoria oscuridad de ‘White’, corte en el que Ainara LeGardon explora el terreno de lo insano, los aullidos, la noche y el miedo. Lo demente dando paso a lo preclaro y ‘Every Minute’ jugando a la inmediatez, a lo que entenderíamos por single de presentación.

8,4/10

Every Minute es un disco corto. Lo es en extensión, pero sobre todo lo es en impresión. Apenas has empezado a gozarlo, y canciones tan fascinantes como ‘In the Woods’ o ‘To Each Other’. La sensación, entonces, es extraña. Cuando ‘Speeding South’ toca a su fin, y te das cuenta de que Every Minute se ha acabado, queda cierta desazón en tu interior. Como si estuvieses desnudo, expuesto a cualquier inclemencia o ataque externo. Tendrás que buscar de nuevo el abrigo en la amargura y el desengaño. Uno de los mejores discos del presente año dentro de nuestras fronteras.

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