Ainara Legardon y Fantasmage en concierto en Santiago de Compostela (CGAC, 31 de octubre): dando lecciones de autosuficiencia

“ainara1” src=”http://img.hipersonica.com/2013/11/1.jpg» class=”centro” />Triciclo. Así se llama el ciclo que contó con con la presencia de Ainara Legardon y Fantasmage en Santiago de Compostela en la noche del Samaín (los gallegos somos muy nuestros, y decimos que fueron los yanquis los que nos copiaron su tradición de Halloween). Claro que un triciclo tiene tres ruedas, no dos. El plato fuerte de la noche debería haber sido la británica Scout Niblett, pero canceló su concierto pocos días antes de celebrarse. El motivo: una gripe. La versión oficial es esa. A lo mejor es que la chica leyó en su carta astral que el día para el que había pillado los billetes de avión no era el más adecuado, y que podría costarle una afonía indefinida, o vete tú a saber lo que habita en esa maravillosa cabeza. Al final, los organizadores siguieron adelante, y se cuenta con reubicar el concierto de Niblett en otra fecha (probablemente en diciembre, pero está por ver). Es por eso que al final este triciclo nos tocará conducirlo en diferido.

Empezaba, pues, la cita con cierto sentimiento de bajón. La caída del cartel de la bienhechora de It’s Up to Emma hacía sentir cierta desazón, y hubo que esperar más de la cuenta a que empezasen los conciertos, porque por si el gafe no hubiese sido suficiente, a la buena de Ainara Legardon el coche la dejó tirada a un buen trecho del Centro Galego de Arte Contemporáneo (CGAC), en cuyo Auditorio se celebaron los conciertos. Sólo faltaba ya que la espera no valiese la pena.

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Pero sí la valió. Ainara Legardon llegó sóla. Con su guitarra y sus cuatro pedales, sus toneladas de distorsión y bien enfundada en unas botas que se calzan con solvencia y poder. No le hace falta nada más. Juega con el ruído, con los golpes de cuerda, con las suelas golpeando el parqué y crea un concierto fantástico. Desde el mismo inicio con ‘The Third’ se vio que la bilbaína estaba más que preparada para explicarnos la lección de autosuficiencia. Público sentado y enmudecido, ‘Reason’ llegándonos a los huesos, estremeciéndonos en la noche de los muertos. Suspiros, gritos, alaridos en la voz de Ainara Legardon, acorde con la violencia que desprendía su guitarra. Una violencia casada con un silencio que emparentaban a la perfección, y que permitió que algún tema nuevo como ‘In the Woods’ se pudiese disfrutar con mayúsculas.

Ya casi nadie se acordaba de Scout Niblett, salvo la propia Ainara, que le dedicaba el concierto y deseaba pronta recuperación a golpe de sopitas, antes de que ‘Thirsty’ o ‘Forget Just Anything’ fuesen adelantando el final de un concierto que para los que todavía era la primera vez que la veíamos, mejoró incluso las optimistas expectativas que llevábamos. El final de esa fiesta a contracorriente fue protagonizado por ‘I left’, en un abandono total a la deriva a la que Ainara Legardon nos había convidado durante los cerca de tres cuartos de hora que estuvo sola en el escenario. Uno de esos directos en los que apenas te das cuenta de que la chica fue sin banda, porque expresiones del tipo de ‘llena el escenario’ cobran forma con lecciones de rock solitario como la que ya terminaba.

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Y de ese rock maduro y magníficamente vestido de Ainara Legardon, se pasó al gamberrismo punk inmenso de Fantasmage. El dúo de Vigo tenía al público entregado antes siquiera de empezar a tocar. Aquello fue el espíritu de una fiesta entre colegas en un garaje con paredes de pintura desconchada, llevado al auditorio de un museo. Un contrasentido que cobró forma de la manera más natural. Lo suyo es inmediato. Guitarra, batería, y ganas locas. El repertorio, el esperado para una banda que todavía tiene apenas un Lp y una demo pululando por el mercado y su bandcamp. Fantasmage llevó los decibelios de ‘Huesos’ o ‘Fresa Salvaje’, e invitó a todo asistente a que olvidase la perfecta disposición de su flequillo minutos antes. Agitemos cabezas.

La cosa fue a más. No tanto como el respetable quería, ya que privaron de un bis a los allí asistentes, que hay que decir que no fueron demasiados, pero que lo solicitaban con insistencia. El fin de fiesta con ‘Vaciado’ y la efervescente ‘Vuelta a empezar’ fue lo que el concierto dio de sí. Bien es cierto que el repertorio era más que completo, y que la inmediatez de unos temas que tienen un minutaje corto pudo saber a escasez, pero Fantasmage no habían venido a mirar el reloj y cumplir con según qué tipo de protocolos. Habían hecho lo que sabían hacer, y lo habían hecho muy bien. Al fin y al cabo, que un concierto (en este caso, dos) te dejen con ganas de mucho más es lo mejor que cualquier asistente puede decir sobre lo que acaba de presenciar.

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