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Alela Diane — About Farewell: anticipando la derrota

Al final, es el truco más viejo del mundo. Y Alela Diane no es ajena. Es más, es tan poco ajena que ha jugado hasta con él en el título de su cuarto disco. Siempre queremos que los artistas que nos gustan sean muy felices en sus vidas privadas… pero coño, ¡qué cosas tan bonitas hacen cuando son desgraciados!. La desgracia de Alela Diane, en todo caso, es relativa, pero este About Farewell se empezó a cuajar desde la desdicha. Esa que marca que la confianza puesta en una relación amorosa (sí, el amor, esa excusa asquerosa para escribir que te mueres, sobre todo cuando no funciona) se va minando con el tiempo, y tú vas plasmando tu desazón en unos versos a los que volverás en un futuro, cuando tus propias premoniciones se vean cumplidas.

About Farewell: la voz es la dueña de todo

Básicamente, esos son los ingredientes de About Farewell. Aquellos que van preparando una derrota que quizás por anticipada consigamos que duela menos. Sobra decir que, al tratarse su anterior guitarrista, Tom Bevitori, de la pareja en cuestión, los rasgos más enérgicos del pasado Alela Diane & Wild Divine, que tantas alegrías dio a ambos. Volvemos al camino de siempre, a aquel que pintaba parajes verdes entre los acordes simples de guitarra. Un disco de cantautor que navega tranquilo entre el indie y el folk, quedándose en medio, y dejándose llevar exclusivamente por una leve corriente, para acercarse a uno u otro. No hace falta mucho más cuando uno posee esa voz. Cuando se canta así de bien, pues el resto da un poco igual, casi sobra.

En la voz de Alela Diane hasta el fracaso suena amable. Incluso el fracaso ya masticado, el que aceptamos que quizás haya sido merecido y culpa nuestra, cuando tenemos que ver que, incluso, la persona a la que teóricamente amamos, estará mejor en cualquier otro lado. Lejos, como canta en ‘About Farewell’.

Seven years to you dear heart is all that i can give
And i know that without me
You’ll find just what you need,
Deep down somewhere,
Deep down somewhere

Esta canción, un canto desesperado desde la tranquilidad, y elegido como tema que, además de dar nombre, presenta el diso, es la compañera ideal para ‘Colorado Blue’, el corte que abre el trabajo de forma excepcional. Entre los dos ejemplos previos, y ‘The Way We Fall’, que completa el trío inicial, nos hemos dado cuenta de que, si bien About Farewell no va a incluir grandes dosis de novedades musicales. Repite la tan manida fórmula de chica indie-folk con guitarra y voz hipnotizadora. Pero si a eso le sumamos su rotunda dosis de elegancia, acertar en el resultado final no resulta complicado.

About Farewell: lo que dura un suspiro

Otro de los puntos fuertes de About Farewell es que el disco conoce perfectamente sus defectos. Nunca peca de pretencioso, y deja el discurso en unos muy adecuados 33 minutitos. Alela parece ser consciente de lo arduo que puede resultar durante mucho más rato un trabajo que tiene, a día de hoy, clara tendencia a la sobreexposición. El mercado está repleto de ofertas similares, y Alela Diane no es tonta. Lo sabe. También sabe que a ella esto de escribir y cantar no se le da mal, y que puede presentar un producto que en media hora deja un regusto sabroso, pero que de extenderse se nos mezclaría con la siesta. Van discurriendo, entonces, ‘Nothing I Can Do’ o ‘Lost Land’ cumpliendo cada uno de los criterios básicos. Recordando a clásicos del género, y con la eterna elegancia y buen hacer siempre presentes.

6.7/10

Ese pequeño soplo de aire fresco, ese giro conducido a golpe no de timón, sino de violín protagonista de estupendo vals, ‘I Thought I Knew’ es otro de esos momentos profundamente agradables. Una minipíldora de felicidad de dos minutos. Algo que no te resuelve el día, pero que por narices te hace esbozar una sonrisa momentánea, cuando menos fugaz. Quizás algo escaso ese momento de esparcimiento, en un disco que, por lo demás, a pesar de todas las virtudes sobradamente expuestas, no deja de resultar un poco condenado al encorsetamiento. La propia apuesta de Alela Diane lleva esa dulce condena en la defición. Bendito corsé ese que deja habituar en su estrecho interior cosas tan exquisitas como la onírica ‘Hazel Street’. Un trabajo de esos que, al final, te hace dejarte llevar por su belleza. Aunque sólo sea eso. Que no es poco.

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