Domingo 13 de julio. 21:00 PM, hora española. Ese es el día y la hora fijada por la FIFA para la histórica final de la Copa del Mundo entre Alemania y Argentina en el Estadio Maracana de Río de Janeiro. Dos países, dos aficiones y dos continentes enfrentados en un partido que decidirá quién levantará el trofeo que hace cuatro años, en Sudáfrica, alzó el capitán de la selección española, Iker Casillas. Alemania vs. Argentina, dos históricos del fútbol mundial que también dieron nos han legado dos músicas únicas, el krautrock y el tango, que vamos a recuperar para una final de vértigo. Y no es una leyenda urbana que la autoría del bandoneón, un instrumento históricamente vinculado al tango, es alemana.

Alemania y el krautrock

Alemania dio a luz en un período tan corto como es de 1968 al último tercio de los setenta a una música tan creativa, auténtica y única como es el rock alemán, conocido popularmente como krautrock.

El krautrock fue obra de unos músicos imaginativos que aprovecharon un momento sociopolítico convulso para crear una música a caballo entre la experimentación y la electrónica. En los tiempos de la Kommunne 1 hubo varios grupos que emergieron casi de la nada como Amon Düül, formación de Münich que tuvo diversas facciones y encarnaciones, y Faust, surgidos en la multicultural Hamburgo.

Estas bandas luego agrupadas dentro del krautrock, un término que llegó del otro lado del Canal de la Mancha, de publicaciones como Melody Maker o Friends, se destacaron por su amateurismo, con la salvedad de los Amon Düül II de Chris Carrer. Bandas de culto y malditas, a posteriori, en las que pusieron los ojos el público británico, tan necesitado de nuevas perspectivas sonoras que echarse a sus espaldas.

Que la normativa legal germana impidiera el tan necesario comodín del mánager obligó a las bandas a la autogestión. Éstas eran koljoses musicales, no había líderes, ni público que soportara una escena, ni siquiera había un línea estilística que guiara sus caminos.

Eso sí, en común tenían el uso de cacharrería analógica: Mini Moogs, melotrones, máquinas electrónicas para fabricar ritmos y otro tipo de enseres hoy muy buscados por los coleccionistas.

Además de Hamburgo y Münich, de donde procedía Florian Fricke, de Popol Vuh, otras ciudades tenían sus grupos estrella. En Colonia estaban Can, en Düsseldorf Kraftwerk, Neu! y La Düsseldorf, y en Berlín el periodista Rolf Ulrich Kaiser y el productor Peter Meisel fundaron el sello Ohr Musik, sede de los cósmicos Ash Ra Tempel, Kosmischen Kurier y Cluster. Aunque sus primeros retoños con éxito fueron Guru Guru, Embryo y Tangerine Dream.

En las proximidades de Hamburgo, Michael Rother, guitarrista de Neu!, y el dúo Cluster, es decir, Roedelius y Moebius, formaron un proyecto llamado Harmonia. Pocas bandas triunfaron: salvo Kraftwerk, que se nos sale de la etiqueta krautrock, Faust, Can, cuyos seis primeros discos no llegaron a España, y Tangerine Dream, que también darían para una discusión muy entretenida sobre si pueden ser o no incluidos en ese cajón de sastre.

Popol Vuh, autores de la banda sonora de la película Fitzcarraldo, EMTiDi y Witthüser & Westrupp firmaron con el sello Pilz; y en todo este entuerto habría que mencionar también la presencia de Conny Plank, ingeniero y productor, de los tres primeros discos de Neu!, de La Düsseldorf o el recomendable Flammende Herzen de Michael Rother.

Nos tiramos al barro con tres recomendaciones de krautrock poco mencionadas:

Popol Vuh — In den Gärten Pharaos (Piltz, 1971)

Dos únicos temas, uno por cara, se incluían en este disco del grupo de Florian Fricke: el que da título al disco y ‘Vuh’. En la reedición de 2004 SPV incluyó dos cortes extra: ‘Kha — White Structures 1’ y ‘Kha — White Structures 2’. Fricke tocó Moog, órgano y piano Fender, con la colaboración de Holger Trülzsch (percusión africana y turca) y Frank Fiedler (mezcla de Moog y sintetizadores).

Todos los sentidos tienen que estar atentos para disfrutar de este viaje astral guiado por el Moog y unas percusiones que van apoderándose del cuerpo y la mente del oyente. Un segundo álbum de Popol Vuh que supone un viaje psicodélico en el tema ‘In den Gärten Pharaos’ y un corte en directo, ‘Vuh’, grabado en una iglesia con un órgano espectral y grandilocuente acompañado de percusión, Moog, canto y bongos. Podemos asegurar que es un preludio de lo que después conoceríamos como drone.

EMTiDi — Saat (Pilz, 1972)

Saat en realidad es un álbum de folk con sintetizadores analógicos pero es una de las piezas clave del krautrock. La alianza entre Mail Hirschfeldt y la mezzosoprano canadiense Dolly Holmes surgió en Londres pero fue en Alemania donde forjaron una alianza que duró dos discos, uno de título homónimo y éste que en su traducción al castellano significa Siembra. El productor Dieter Rierks dio forma a este álbum en apariencia sencillo, con toques pelín cósmicos, forjado a base de sintetizador, bajo, vibráfono, flauta, mellotrón, órgano o piano eléctrico. El material está formado por temas en inglés, excepto ‘Die Raise’. ‘Traüme’ podría definirse como un corte ambient, una etiqueta entonces desconocida. Para fans de los Pink Floyd de More y Ash Ra Tempel.

Harmonia — Music Von Armonia (Brain Records, 1974)

Krautrock, cosmic music, Harmonia es el resultado de la unión de Michael Rother, guitarrista de Neu!, quienes habían sufrido una gran decepción comercial con sus dos primeros discos, y Cluster, el dúo formado por Hans-Joachim Roedelius y Dieter Moebius. Nos encontramos con un álbum de música muy ambiental. Sintetizadores, percusión electrónica y una enorme cantidad de sonidos, detalles, toques y pinceladas que le acercan por momentos a lo que hoy conocemos como ambient. De Harmonia Brian Eno dijo que era “la más importante banda de rock del mundo en su momento”. Amén.

Argentina es el tango

El tango es Argentina y Argentina es el tango. Música de la región del Río de la Plata con su propio argot, el lunfardo, preñado de expresiones africanas e italianas. En origen el tango se basaba en guitarra, violín y flauta, pero la introducción del bandoneón hacia 1910 y el piano cambió radicalmente el estilo hacia un sonido tal y como lo conocemos hoy.

Carlos Gardel popularizó el tango, también fue un revolucionario. Mi noche triste fue su primera grabación en 1917. Y fue la estrella mundial de un estilo propio entre 1925 y 1935, año de su fallecimiento en un trágico accidente aéreo.

Son muchos los grandes del tango Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi, los letristas Discépolo y Cadícamo, Leopoldo Federico o en época más cercana ‘Polaco’ Goyeneche, Daniel Melingo o Adriana Varela.

Pero de todas sus épocas, la dorada con Aníbal Troilo (Pichuco), la del tango de vanguardia con Astor Piazzolla y el tango contemporáneo con Adriana Varela, son suficientes ejemplos para hacernos idea de esta música inmortal.

Aníbal Troilo, alma de bandoneón

Nacido en pleno barrio del Abasto bonaerense en 1914 y fallecido en 1975, Aníbal Troilo pasa por ser el mejor estilista del bandoneón de toda la historia tanguera. Sus solos fraseados en ‘Malena’, ‘La cumparsita’, ‘Responso’ o sus variaciones corridas o fraseadas en ‘Romance de barrio’, ‘La revancha’, la selección de tangos de Julio de Caro que realizó con su orquesta, sus definitivas versiones de ‘Ivette’, ‘Maipo’, ‘La cachila’, ‘El abrojito’ o ‘Del barrio de las latas’, son claros ejemplos de su aportació magistral a este arte centenario.

Aníbal Troilo fue el líder de aquella Generación del Cuarenta, hay un antes y después de él porque fue el ídolo de los jóvenes intérpretes. Y también el director que supo elegir a unos instrumentistas majestuosos para su orquesta, en la que cabe mencionar a Argentino Galván, Emilio Balcarce o Ismael Spitalnik.

Su repertorio incluyó tanto composiciones instrumentales como de tango canción, inclinando siempre hacia una manera más sensible, melódica y romántica la balanza de su repertorio. Allí estaban ‘Tinta roja’, ‘Copas, amigos y besos’, ‘Tarde gris’, ‘Te llaman malevo’, ‘Barrio de tango’ o ‘Adiós Nonino’. Aportando un sinfín de composiciones con la colaboración de Homero Manzi, Cátulo Castillo o el propio Piazzolla.

Astor Piazzolla, el tango de vanguardia

Nacido en 1921 en Mar del Plata y muerto en Buenos Aires en 1992, es con Carlos Gardel el nombre que más se menciona cuando se habla de tango. Para entender su aportación a esta música merece la pena reproducir lo que dijo de él Carlos Curi:

Piazzolla no vuelve al tango. Cambia al tango de su lugar. Convierte al tango piazzolleano en música límite. Una música que no admite eclecticismo y que, sin embargo, conquista el borde filoso de muchas músicas sembradas en una. Alcanza la frontera precisa, la intersección justa de sonoridades heterogéneas. Encuentra, en definitiva, una identidad estética que en su solides puede alojar sin deformación ni espanto, a la fuga, la improvisación del jazz o las tentaciones atonales. Este carácter le cambia el rumbo a la historia de la música de Buenos Aires.

Piazzolla tocaba el bandoneón, pero también era compositor, arreglista, director musical y un sabio del tango. Si tuviéramos que ponerlo al nivel de otros músicos estaría al del brasileño Antonio Carlos Jobim y al trompetista norteamericano de jazz Miles Davis.

Su discografía es ingente pero no siempre estuvo bien considerado por el propio público del tango tradicional. Como Enrique Morente en el flamenco, Astor Piazzolla fue un incomprendido por los más ortodoxos, por las discográficas que le habían colgado el sambenito de poco comercial.

Su talento creativo y su trabajo tanto haciendo arreglos como escribiendo bandas sonoras de películas le sitúan como un genio incapaz de repetirse en muchísimas generaciones. Al lado de Piazzolla estuvieron una serie de músicos increíbles como: Antonio Agri (violín), Jaime Gosis (piano), Óscare López Ruiz (guitarra eléctrica) y Quicho Díaz (contrabajo).

Adriana Varela, la dama del tango argentino

La Gata Varela, apodo con el que se le conoce, nació en Avellaneda en 1952. Representa el tango de los noventa y la gran revelación pues ha sido comparada con talentos vocales femeninos como Nina Simone, Lole Montoya o Etta James. Entró en el tango casi por casualidad tras haber sido descubierta cantando en un bar, donde empezó a actuar gracias a Néstor Marconi, por Roberto ‘Polaco’ Goyeneche.

Su carrera estuvo vinculada a la del sello Melopea y al productor Litto Nebbia. Su debut fue Tangos (1991), con el que lograría el premio ACE como mejor álbum de música ciudadana, al que seguiría Maquillaje (1992), donde contó como invitados de lujo al compositor Virgilio Expósito y a Polaco Goyeneche, y Corazones perversos (1994). Estos tres primeros discos son imprescindibles para quien quiera introducirse en la discografía de esta Gran Dama del tango.

Su nombre aparece en todas las antologías de nuevo tango argentino junto a Carlos Buno Orquesta, Walter Ríos Quinteto, Tito Reyes y Osvaldo Piro Ensemble Nuevo. Y su cuarto elepé, Tangos de Lengue (1995), subtitulado Varela Canta a Cadícamo, fue un homenaje a uno de los mejores letristas del tango en el primer aniversario de su muerte.

Enrique Cadícamo ya aparecía en los créditos de algunas grabaciones de Carlos Gardel en los años 20. Pero su genio como compositor permaneció hasta su muerte en diciembre de 1999, cuando estaba a punto de ser centenario. En Tangos de Lengue recuperó con Litto Nebbia algunas piezas inéditas del maestro. En esta grabación le acompañaron Néstor Marconi, Gustavo Fedel, Esteban Morgado, Ángel Bonura, Carlos Buono, el propio Nebbia y la participación especial de Antonio Agri.

Como una gata salvaje, Adriana Varela fue presentada al público español en un recopilatorio titulado Vuelve el tango, editado por Nuevos Medios, que recuperaba sus mejores tangos grabados entre 1991 y 1994. Quien quiera bucear en su carrera puede empezar por éste y por Toda mi vida, también editado por el desaparecido sello de Mario Pacheco en 1999.

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