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Las estaciones del año, además de compartir unas condiciones climáticas y un número de horas de luz de Sol similares, y de separarse gracias a solsticios y equinoccios, son, porque así me lo parece, estados de ánimos para disfrutar del pop. Sin fundamento alguno que me respalde, como cualquier chamán de parafarmacia (aunque mi hipótesis sea bastante más coherente y consistente que sus preceptos), creo que habría que inventar una exclusivamente para un pop tan luminoso y brillante (que no es lo mismo) para el nuevo disco de Allo Darlin’, Europe. Porque esa manera de ser simultáneamente abril y junio, con su incremento de horas de luz natural, con una suave brisa acariciando tu piel, alejada del bullicio y el calor insoportables del verano, debería estar considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Todos los jugones sonríen igual

Aunque hable de una concepción del pop, en la que podríamos englobar las virtudes y mejores canciones de Camera Obscura, The Pains Of Being Pure at Heart, The Delgados, unos Los Campesinos! menos anfetamínicos y unos tímidos y primigenios Belle & Sebastian, lo que han conseguido con este álbum Allo Darlin’ va más allá de un logrado resultado estilístico y estético; supone la consagración del grupo con un segundo disco que representa un salto cualitativo tan grande respecto a su cándido debut que, por un momento, contienes la respiración por no romper el encanto del momento, por si resulta algo tan efímero que no quieres disfrutar a bocados grandes, para conservar el sabor en el paladar el mayor tiempo posible. Y eso que ese debut era fantástico.

10 caramelos pop sin azúcares añadidos

Por el camino han perdido importancia el ukelele (aunque lleve el peso de la lánguida ‘Tallulah’) y las percusiones, y ya no suenan tan inocentemente amateur como con su homónimo debut. Ya no está el jolgorio de sentirse debutantes, ni la euforia pizpireta que desprendía entonces Elisabeth Morris. Pero, a cambio, nos aportan sofisticación y elaboración, principalmente a través de sus adictivas guitarras, pero también gracias a unas letras tan sutiles como llenas de referencias (¿o no creéis que encajaría genial “a record is not just a record / a record can hold memories” en Alta Fidelidad? ¿Y “and you were searching something to sing to / as the radio played another terrible song”? ¿Y “I’m wondering if/ I’ve already heard all the songs / that meant something”)?. Diréis que han perdido frescura, pero han ganado calidez, madurez y un encanto más prolongado.

La majestuosidad y efectividad (por la frontera del (muchas veces injustamente denostado) indie-twee-pop por la que discurre el álbum) de cuatro gemas como ‘Capricornia’, ‘Northern Lights’, ‘Wonderland’ o ‘Still Young’ demuestran que su fórmula ha ganado empaque, y aunque convencionaliza sus desarrollos, les acerca al sonido de Sarah Records y de otros contemporáneos como The Pains Of Being Pure At Heart. Han redoblado sus esfuerzos para que sus canciones fuesen exultantemente consistentes, compactas, inquebrantables, de manera que potencian su facilidad para la construcción melódica, los ritmos contagiosos y los fraseos adictivos, tanto vocales como, de manera capital, hay que conceder en este disco al guitarrista, Paul Rains.

La belleza cándida y suave de la chica inteligente pero de aspecto tímido y aparentemente vulnerable

Si Beach House son como una novia eslava, Allo Darlin’ es esa dulce y abstemia chica de intercambio danesa de abuelos exóticos, de educación ligeramente autodidacta y precioso gorro de lana con la que pasear descalzos por el césped de cualquier jardín cuando sale el Sol tras un chaparrón, con la que haces los crucigramas mientras esperas a que salgan del horno sus deliciosas galletas caseras. Y, como tal, también sabe ser delicada y emotiva sin ser ñoña, por lo que en los medios tiempos brilla sin que los focos se posen en ella; las canciones, por sí solas, iluminarán la habitación aunque únicamente estén encendidas las luces de las mesitas de noche o, de un modo todavía más bohemio, esas velas aromáticas que hasta entonces te parecían una mariconada pero que acabas apreciendo. ‘Some people say’ (que recuerda mucho a Camera Obscura), ‘My sweet friend’ o ‘The letter’ convierten la melancolía en un impulso positivo del que no podrás escaparte. Incluso en la más íntima del disco, ‘Tallulah’, ukelele y voz, como un abrazo al lado de la chimenea, a pesar de que te esté diciendo tranquilamente, sin que se le quiebre la voz, que igual no está segura de vuestra relación.

Siguen siendo jóvenes [“We’re still young” (“we’re still young!”)], pero si en su debut eran “recién licendiados”, aquí la observan con la suficiente distancia como para reconocerse en otra etapa vital (“in my old universty car”), pero lo suficientemente cerca como para todavía sentirse identificado con esas vivencias anteriores. Y lo son, demostrando que están sobradamente preparados, que son inteligentes tanto en el plano meramente compositivo como en el barniz emocional que recubre las canciones. Ese optimismo moderado ante la incertidumbre del futuro es bastante mejor opción que la angustia juvenil, y es una postura bastante más meditada que la que se le suele conceder por lo superficial de un género (el twee) vilipendiado. ¿Pero acaso no creéis que si Nick Hornby fuese un veinteañero no estaría profundamente emocionado ante un disco tan genuino y riquiño (cute, apañado, tierno)?

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