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alt-j — An awesome wave: el esplendor geométrico de tu mirada

“Alt-J An Awesome Wave” src=”http://img.hipersonica.com/2012/10/alt-j-an-awesome-wave-critica.jpg” class=”centro” />

Los caminos del hype son inescrutables, pero si llamas a tu grupo con un comando para Mac, tu disco de debut es resultón, la voz de tu cantante es crítpica y personal y manejas con soltura las texturas electrónicas y las condimentas con influencias que están en boga en los últimos años, tienes bastantes probabilidades de que, de manera más o menos fugaz, surfees en la cresta de la ola durante un tiempo indefinido, hasta que llegues a la orilla o naufragues en medio del temporal. An awesome wave, de alt-J, aprovecha la marejada de fondo para alcanzar velocidad de crucero, pero solo el tiempo permitirá que valoremos su travesía con la perspectiva necesaria.

El triángulo isósceles de las emociones

La fascinación que me provoca que cuanto más impersonal, aséptica y hermética resulte la instrumentación de un grupo, más empático y emocional me resulte, es una de las mejores sensaciones que puede despertar un grupo en ti. La maleabilidad y elasticidad de las canciones en su desarrollo, aprovechando cualquier recurso (coros envolventes, teclados tránsfugas, percusiones automáticas, tímidas guitarras) configura un álbum más artificioso que artificial, más digital que analógico pero no por ello desenfocado de un manantial emocional que corre el riesgo de pasar desapercibido bajo la enorme pompa de su meticulosidad.

https://www.youtube.com/embed/Qg6BwvDcANg

En su exuberante contorsionismo, las maniobras no se eligen por lucimiento, sino por la libertad de elección y de acción que les aporta un talento inusual en una banda debutante. De entre los ecos que se propagan desde otros altavoces mediáticos (principalmente molestos los de Thom Yorke y Radiohead, más acertados los de Liars, TV on The Radio, These New Puritans, Massive Attack, The xx), quizá los que mejor confluyen en su propuesta sean los de Wild Beasts y Grizzly Bear. Su lírica basada en las matemáticas, sus melodías teatrales e inquietantes y su delicadeza siniestra y postacopalíptica resultan atractivas por el empeño que dedicas a intentar deshilachar sus canciones, que mantienen su esencia tanto en su versión deconstruida como en la ornamentada, y que convierten a la asimilación en un ejercicio inútil pero igualmente disfrutable.

https://www.youtube.com/embed/aNYjOVo5IEw

∆(delta), el incremento de la variable a despejar

La desnudez anestesiada a partir de la que se van incorporando elementos en este disco, partiendo de una de las ‘Intro’ más adictivas de los últimos tiempos (magnética y sagaz como la de The xx) y de un interludio vocal tan temprano e inesperado como críptico y envolvente, puede llegar a incomodar cuando te das cuenta de que el mayor peligro para este disco es caer en la sobreproducción, en la mirada orgullosa delante del espejo, en el guiño a la galería. La rotundidad con la que emergen ‘Tessellate’ y ‘Breezeblocks’ hace que vayas posponiendo tu pregunta a medida que avanzas por el disco, porque en seguida el segundo interludio alivia su grandilocuencia.

https://www.youtube.com/embed/rVeMiVU77wo

‘Something good’ y ‘Dissolve me’ conceden protagonismo a su vertiente más pop, a la accesibilidad más complaciente y entusiasta, apaciguadas discretamente por la deliciosa sutileza de ‘Matilda’ y ‘Ms’, que extienden la alfombra roja para las cumbres del disco, entendidas como las canciones más elaboradas, barrocas y camaleónicas, no necesariamente las más brillantes. ‘Fitzpatrick’ comienza tribal y salvaje, discurre anárquica y violenta y se transforma en una brillante cascada de chispas incandescentes, que fraguan en la solidez sin fisuras de ‘Bloodflood’, y en el exotismo sensual y decadente de ‘Taro’, con ese final “banghra”, entre el autosabotaje y la ocurrencia genial, entre la broma privada y las ganas de trollear.

Haya o no un criterio aleatorio que condicione hacia dónde se dirige cada canción, la sensación de fluidez con la que inteligentemente van deslizando sus melodías, sin forzar los giros aunque más de uno tenga el aroma a experimento o ensayo alquimista, es la que concede el beneficio de la duda al grupo británico. En su aparente estatismo empieza su movimiento; en su quietud sin forma destaca su esplendor geométrico, y en su elegancia conceptual su funcionalidad fundamental: es un disco para acompañar, de manera discreta, tus contratiempos. Es el hipnotismo de la pulcritud emocional lo que te atrapa, lo que no te deja escapar, lo que no puedes dejar de mirar a esos ojos que te ajustician ante tu conciencia.

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