Muchos se siguen asombrando de que la humanidad siga cometiendo barbaridades tales que llevan a cuestionarse si merecen de verdad llamarse “humanidad”. Cómo un ser humano puede llegar a estar tan corrompido por dentro para realizar cierto tipo de barbaridades es algo que sigue siendo un misterio. Algo en su interior les lleva a desatar esa oscuridad y esa podredumbre que llevan dentro y acaban cometiendo el mal. Qué pena que no empleen esos sentimientos malignos para algo más provechoso, como por ejemplo tocar metal extremo.

No son pocas las veces que me planteo cómo ciertos grupos del género son capaces de generar semejante cantidad de tenebrosidad y rabia con unos instrumentos. De dónde saldrán tantas tinieblas. Me lo pregunto, por ejemplo, cuando suena el debut de Altarage, unos bilbaínos que llegan un poco siendo un secreto a voces y han logrado dejarme patidifuso escuchando semejante homenaje a la oscuridad, lo retorcido, lo brutal y lo demoníaco. No sólo quedándome con los ojos como platos al escucharlo, sino también gozándolo enormemente.

Altarage, de dónde procede tanta negrura

Es complicado definir la propuesta de Altarage como revolucionaria, pero sí se podría calificar como apabullante y asombrosa. Lo suyo es puro metal extremo, nutriéndose de esa zona donde colisionan los mundos del death metal y el black metal a la manera de grupos como Portal. Se podría decir que los bilbaínos se dejan caer un poco más por el primer subgénero extremo y también tienden la mano a otros sonidos del metal, siendo la prueba definitiva de que en esta formación milita todo un peso pesado de nuestro metal como es Javier Gálvez de Horn of the Rhino.

Si ya apuntaban grandes maneras con la demo del año pasado, con Nihl (Iron BoneHead, 2016) ya se han destapado como una de las formaciones más potentes del metal actual. Es un disco que consigue recorrer la dirección hacia la que más o menos apuntaban Horn of the Rhino con el monumental Grengus (Doomentia, 2012), pero llegando mucho más lejos que en ese disco. La tensión que se genera hace que el ambiente se vuelva casi irrespirable, que la mugre que recubre a esas guitarras te acabe estallando en la cara, pero siempre realizando un ejercicio bien medido, demostrando mucha maestría.

A pesar de, por así decirlo, ir muy asacoputo en lo que se refiere a ejecución, no es un álbum que llegue a abrumar. Los riffs son apisonantes, pero también diáfanos al contar con una producción que los hace distinguibles. El hecho de que los riffs sean tan tremendos y apreciables permiten que el trabajo de Altarage destaque sobre el resto desde el minuto uno. Monstruosidad tras monstruosidad, consiguen dejar en pañales a otras bandas del estilo que ya están plenamente establecidas. Demuestran que son unos debutantes pero que eso no quiere decir que sean novatos en esto.

8.5/10

No me cabe la menor duda al afirmar que este Nihl puede ser uno de los trabajos de death metal que más me han impactado en mucho tiempo. Con este trabajo se posicionan muy bien para el galardón de mejor disco de metal extremo del año. Y eso que salió una competencia muy grande nada más empezar 2016. Cuesta pensar que vayan a alcanzar una repercusión enorme, pero no sería de locos pensar en que acabe calando bastante entre los más acérrimos seguidores del metal extremo en el territorio europeo. Al menos calidad para ello no les falta. Por eso, larga vida a Altarage.

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