Farfullaba el lenguaraz de Víctor Lenore la semana pasada que muchos de los músicos actuales habían crecido sin referentes macarras y, en parte, debo darle la razón. Es evidente que la escena mainstream (sobre la que se sitúa el foco de la publicación en la que escribe el susodicho) ha cambiado radicalmente en los últimos 25 años y uno de los principales cambios reside, precisamente, en el ablandamiento y futilidad de las estrellas más rutilantes del momento. Ahora bien, reducir toda la creación musical actual a los escarceos de, las sempiternas en Playground, Miles Cyrus o Rihanna es un ejercicio de reduccionismo que tiene tanto de nocivo como de estúpido, pues más allá de lo que dictan los magnates de la industria siguen subsistiendo bandas con cojones, bandas que han dejado sudor y sangre en un camino marcado por el legado de los clásicos, un legado que veneran y ponen de actualidad de una forma respetuosa pero agresiva.

Los U2 de finales de los 90 son el espejo en el que se miran todas esas bandas elevadas al rango de esperanza por los entes generadores del pensamiento único, pero, mientras esto sucede, muchas siguen siendo las bandas que, a pesar de no contar con el apoyo de la prensa cool, siguen vendiendo cientos de miles de discos y colgando el ‘Sold Out’ allá donde toquen. Una de estas bandas son los norteamericanos Alter Bridge, quienes recogiendo en sus inicios parte de la furia emanante del Seattle de los 90, han ido creciendo mirando, de forma indisimulada, al pasado, a los años en los que el Hard Rock alcanzó su máxima expresión y en los que, como insinúa disimuladamente Lenore, el macarrismo diría adios al mundo mainstream.

Solos en la cima

A algunos os parecerá gratuita la cita del inicio de este post pero he de reconoceros que, en mi contrariedad ante tan funesto artículo, Alter Bridge fue una de las pocas bandas que pude recordar como estandartes de un sonido ‘macarra’ y con unas cifras de ventas o de asistencias a sus conciertos que podrían meterlos en el saco del mundo mainstream. Evidentemente no alcanzan ni alcanzarán nunca lo logrado por las grandes bandas del Rock de los años 80, pero si alguna banda cuenta con madera para lograrlo, ésta es el combo comandado por Mark Tremonti y Myles Kennedy.

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Y es que lo que los de Florida hacen en su cuarto álbum es, por un lado deshacerse de una vez de la sombra del beato Scott Stapp y, por otro, demostrar que son la banda más en forma del Hard Rock actual, género en el que definitivamente parecen querer encuadrarse tras quedar su Post-Grunge (odiosísima etiqueta) sepultado a base de riffs y actitud.

Algunos sintieron enfriar su conexión con Alter Bridge tras un tercer disco que significó cierto cambio en los planteamientos pero un refuerzo de algunos de los dogmas que definen la propuesta de la banda. Quizás excesivo en algunos matices y poco concreto en sus aciertos, ABIII puede quedar en la historia de la banda como un álbum menor en lo artístico pero fundamental en lo sentimental, pues, analizado a vista de pájaro supone el germen de todos las bondades que encierra Fortress, álbum que, en mi opinión, es lo más acertado que la banda ha grabado hasta el momento.

Una banda en estado de gracia

Como avisaba Mark Tremonti unos meses antes del lanzamiento de Fortress, éste no iba a ser un álbum para cubrir el expediente, sino que nacía con vocación de sorprender a sus seguidores y de, sobre todo, afianzar a Alter Bridge alejando las dudas al respecto del compromiso con el combo de él mismo y del vocalista de la banda. El guitarrista nos describía Fortress como un álbum sorprendente e impactante con respecto a lo ofrecido en el empequeñecido anterior álbum, y lo expuesto en las próximas líneas corroborará estas afirmaciones.

Con una pétrea confianza en sus posibilidades, Alter Bridge han construído no solo su álbum más potente hasta la fecha, sino su disco más imaginativo, variado y completo, recogiendo todos los aciertos mostrados en el pasado y sumando a la ecuación estructuras más complejas y variadas, composiciones con una epicidad que convierte a todos los temas recogidos en Fortress en carne de directo y, sobre todo, dejando que las canciones se desarrollen de forma mucho más natural y menos atropellada que en anteriores discos, factor que ha llevado a muchos a considerar a éste como el álbum prog de los estadounidenses, cuestión que, a pesar de todo, me parece excesiva.

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La inicial ‘Cry of Achiles’, la blusera ‘Bleed it Dry’, la frenética ‘Calm The Fire’ o la homónima ‘Fortress’ ejemplifican a la perfección la apuesta por desarrollos más naturales y pausados (que no lentos pues el disco es una auténtica montaña rusa), respondiendo de todos modos cada una a un contexto diferenciado, tanto los medios como en el conjunto del álbum.

En contraposición a éstas, por sus características estructurales, se encuentran temas como ‘Addicted to Pain’ o ‘Farther than the Sun’, donde Alter Bridge suenan tan directos como en el exitoso Blackbird pero con un poso, un deje más clásico, sobrevolando en sus minutajes sombras tan alargadas como las de maestros del riff thrasher como Kirk Hammet o Dimebag Darrel, quienes constituyen una clara influencia para Mark Tremonti.

Y toca hacer hincapie en Mark Tremonti pues, junto a la habitual maestría vocal de Myles Kennedy, el guitarrista desarrolla el que hasta el momento es el mejor trabajo de su carrera, dejando atrás los tiempos de Creed, aquellos en los que cumplía pero no brillaba, convirtiéndose en un maestro del shredding, una máquina de crear riffs aplastantes e imaginativos.

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Un tanto pesado por carecer de temas reposados que supongan un verdadero descanso a la altura de los momentos más brillantes del álbum, Fortress se despliega ante el oyente como un álbum monolítico, cohesionado y muy contundente, en sonido y en significado.

8.1/10

Es cierto que el macarrismo que en décadas pasadas abundaba en el mainstream ahora se ha convertido en chonismo y vulgaridad banal, pero no por desaparición de propuestas con estas características, sino porque, como bien sabemos todos, las modas cambian, ya sea por interés del público o por esfuerzo de los entes generadores de opinión. Más difícil lo tienen ahora las bandas de puño en alto, cuernos y pelo largo para alcanzar la fama y reconocimiento del que disfrutaban en décadas pasadas, pero eso no significa que hayan dejado de exitir ni de alumbrar grandes álbumes. Valga el ejemplo del cuarto álbum de Alter Bridge para constatar todo esto.

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