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Ampacity — Superluminal

He de reconocer que cuando los polacos Ampacity se estrenaron hace un par de años no me los tomé demasiado en serio. Demostraron ser una banda solvente, consecuente, sólida, pero su Space Rock de corte retro carecía de ese punch que creo debe tener quien quiere sobrepasar las fronteras de una escena tan minoritaria. Encounter One (Nasiono Records, 2013) contó con una muy buena acogida en esta mi casa, claro, pero a mí me dejó a medias.

Digo a medias porque a pesar de que la propuesta contaba con todos los ingredientes para entusiasmarme, le faltaba un par de vueltas de tuerca, ese “este son mis cojones” con el que lo reventaron Yuri Gagarin ese mismo año. Sí, los suecos pecaron de ser excesivamente monolíticos y de no dar un solo momento de respiro en ese chute de LSD que fue su debut, pero es ese exceso, precisamente, lo que creo que debe ser ingrediente principal en un álbum de estas características si quiere dejar de ser uno más dentro del océano de lanzamientos anuales.

Superluminal: hacia el infinito, y más allá

Claro, también cabe la posibilidad de que Ampacity simplemente quisiesen estrenarse desde una posición no demasiado beligerante, guardándose algún que otro as en la manga de cara a posteriores discos, como si tuviesen planificados no solo los primeros pasos de su carrera sino varios de los lanzamientos que seguirían a su debut. Puede que esto sea buscarle pies de más al gato, pero escuchado este Superluminal (Instant Classic, 2015) todo apunta a esta dirección.

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Y creo que los puntos claves de este fantástico Superluminal vienen a corroborar mi teoría. Los márgenes son los mismos, las perspectivas similares, pero en su segundo álbum Ampacity sí juegan al más y más grande, a trasladarnos al interior de un huracán en el que todo da vueltas pero del que, a pesar del vértigo y el mareo subsiguiente, no queremos salir.

De hecho el disco deja de lado la pulcritud o la manejabilidad de las jams clásicas que conformaron su primer álbum para lanzarse de lleno hacia las ascensiones y descensos que definen a la lisergia, saturando el sonido lo máximo posible, subiendo el ritmo hasta dejarnos sin respiración. Esto ya no va de visitas al pasado y homenajes a Hawkwind, aquí el objetivo es lanzarnos al espacio en una cápsula a punto de la descompresión para ver cómo nos desenvolvemos en un viaje al infinito sin rumbo ni posibilidad de salvación, esto ya no se trata de fumar en pipa sino de llevar nuestra mente al límite a imagen y semejanza de lo que hicieron el año pasado los pirados de Electric Moon.

El fuzz desbocado cuando llega el momento, ese escalofriante theremin que parece sacado de una película de terror de los años 30, el arranque de burro y parada de corcel con el que aprovechan el aturdimiento para hundirnos aún más en su infernal propuesta. Ampacity nos envuelven en una epopeya espacial que no necesita de narrador pues su música hace de vehículo y entorno, y lo hacen construyendo un álbum no sólo más arriesgado que su debut, sino mucho más sólido y mucho más necesario en estos tiempos en los que el homenaje al pasado más que un medio se ha convertido en una casi mayoritaria razón de ser.

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El caso es que Ampacity han conseguido demostrar que lo de su debut no fue una aparición fugaz sino el nacimiento de una banda dispuesta a comerse el mundo. Empezaron sin hacer mucho ruido, pero este Superluminal demuestra que esas bondades que no eran tan evidentes entonces hoy les convierten ya en una banda incontestable, en uno de los mayores talentos que podemos encontrar hoy día en el mundo de la lisergia a nivel mundial.

8.3/10

Veremos qué sucede con el siempre peligroso tercer álbum. El caso es que la talla mostrada en Superluminal, la maestría instrumental, su efectividad y su magistral manejo de la psicodelia ya han hecho que el viaje merezca la pena en la muy temprana segunda etapa. Ampacity son los únicos dueños de sus límites, solamente deseo que el próximo viaje nos lleve aún más lejos. Yo ya he comprado el billete, ¿y vosotros?

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