‘Those who cannot learn from history are doomed to repeat it’

Sin lugar a dudas éste es uno de los axiomas que un tipo como Sel Balamir debe llevar tatutado a sangre y fuego en alguna parte de su cuerpo. Varios han sido los obstáculos que los ingleses Amplifier han tenido que superar en sus casi quince años de carrera, tres lustros en los que han pasado de ser la gran esperanza del Rock Progresivo británico a convertirse en una marioneta en manos de la industria discográfica y acabar renaciendo de sus propias cenizas cuando nadie contaba con ellos con uno de los discos más monolíticos y excesivos que un servidor recuerda. Muchas han sido las vivencias de las que Balamir y compañía han aprendido en todo este tiempo, sacando lecturas positivas para intentar no volver a caer en los errores del pasado. Echo Street es echar la vista atrás, es intentar demostrar que uno ha aprendido la lección que le ha planteado el pasado.

Amplifier y el DeLorean

Para este ejercicio de revisión nostálgica, de paseo por las referencias y los orígenes musicales de Amplifier, Sel Balamir ha decidido jugar la carta del viaje en el tiempo, de acudir a las técnicas y planteamientos compositivos y de grabación propios de las dos décadas a las que Echo Street pretende hacer referencia. Para este viaje que ha supuesto el proceso de composición y grabación Balamir y compañía, importante anotar que Steve Durose de los extintos Oceansize se ha unido a la tripulación, Amplifier reservaron solamente trayecto y estancia por 6 días, como pretendiendo demostrar que son capaces de emular a todas esas bandas a las que idolatran compitiendo en igualdad de condiciones que ellas.

A pesar de que la andadura de Amplifier no es realmente extensa, buceando dentro de los 3 discos que llevan editados hasta el momento, rebuscando entre esos ejercicios de orfebrería progresiva y Space Rock de discos como el homónimo, el monumental The Octopus, y en menor medida, el impuesto Insider, uno percibe que la banda de Manchester cuenta con argumentos, con herramientas más que suficientes como para poder desarrollar desde ya ‘inside jokes’ musicales, autoreferencias a su propio sonido sin resultar pedantes ni petulantes, simplemente coherenes y conscientes de lo que son y de donde provienen.

Sin embargo, estas referencias al pasado no se remontan solamente a los años que Balamir y compañía llevan juntos, sino que con Echo Street, Amplifier echan la vista tan atrás que acaban buceando entre referencias a los primeros Pink Floyd o a la psicodelia clásica de The Beatles o The Byrds, siendo Echo Street el homenaje y auto-homenaje que todo punto de inflexión, delimitado a conciencia por un artista, debe contener.

La antítesis de The Octopus

Como contaba antes, nadie o casi nadie se esperaba que Amplifier regresaran a escena con un disco de las características de The Octopus. Muchos quedaron descolocados, no supieron asimilar la apuesta que los mancunianos realizaron con el fin de recuperar el tiempo perdido que supuso Insider y todo lo que precedió y siguió al lanzamiento del disco.

Para esta ocasión, una vez superados todos los problemas habidos y por haber, y una vez en el seno de una compañía discográfica a la altura de la calidad de la banda inglesa (kscope), Amplifier han decidido regresar con un disco que significa todo lo contrario de lo que fue The Octopus. Mientras que el disco del pulpo fue un ‘hola, somos Amplifier, no estamos muertos y estos son nuestros bemoles’, este Echo Street, con toda su sencillez, su honestidad y revisionismo, viene a ser un ‘hola, somos Amplifier y esto es lo que somos y, sobre todo, de aquí venimos’.

Es totalmente comprensible que una vez una banda considera superados los problemas que los ingleses han logrado solventar, se sientan con la necesidad de hacer un ejercicio de reivindicación de sus propias raíces, de nudismo artístico que sirva de acicate para poder continuar en el futuro con la fuerza y el poso que te otorgan el demostrar estar seguro de uno mismo y de todo lo que se ha realizado. En este momento se encuentran Amplifier y Echo Street no es más que el resultado de esto.

Echo Street: un disco un tanto irregular

He de reconocer que soy de los que se relamió como un león frente a una cebra coja cuando escuché ‘Matmos’, el adelanto que Amplifier nos ofrecieron hace ya unos dos meses. Esa lenta pero firme progresión hacia un posterior estallido guitarrero me hizo soñar con que Echo Street me iba a traer a los Amplifier del homónimo, esas guitarras afiladas gracias a mil efectos destinados a generar uno de los mejores ejercicios de Space Rock de los últimos 20 años.

Sin embargo, esa sensación de euforia, de alegría por reencontrarme con los Amplifier más excitantes que he escuchado nunca, se disuelve tan rápido como acaba el festival de riffs y la atmósfera opresora y espacial (muy cercana a The Octopus a pesar de tratarse de un tema que cuenta con más de 10 años) de ‘The Wheel’, segundo tema del disco y el que probablemente más haya disfrutado en las múltiples escuchas dadas a Echo Street.

Como decía antes, es totalmente comprensible que Amplifier quieran mostrarnos cuales son sus raíces, a dónde acudieron cuando comenzaban para adquirir inspiración, y la verdad es que me parece un hecho totalmente loable. Desgraciadamente, este ejercicio de buscar en el baúl de los recuerdos, de releer diarios escritos a finales de la década de los 90 no ha contado con la brillantez que un servidor esperaba, a pesar de que los ingleses han vuelto a demostrar que a nivel técnico pertenecen a la élite del Rock Progresivo.

No basta con las buenas intenciones

‘Extra Vehicular’ no pasa de ser un refrito de ideas ya mostradas anteriormente y en la línea de los dos primeros temas del álbum pero añadiendo un toque bastante noventero, casi grunge, que agrada pero no me eriza la piel. ‘Where the River Goes’ es la demostración de que el acudir a los primeros Pink Floyd es siempre una gran idea pero no tiene por qué ser garantía de éxito, tal y como sucede con ‘Mary Rose’, tema que afortunadamente está más conseguido que el anterior.

Las referencias noventeras regresan de nuevo con ‘Echo Street’, tema que me ha evocado las atmósferas shoegaze que gente como The Jesus & Mary Chain inventaron, pero que yo he encontrado totalmente desubicadas dentro del contexto de un disco de Amplifier y, la verdad, carente de interés. En ‘Between Today & Yesterday’ Balamir sigue buceando en la, probablemente, música de su juventud y nos trae un tema puramente folk que me ha recordado a Neil Young, lo cual me obliga a salvarlo de la quema pues, aparte de la referencia obvia, me parece que añade bastante olor a la oscuridad soporífera generada por ‘Paris in the Spring’, canción que por más que lo he intentado, no he llegado a comprender.

Sintetizando un poco, Echo Street es un ejercicio de revisionismo propio y ajeno que cuenta con momentos muy valiosos y con momentos bastante prescindibles. Vuelvo a incidir en que hay valorar y comprender las intenciones de Balamir con Echo Street, pero el hecho de que haya rescatado antiguas ideas para componer el álbum y que las haya mezclado con canciones que no pasan de ser un homenaje a sus referentes, no es argumento suficiente para salvar a Echo Street de la quema.

6.5/10

Echo Street no es un mal disco, ni muchísimo menos, y la verdad es que agradezco el que sea bastante alejado de The Octopus. Desgraciadamente, en esto de la música con buenas intenciones no basta, lo realmente importante es que los discos nos hagan disfrutar, y este Echo Street, salvo el inicio y el retazo folk de ‘Between Today & Yesterday’, me ha parecido inesperadamente inconsistente y bastante decepcionante. No merece un suspenso, por supuesto, pero si merece que sea calificado como una más de las desilusiones que de momento me ha traído este 2013. Ahora, a esperar a Haken. Estoy acojonado.

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