Amplifier — The Octopus: extendiendo los tentáculos del prog rock

Perdimos mucho tiempo intentando ser una banda que encajara en la industria discográfica, pero eso no funcionó para nosotros. Ahora simplemente hacemos lo que queremos. The Octopus es en realidad una especie de experimento.

Así empiezan Amplifier a explicar su actual situación en la web que han montado para servir de centro de operaciones al lanzamiento de The Octopus, su tercer álbum. Desde ahí accedemos a su Bandcamp, donde podemos escucharlo al completo sin ningún tipo de restricciones o comprárselo directamente a ellos por diez libras. Los de Manchester se han pasado tres años trabajando en este nuevo disco, que ha salido íntegro de sus bolsillos y sus cabezas, y que ahora está circulando sin ayuda de ninguna discográfica.

En dicha web explican que no pretendían meterse en un manifiesto, pero parece que sin querer han acabado con uno entre manos. Un manifiesto cuya premisa básica es que “la música sólo existe donde hay un oyente”, y con el que persiguen demostrar que se puede hacer algo verdaderamente valioso, sin límites creativos e intelectualmente estimulante sin tener que recurrir a la maquinaria comercial. Esto es The Octopus, así es como ellos aseguran que entienden el mundo.

Pretendían hacerse grandes y lo han conseguido. Pero no me refiero a grandes en el sentido de llenar estadios de gente y vitrinas de gramófonos dorados, sino en un campo puramente artístico y emocional. En lo que nunca debió dejar de ser la música. Desde luego este disco no será de los más vendidos al cabo del año, ni siquiera estará entre los más reconocidos por los amantes del rock, pero quien descubra este gigantesco trabajo doble tendrá un tesoro que conservar a partir de ahora.

Rompe con todo y sé tan grande como puedas soñar

The Octopus es un disco absolutamente excesivo en todos los sentidos, mucho más allá de lo que ha sido tradicionalmente considerado como aceptable en cualquier género, incluso en el siempre autocomplaciente rock progresivo. Álbumes dobles hemos visto muchos en las últimas décadas, pero pocos que rompan la imposible barrera de las dos horas de duración. Dieciséis canciones con una extensión media por encima de los siete minutos es una animalada, pero cuando hay tanta calidad sobre el tablero, pocas protestas se van a escuchar.

Amplifier ya eran uno de los grupos más interesantes de la pasada década, con dos discos que oscilan entre lo sobresaliente del debut homónimo y lo notable de su continuación, Insider. Rock progresivo de nueva escuela, con un sabor quizás más americano que europeo, sin aspiraciones populistas pero con mucho reconocimiento entre los aficionados del sector. Este tercer esfuerzo no es una ruptura con lo que ya habían hecho, pero está claro que se sitúa en un nivel completamente nuevo de ambición y creatividad.

Mientras que en sus dos álbumes previos era habitual encontrar temas de entre dos y cuatro minutos, situándolos así en un plano bastante accesible y que coqueteaba descaradamente con el rock alternativo, ahora se tiran de lleno a por lo progresivo. Canciones con texturas imposibles, de ésas que de cerca parecen borrones y cuyo aspecto real sólo se aprecia al alejarnos un poco y contemplarlas con la suficiente perspectiva; atmósferas grandes, enormes, como simas oceánicas en las que nada este pulpo, blanco brillante sobre un negro profundo; riffs demoledores, que tan pronto se unen para crear una titánica columna sonora, como se desarman para quedar en tenues acompañamientos.

Atrevido, virtuoso y no apto para todos los públicos

Por si no ha quedado lo suficientemente claro con lo dicho hasta ahora, este disco no es apto para todos los estómagos. Estamos ante una digestión verdaderamente pesada, un atracón de arquitectura sonora capaz de dejar como meras nimiedades pop a discos que hasta ahora considerarais excesivos o complejos. Ellos mismos han admitido que les hubiera costado trabajo conseguir que una discográfica aceptara publicar todo esto de una sola tacada, pero ya podéis ver que eso no les ha preocupado mucho.

Un disco donde pueden tener cabida al mismo tiempo Porcupine Tree, Soundgarden y Spiritualized, juntos pero nada revueltos. Donde nunca conseguimos mantener el pie firme sobre un estilo musical determinado, sino que se tambalea constantemente y hace que todo dé vueltas a nuestro alrededor. Es fácil sentirse sobrepasado por este trabajo a cada canción, a cada instante, así que no os preocupéis si os ocurre eso. Es normal, pero el esfuerzo se compensa con creces.

9.5/10

Amplifier se tiran con este disco de cabeza a la piscina, desprovistos de cualquier flotador y sin asegurarse antes de que esté llena de agua. Pasan por encima de los convencionalismos musicales como si no hubiera un mañana, y consiguen como resultado el que merece ser considerado desde ya como uno de los grandes álbumes de este 2011. Es obvio que sus 120 minutos de laberinto sonoro no siempre brillan al mismo nivel, y hay pasajes que puede llegar a flojear bastante y hacernos perder algo de atención, pero no le restan ni un ápice de ese sabor a clásico instantáneo que desprende desde la primera escucha. Creedme cuando os digo que The Octopus está preparado para superar la prueba del tiempo.

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