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Anathema: una carrera sin sobresaltos y con un solo paso atrás

Aunque hacía ya más de una semana que había obtenido el concierto por otros medios, hace un par de días tuve la suerte de poder hacerme con Universal de Anathema en su edición en Bluray. Sin detenernos mucho en que me costó unos 35 euros al cambio debido a que era una edición importada pues en la Colombia profunda es imposible conseguir lanzamientos de este tipo, lo que más ansiaba no era contar con la edición física en mis manos, sino el poder disfrutar con sonido e imagen HD del tratamiento que los ingleses habían dado a algunos de los clásicos de la época más doom de la banda.

Y es que los dos últimos discos de los de Liverpool han sido tan polémicos, en algunos círculos, que hasta un servidor, seguidor acérrimo del combo, se ha dejado llevar en parte por ciertos recelos. La calidad de discos como Weather Systems o We’re Here Because We’re Here están fuera de toda duda (salvo la pésima ‘The Storm Before the Calm’), pero a veces es inevitable que los que seguimos a la banda desde tiempos del Eternity añoremos a esos Anathema oscuros y agónicos, y que esta etapa luminosa nos deje vacíos por momentos.

A pesar de esto que cuento, siempre he mantenido que Anathema ha sido una banda con una evolución muy natural y con unos puntos clave que vienen respetando desde tiempos de The Silent Enigma, por mucho que la presencia de la dulcísima Lee Douglas asuste a más de uno. Evidentemente la vocalista ha ido ganando protagonismo desde tiempos del Judgement y viendo el magnífico resultado obtenido en Hindsight es algo totalmente comprensible, por lo que, sinceramente, entiendo muy poco a todos estos que llevan arrugando la nariz desde que los tres hermanos Cavanagh regresasen de la mano de Steven Wilson. Y es que, como pretendo demostraros, este último cambio tiene tanto de brusco como de fortuito: nada.

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Partamos de la base de que gran parte de los seguidores actuales de Anathema lo son desde hace bastante poco tiempo, lo cual les hace caer en cierta descontextualización de la evolución estilítica del combo. Pertenecientes al que un servidor llama el Triunvirato Doom, los ingleses se estrenaron discográficamente con un sonido que difiere sustancialmente del que nos han ofrecido en su último y exitoso Weather Systems, aunque como os expongo, ya entonces se intuía el camino que la banda podía emprender en el futuro. Serenades fue el inicio de una larga carrera que dio sus primeros pasos con Paradise Lost y My Dying Bride como primeros compañeros de viaje, aunque pronto, muy pronto, Daniel Cavanagh supo leer las señales implícitas en su propia obra.

Un Doom de cadencia lenta, elocuente distorsión y poético mensaje y planteamiento encerraba el germen, el inicio de una senda cuyo camino ha llevado hasta Weather Systems sin sobresaltos pero tampoco sin pausas, solamente con un paso atrás y bastantes pasos adelante. La marcha de Darren White al ver que el Doom áspero iba a perder sitio frente a un sonido más teatral y trágico puso frente al micrófono a Vincent Cavanagh, siendo éste un cambio fundamental no ya solo para ese presente en la banda, sino de cara a lo que Anathema han acabado siendo unos cuantos años después.

The Silent Enigma significaría, probablemente, la ruptura más brusca con la obra anterior de toda la biografía de Anathema, pero fue también, probablemente, la ruptura que menos recelos despertaría entre sus seguidores. Uno de los álbumes fundacionales de lo que conocemos por Funeral Doom Metal pilló desprevenidos a público y crítica por su dramatismo, su marcado espíritu gótico (el del siglo XIX, no el del rimel y zumo de tomate) y porque significaba el inicio de un camino que algunos entonces no comprendieron.

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Eternity, Alternative 4 y Judgement siguieron profundizando, progresivamente, en la dirección planteada en The Silent Enigma, eliminando definitivamente todo retazo Doom y sustituyéndolo por un sinfonismo que les granjeó, con los dos últimos de este trío, la comparación los Pink Floyd de inicios de los 70. Precisamente fue el momento en el que más claro se comenzó a vislumbrar el Rock Progresivo en la carrera de Anathema cuando llegaría la segunda deserción en el seno de la banda, una deserción que, sinceramente, nunca he llegado a entender. Duncan Patterson, según parece, insatisfecho frente al hecho de que el Prog desplazase al Doom dejaría a los Cavanagh en la estacada y fundaría Antimatter, banda interesante pero cuya evolución ha acabado siguiendo un camino paralelo a Anathema. Ion y Alternative 4 serían otros interesantes ejercicios pero con más Rock Progresivo del que la coherencia exigiría.

Repuestos de la marcha de Patterson y con el tercer Cavanagh a bordo, Anathema darían un paso en falso con A Fine Day to Exit, un disco con grandes canciones pero cuyo poso dio a entender a muchos que los de Liverpool jugaban a ser Radiohead cuando habían alcanzado el éxito siendo ellos mismos. El Rock Progresivo seguía presente, pero la teatralidad dramática que caracterizaba a la banda había perdido espacio frente a una luminosidad que ya se percibía desde la portada, siendo ésta premonitoria frente a lo que nos hemos encontrado en estos 3 últimos años.

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Con la lección aprendida lanzaron en 2003 el que para mi es su último gran disco, culminación de una brillante etapa progresiva sin errores y con un único tropezón. Repuestos del escarceo de su líder Daniel Cavanagh (quien estuvo a punto de pasarse al bando enemigo participando en un álbum de Antimatter), A Natural Disaster significaría la obra cumbre de los ingleses y uno de los discos icónicos del Rock Progresivo moderno, combinando modernidad con la teatralidad de Alternative 4 y dejando patente que Anathema estaban destinados a acabar sonando de este modo, con naturalidad y maestría.

Posteriormente llegaría el parón tras quedarse sin compañía discográfica tras el cierre de Music for Nations y el despertar de la mano del maravilloso Hindsight y la colaboración con Steven Wilson, de la cual emanaría no solamente el noveno largo de la banda, sino unos Anathema que continuaron su carrera donde había quedado años atrás pero añadiendo pinceladas Post-Rock a un sonido que, en parte, recuperaba la luminosidad de A Fine Day to Exit, pero esta vez desde una perspectiva más natural y comprensible para el iniciado en la banda.

Falling Deeper acabaría suponiendo un, quizás desaprovechado, complemento para Hindsight aunque confirmaría la lógica del camino recorrido en lo estilístico para los ingleses, siendo Weather Systems el punto culminante de la misma. Quizás no signifique la cúspide más alta en lo cualitativo, pero constata aquello que al inicio planteaba: evidentemente los Anathema actuales no responden, exactamente, a los mismos márgenes que los que me enamoraron a finales de los 90, pero su evolución ha sido tan lógica y progresiva que se me hace incomprensible que se les acuse de haberse vuelto lacrimógenos cuando The Silent Enigma, yendo lejos en su discografía, puede ser uno de los discos más estremecedores que se haya grabado nunca, aunque sea por diferente motivo.

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Sé que no voy a volver a escucharles riffs históricos como el de ‘A Dying Wish’ y así lo demuestra la interpretación de sus clásicos en Universal, carente de la agonía romántica de antaño, pero su natural versión actual, la sutil y emotiva, me satisface plenamente pues cuando les miro y escucho, sigo viendo a la misma banda que han sido y han pretendido ser siempre. Disfrutemos el presente, pues motivos no nos faltan para ello.

Discos de Anathema en Hipersónica

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