Anathema actuarán esta tarde en Getafe, como parte del cartel de la segunda edición del Sonisphere, pero está claro que su concierto será de los que menos interés general despierten durante este fin de semana. El hecho de que la organización les haya situado a primera hora del viernes (razón por la cual a mí me será imposible llegar a tiempo para verlos) tampoco ayuda a posicionar a este grupo a la altura que se merece.

¿Por qué razón los de Liverpool no han cosechado un reconocimiento equiparable al de bandas de similar enjundia como Porcupine Tree, también hoy en el Sonisphere, tras dos décadas en activo y ocho discos de estudio publicados? El mundo de la música no es siempre justo (de hecho, casi nunca lo es), pero está claro que eso no es algo que vaya a detener a Anathema. De hecho, veo el título de su último álbum como una declaración de intenciones en ese sentido. We’re Here Because We’re Here.

La frase en realidad no es de ellos, sino de un antiguo himno que los soldados Aliados cantaban durante la Primera Guerra Mundial, pero ya digo que para mí se ajusta como anillo al dedo a la situación del grupo. Sin aspirar a llegar a las grandes masas rockeras ni despuntar especialmente entre los círculos progresivos, Anathema están construyendo álbum tras álbum una discografía impecable, maravillosa, cargada de imaginación y belleza.

Cuando ya estás donde quieres y sólo buscas crear música

Lejos quedan ya los guturales comienzos de la banda donde practicaban una vertiente gótica del metal extremo, siendo casi imposible reconocer nada de aquellos tiempos en el delicado rock progresivo que hoy trabajan, donde se mezclan al mismo tiempo influencias de los grandes mitos pasados del género y propuestas más recientes, naturalmente todo bajo el propio sello creativo que les distingue.

La comparación que realizaba antes con Porcupine Tree no era gratuita, o forzada por el hecho de que esta tarde vayan a compartir escenario en Getafe, pues el mismísimo Steven Wilson ha colaborado mezclando este álbum lanzado a finales de mayo. La profesional mano de este genio contribuye a expandir el sonido distintivo de Anathema, dando más profundidad a sus atmósferas y más limpieza al conjunto en general, sin imponer en ningún momento su estilo particular en ninguna de las canciones.

Si pudiéramos medir el protagonismo de los distintos instrumentos a lo largo del disco, como si de la posesión de balón en un partido de fútbol se tratase, el mayor porcentaje sería sin duda para los teclados. Reyes indiscutibles en la mayoría de las canciones, actúan como guía principal para las progresiones gracias también al hecho de que compositiva y técnicamente han sabido relegar a las guitarras a un segundo plano cuando ha sido necesario.

Elegancia como ya no la hay

Esto redunda en una sensación general de belleza, elegancia y delicadeza como hacía tiempo que no se escuchaba en ningún disco de rock. Naturalmente, eso no quiere decir que los instrumentos más potentes no estén ahí para aportar garra cuando sea necesario, pues en absoluto se trata de un simple disco de baladas ambientales. Cuando la banda quiere, los decibelios suben a un nivel más que suficiente, pero siempre de forma estudiada, comedida y en favor del conjunto.

Ni una canción floja, ni un momento de debilidad se le puede achacar a un elepé maravilloso, no el mejor que han firmado Anathema pero sí a la altura de su historia. Discos como We’re Here Because We’re Here no harán que la banda de Liverpool tenga más público esta tarde en su concierto en tierras madrileñas, o que en próximos festivales se les sitúe más arriba en el cartel, pero para cualquiera que disfrute mínimamente con el rock progresivo será una joya como las que sólo se graban cada mucho tiempo.

9/10

Un disco para enamorarse perdidamente de él, que convencerá a quienes ya seguíamos la trayectoria previa de la agrupación, y que actuará como perfecta puerta de entrada para los que oigan ahora hablar de ellos por primera vez. A estos últimos sólo les puedo recomendar que se hagan lo antes posible con su discografía, empezando no por su primer disco sino por Judgement (Peaceville, 1999), y siguiendo su evolución a partir de ahí para luego volver al principio.

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