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Anna Calvi — One Breath: enséñame a pecar

Crawling out, you need to protect me
I’m calling out, find me a stronger hand

I stand on the edge of silence
Better confess, it tastes like I’m leaving

Perdóneme, Anna. He pecado. He jugado con las voces satánicas de mi interior, y he imaginado un mundo en el que usted la cagaba pero bien con su segundo disco. Perdóneme, señorita Anna Calvi. Perdóneme también por lo que me costó subirme sin albergar dudas al tren que elogiaba sin fin su disco de debut. No sé en qué coño estaría yo pensando, Anna. El caso es que como si no hubiese aprendido, como si errar por duplicado me pusiese cachondo, pensé que a lo mejor One Breath tendría tanta historia como poca chicha, que sería una decepción. Ya, ya sé que usted me dijo una vez que necesitaba mi protección, una mano fuerte, mientras jugaba en la cuerda floja del borde del silencio. He pecado, Anna. Lo siento. Me he equivocado. No volverá a ocurrir…

… o mejor sí, porque menuda gozada es pecar con usted, Anna.

One Breath: el atractivo de la inseguridad

Las sinuosas curvas que trazan One Breath se han convertido en album fantástico. La voz tan grave como siempre, pero quizás más humana que en su debut, más cercana a lo terrenal, al miedo, a la necesidad de protección, y, ya de paso, a un pop donde los lalala se hacen más presentes. Donde lo barroco y lo abigarrado, sin embargo, sigue muy presente. Anna Calvi nos muestra en ‘Suddenly’ que no piensa abandonar su imagen enérgica, su voz impetuosa, pero que quizás sí se deje llevar por una corriente más amable, más inmediata.

https://www.youtube.com/embed/R5QXoKdF3bc

Tras un sonido sobrecargado, muy eléctrico y siempre redundando en el art-rock del que se está haciendo dueña y señora, Anna Calvi vuelve a mostrar en sus letras un sinfín de inseguridades, de cantos al amor y a la necesidad de ayuda, como en ‘Eliza’, una auténtica gozada de single, un derroche de potencia, de decibelios, de los que invitan a subir el volumen hasta lo inimaginable y notar como los graves se funden con tus palpitaciones. De esos que te hace sudar y querer abrazar al artista a través de los altavoces de tu casa. Un momento de subidón que se ve súbitamente cortado por ‘Piece By Piece’, en el que Anna explora un terreno experimental en un corte que a mi juicio le sale algo rana.

Los fantasmas internos de Anna Calvi

Justo al contrario de la irremediablemente loca ‘Cry’, o de la estremecedora ‘Sing to Me’, que le enseñan cómo llegar a cierta majestuosidad desde lo íntimo. Desde un rincón apartado, escondida tras las cortinas mientras intentas escapar de los monstruos de infancia. Una delicia llena de fragilidad sincera, de fino cristal que implosiona ya no en pedazos, sino en diminutas partículas cuando ‘Tristan’ hace poderosa aparición. Como el monstruo que aparta las cortinas de un golpe y se prepara a engullirte de miedos. Pero si un engendro va a venir a devorarme en la oscuridad, morir mientras suena ‘One Breath’ será un bello final, mientras además de mis entrañas se van destruyendo todos los plásticos y metales, con ese final casi de cuento de hadas.

https://www.youtube.com/embed/8Xp47uAFNYg

8.1/10

Entonces se desata una tormenta de jugos gástricos. La mente del monstruo convertida en bilis, en el ácido que te corroe y destruye en ‘Love of my Life’, un homenaje esencial al rock, un Who the hell is….? (completen con la supuesta estrella de turno, al gusto). This is Anna Calvi. Alta y clara. Muy alta entre la sordidez, entre el mundo perdido en miseria y suciedad de ‘Carry Me Over’. Un mundo en el que la artista parece perderse, en el que tememos que huya de nuestro campo visual, pero resurge de entre las tinieblas, para vestirnos y abrigarnos de sangre, de ‘Bleed Into Me’, llevándonos de nuevo a lo profundo. Sería un final fantástico, ese, si bien la escueta ‘The Bridge’ no está tan a la altura. No sirve este leve fallo, sin embargo, para quitarnos el estupendo sabor de boca del total de One Breath, un disco que confirma que Anna Calvi está a punto de convertirse en una de las grandes.

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