“antenas” src=”http://img.hipersonica.com/2013/09/antenashs.jpg" class=”centro” /> El discurso era habitual. Antenas Hacia el Cielo eran una constante en las letras. Junto con los materiales inertes, los plásticos, los metales, el frio. El cielo de antenas, saber si esa obsesión es tuya o si Godspeed You! Black Emperor te la ha ido colando de forma imperceptible. Y mientras caes en la cuenta de que los de Montreal igual te han pegado algo más que un nombre algo pintoresco, vas jugando a ser quien no pudiste ser cuando eras. Viajas entonces desde The Cure, desde la oscuridad de los de Robert Smith a los mismos Joy Division. Te pegas un buen baño en el fango, cual mísero cerdo. Disfrutando entre la suciedad. Evolucionas, y ves la luz de la mano de New Order (ya, Joy Division y New Order, que obvio), o abrazas con emoción a The Radio Dept. En realidad, aprovechas para probarte otra ropa, otra apariencia. Un corsé distinto.

Antenas Hacia el Cielo: luz, oscuridad, luz

El caso es que Antenas Hacia el Cielo es parte de lo que quedó cuando Nadadora decidieron cesar de forma indefinida su convivencia. Las dificultades de agenda del grupo, las de verse y ensayar, se han visto algo aliviadas por el vínculo familiar de Gonzalo (guitarra y voces) y Dani Abalo (batería), que han satisfecho el puto gusano interno de la ansiedad por seguir haciendo música en este nuevo proyecto. De Nadadora poco queda, poco se adivina, aunque no creáis que, más allá de las voces, no se aprecia algún vínculo común. Desde las influencias de bandas similares, al sonido cercano a la cara shoegaze de Nadadora, a algún guiño a letras pasadas. Sin embargo, Antenas Hacia el Cielo camina por el lado más electrónico de la carretera. Las bases están por todas partes, la voz de Gonzalo suena lejana, metálica, incluso siniestra. Un miedo que acompaña siempre a la escucha de Antenas Hacia el Cielo, que filtra un fino temblor en tus manos, imperceptible, imposible de sentir de no ser porque la ves, como elemento externo que finaliza el brazo, focalizando todas las sensaciones de inestabilidad corporar que provoca esta escucha.

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Desde la ‘Intro’, exclusivamente instrumental, como corresponde, vemos que la línea trazada es precisamente esa. La de la oscuridad. Quizás era lo que tocaba. Luz, oscuridad, luz. Oscuridad de nuevo. Y un inicio, desde esos latidos agudos de las bases que abren el telón, que invita al optimismo, a ver que el proyecto parece algo más que un pasatiempos, algo que quizás no acabe atracando en puerto alguno, pero que se nota hecho con la mayor de las certezas internas. Desde la convicción, y desde el riesgo que se asume cuando apostamos porque ni una sóla voz se escuche hasta que hemos consumido ya casi tres minutos y medio de disco. Acompañando a una línea de bajo que parece diseñada por el mismo Simon Gallup, a pesar de que la cobertura externa maquillen a ‘El Jardín’ de cualquier cosa menos de algo nacido del Disintegration, aparece al fin la voz de Gonzalo. Equívoca, algo desconcertante. Sabemos que es, se adivina él. Gonzalo le hace a los coros a Gonzalo, pero no es la misma voz de Nadadora. Quizás jugando al enigma, más adecuada para los nuevos sonidos, a los que las afiladas cuerdas del final del tema le sientan de vicio.

Antenas Hacia el Cielo: bailando como en 1989

Seguramente entre las canciones que mejor resume el disco encontremos a ‘Todo está iluminado’. Entre nubes grises y claros ocasionales. La decadencia en el inicio, la cabeza agachada, la mirada al pasado, hacia atrás, la necesidad de cuidado. El deber de cambiar, las guitarras inyectoras de moral en estribillo y crescendo final. Una canción fantástica. Enlazada de maravilla con ‘Adorable’, en donde localizamos las influencias de los suecos The Radio Dept…. y de los propios Nadadora.Con todo el fuego que pude conseguir saldré a arrancar flores para tí, homenajea las épocas pasadas de ‘Deshazte de mí’ con Nadadora. Seguramente, el potencial single de Antenas Hacia el Cielo, con ese ritmo machacón de inicio a fin… sobre todo a fin. El típico que incluso pasando de puntillas por tu reproductor, sin avisar, se repite en tus oídos horas después. Ignorando de dónde coño viene y por qué no sale de ahí.

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Más errática llega ‘Tan cerca’. No porque no funcione, que lo hace, sino porque no me quito de la cabeza que en algún momento suena repetitiva con respecto a ‘Adorable’. Como si en un discretísimo segundo plano algo estuviese escaneado, variado sutilmente, y vuelto a pegar. Una sensación que dura apenas unos segundos, pero que despista, que hace que por momentos perdamos la atención y nos perdamos el fundamento de otro corte más que correcto, pero que pierde en la comparación con la previa y ‘Una fiesta cualquiera’. Fiesta a la que se une Sara Atán, la vocalista de Nadadora, para casi sin que pueda apreciarse, se suelte unos coros entre el sucio alcantarillado que nos une a esa fiesta cualquiera, a la que estamos atrapados, cual trampa de ratones. Como si no pudiésemos salir de esa maraña de influencias de finales de los ochenta e inicios de noventa, en los que ‘Salvajes’ insiste ferozmente en mantenernos, posiblemnte con mayor fuerza que ninguna otra.

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El momento más valioso de Antenas Hacia el Cielo se reserva para el final. Tras siete temas que saben a corta experiencia, la maravilla de ‘Nada será lo mismo’ soluciona cada una de las dudas que hayan podido ir surgiendo durante la escucha. El abecé de lo que significa crear un ambiente dentro de una canción. La preparación para algo que sabes que llegará, pero que cuando lo hace no puede saber a nada más que a gloria. Una cancion para escuchar en repeat hasta la extenuación. Brisa helada, percusiones firmes y tormenta desatada al final. Un final épico, de largo el mejor tema del disco. Venir a adorar, repetido hasta la saciedad. El sello que perdura en Antenas Hacia el Cielo. El que te fuerza a decidir que quieres volver a sentir esa media hora cerca. El placer y el dolor como análogos.

Antenas Hacia el Cielo — Antenas Hacia el Cielo

Los restos del incendio de Nadadora han ido tomando forma, convirtiéndose en un artefacto perfectamente distinto al original. Bases con recuerdos a hace dos décadas, y varios temas deliciosos. Una suma algo escasa en cuanto a minutos, y con algún altibajo, pero fantástica aparición en la escena nacional.

* 01. Intro
* 02. El jardín
* 03. Todo está iluminado
* 04. Adorable
* 05. Tan cerca
* 06. Una fiesta cualquiera
* 07. Salvajes
* 08. Nada será lo mismo

  • ‘Nada será lo mismo’
  • La comodidad que ofrece entre lo inconfortable
  • ‘Nada será lo mismo’
  • Que un grupo que parecía en forma no haya desaparecido del todo
  • La sensación de que alguna ya la has escuchado antes
  • ‘Tan cerca’, que es el ejemplo patente de lo anterior

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