En un gran festival, tan importante es tener claro lo que quieres ver como lo que no quieres ver. Si esto siempre ha sido así, imaginaos ahora que el Primavera Sound es como una boda gitana (empieza el lunes y acaba el miércoles de la semana siguiente) con 257 escenarios (el grande, el antiguo grande, el de sentarse en las gradas, el Mordor, el secreto, el acústico, el de las baldosas sueltas donde te hostias siempre, el de la cabra y la madre que la parió…) más la feria, el cine, la noria y las chicas que regalan agüitas de sabores. Hay que poner un poco de orden. Por eso, de la misma forma que esta semana Black Gallego, en un sorprendente ataque de criterio, os recomendaba lo que sí debíais ver (y luego Dr. Chou hacía un exhaustivo recorrido por todos los tristes del cartel), aquí van algunos consejos sobre aquello a lo que quizá deberíais ir pensando en renunciar.

Todo lo que no podáis ver entero

“The Cure” src=”http://img.hipersonica.com/2014/05/the_cure.jpg» class=”centro_sinmarco” /> Una más y nos vamos

Cuando éramos jóvenes e inocentes y todavía no había noria, creíamos que podíamos vencer a la muerte, que nada podría con nosotros, que los solapes eran para mariquitas. “Veo un ratito de Portishead, luego me voy corriendo a pillar el final de Boris y luego ya los veré otro rato en el segundo pase de mañana”, “Voy a Jay Reatard y como total, seguro que no aguanta más de quince minutos, me da tiempo de pillar casi todo My Bloody Valentine”… Mal. No. Error. Nada bueno ha salido nunca de planes semejantes. Relájate, pídete una de esas cervezas de cinco euros mal tiradas y disfruta de la cantidad de conciertos que puede asimilar un ser humano normal por día. Si quieres estar en tres sitios a la vez te vas a pasar el tiempo mirando el reloj y sin duda te vas a perder la canción que quieres que toquen en cada uno de los bolos. Aquí hay docenas de actuaciones y tú vas a dejar de ver muchas, asúmelo.

Todo lo que esté lejos

Antes el mapa del recinto te servía para enterarte de dónde estaban los baños y a lo mejor para ganar una discusión con ese colega que se empeñaba en afirmar que el Ray-Ban era el de la hierba: ahora es un instrumento básico de supervivencia. No cuentes con ver un concierto en el Heineken y a continuación otro en el Vice: eso simplemente no va a ocurrir. A los veinte minutos de camino entre uno y otro tienes que sumar la parada para ir al baño, la parada para ir al baño de tu acompañante, las hordas de borrachos estampándose contra el suelo mientras intentan subir la pared de baldosas, el amigo al que te encuentras y le tienes que resumir lo que te ha gustado, esos coches que llevan a no se sabe muy bien quién a no se sabe muy dónde pero tienes que ir esquivando continuamente… En definitiva, para cuando llegues allí no va a quedar ni el que siempre se queda mendigándole una púa o un setlist a los técnicos. Quédate por donde estés, cerquita, evita los traslados, moverse es malo.

Todo lo que sea en el Auditori

“standstill_primavera_sound” src=”http://img.hipersonica.com/2014/05/standstill_primavera_sound.jpg» class=”centro_sinmarco” /> Lástima, os solapáis con el perrito caliente de las nueve

Ah, el Auditori, ese espacio privilegiado, ese marco incomparable, ese plus de calidad que permite que en el Primavera Sound puedan tener lugar actuaciones que no tendrían lugar en ningún otro, ese lugar donde vivimos mágicos momentos junto a José González, Sufjan Stevens, Low, Jeff Mangum, Michael Nyman o Marianne Faithfull… Ese puto coñazo. Esos tres cuartos de hora que pierdes entre salir del recinto y volver a entrar, esa odiosa obligación de tener que dejar la comida a la entrada (y luego comerte el bocata con la sospecha de que alguien le habrá meado encima o algo así), esas colas, colas, colas para entrar. En serio, no vayas. Invéntatelo, di que fuiste, que había una cantautora angoleña de puta madre a las cuatro de la tarde y que erais cuatro gatos. Que fue algo irrepetible. Pero no vayas. Y desde luego, nunca, nunca, nunca quedes con nadie que viene de un concierto del Auditori: va a llegar dos horas más tarde de lo que te ha dicho.

Todo lo que quieras ver TÚ

Has venido al festival con tus amigos y eso está muy bien. Vais a vivir momentos muy divertidos, vais a crear docenas de nuevos chistes privados, vais a cuchichear cuando veáis a Christina Rosenvinge con su acompañante y seguro que la vais a liar parda a última hora. Pero tranquilos: no hace falta que los diecisiete vayáis juntos a todas partes. Si a ti te apetece un concierto que los demás aborrecen, vete a verlo: se te pasará volando y cuando te quieras dar cuenta ya estarás con ellos otra vez. No pasa nada. No te quedes con las ganas por seguir a la manada, no te pierdas algo que te interesaba mientras esperas que el amigo de un amigo de un amigo al que acabas de conocer y ni siquiera te cae bien se pida una hamburguesa vegana. Y desde luego no acabes poniendo morritos y refunfuñando porque “seguro que el de los Black Lips estaba mejor”. Si vienes por la música y no por la juerga, vete a ver lo que quieras ver, que para eso has pagado ciento y pico euros. Merluzo.

Todo lo programado en horarios extremos

“mogwai_primavera_sound” src=”http://img.hipersonica.com/2014/05/mogwai_primavera_sound.jpg» class=”centro_sinmarco” /> Qué bonico el post-rock. Menos a las tres de la mañana.

De toda la vida de dios ha habido dos tipos de asistentes a festivales: los que a las cinco de la tarde ya están sentados en la hierbita escuchando a algún barbudo de Kentucky y los que llegan cuando ya es de noche, se quedan a todo el jolgorio y luego hay que echar a manguerazos a las seis de la mañana (los que frecuentabais los desenlaces del antiguo escenario de las columnas sabréis de qué hablo). Pero no se puede ser las dos cosas. Ya sabemos que eres muy ecléctico, pero olvídate de ver a ese renovador de la cançó y luego aguantar para darlo todo con la última sensación de la electrónica de Kiribati. No sólo no vas a aguantar, sino que probablemente te vas a ir tan pronto que te va a dar tiempo de coger el metro. Y desengáñate: nunca, nunca, nunca, jamás vas a levantarte lo bastante pronto como para llegar a los conciertos del parque. Y además, cuando te levantes, te va a dar una pereza que te mueres. Come bien y recupera fuerzas, que más tarde vas a tener que fingir que sabes mogollón de Caetano Veloso.

Todo lo que sea una mierda

Y por último, ten un poco de cuidado, claro, que en el Primavera Sound el cartel es bueno pero no infalible. Que aquí hay un criterio a la hora de programar y una apuesta por las nuevas tendencias y una cuidada selección de los veteranos más prestigiosos y no sé qué, pero como te descuides, puedes acabar escuchando a Haim o a Refree. Y eso sí que no. Recuerda que, en el fondo, tú has venido aquí a pasarlo bien. Para sufrir ya saca disco Bunbury cada año.

Primavera Sound 2014 en Hipersónica

* Ruta para el Primavera Sound 2014 por Dr. Chou [Especial Primavera Sound 2014]
* Nine Inch Nails, el imperio de suciedad [Especial Primavera Sound 2014]
* Boogarins y la primavera psicodélica [Especial Primavera Sound 2014]
* Ruta para el Primavera Sound 2014 por Black Gallego [Especial Primavera Sound 2014]
* Dominick Fernow y el lado oscuro de la fuerza [Especial Primavera Sound 2014]
* Ty Segall y los clavos ardiendo [Especial Primavera Sound 2014]
* Slowdive: el shoegaze con traje de gala [Especial Primavera Sound 2014]
* Antibalas y las fiestas a prueba de bombas [Especial Primavera Sound 2014]
* Neutral Milk Hotel volando sobre su propio océano para llegar a ti [Especial Primavera Sound 2014]
* La chopper hortera de Blood Orange [Especial Primavera Sound 2014]
* ‘Guiding Light’, la canción que Television ‘robó’ a los Rolling Stones [Especial Primavera Sound 2014]

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