Me quedé con muchísimas ganas de ir a verles a Madrid, pero estaba convencido de que no tardarían demasiado en tocar en casa. Y así fue, Arcade Fire venían a Bilbao y en vez de estar incluidos en el cartel de nuestro macrofestival, el BBK Live, tocaban cuatro días después en nuestro escenario más selecto, el da la explanada del museo Guggenheim reservado sólo a los más grandes. Smashing Pumpkins, Red Hot Chili Peppers y Björk pasaron por allí con anterioridad marcando momentos ya míticos para la música en esta ciudad.

Con dos discos excelentes y un The Suburbs más regular, los canadienses están en lo más alto pero aún así parece que el público en general no termina de acercarse a ellos. No se vendieron las 7.000 entradas que se pusieron a la venta, cuando lo normal en otras ciudades es que vuelen muchas más en sólo unas horas. Faltó intensidad y emoción, fue un buen concierto pero no histórico. Voy a tratar de entender por qué sigo disfrutando más de Arcade Fire cuando los escucho en mi casa.

-Lo comentaba antes del concierto con un amigo, al que también le gusta fantasear haciéndose pasar por crítico musical, lo pesados que nos ponemos con que si este ha desafinado, no se le oye la voz o lo mal que ha sonado tal concierto. Pero es que lo que más llamó la atención de Arcade Fire ayer fue el volumen tan bajo, inaceptable para un evento de este tipo. Hasta podías hablar con el que tenías al lado sin problema. El único problema es que en un concierto de Arcade Fire no deberías hablar. Le faltó un x2 en el volumen para disfrutarlo con toda su intensidad.

-Valoro más la emoción que la técnica y los canadienses, aunque van sobrados de esto último, se quedaron un poco cortos a la hora de transmitir sentimientos. Cuando escuchas un disco toda esa carga emotiva te la tienes que currar tú solito, pero en directo (y de ahí su atractivo) dejas que se encarguen de ello los que están sobre el escenario. En este caso mis fantasías superaron a la realidad.

-El no contar con un líder carismático, no busques aquí la nueva estrella del rock, la pareja Win Butler y Régina Chassagne están demasiado lejos de Meg y Jack White, no les favorece en directo.

-Ver en directo a la gran esperanza del indie mainstream en un aforo tan reducido y la belleza del museo Guggenheim a nuestras espaldas, aunque no tenga nada que ver con los suburbios es todo un lujazo.

-En sus discos no hay tantos ohh ohhh ohhhh’s. Me encanta ver al público disfrutando pero otra vez volvemos a suspender todos inglés.

-Para un grupo que se apunta a todo lo último a nivel audiovisual las imágenes que se proyectaron en esa pantalla central y dos superiores fueron de lo más normal, tirando continuamente de sus videoclips. No, no hubo globos luminosos como en Glastonbury y aquí hubiera dado para uno por persona.

-Me costó muchísimo entrar a saco, cuando otras veces lo consigo desde la primera canción. Para mí el concierto bueno fue desde ‘Neighborhood#1 (Tunnels)‘, la que considero su mejor canción, hasta ‘Wake Up‘, pasando por un Month of May‘ cañerísimo en el que de repente parecía que estábamos viendo a otro grupo.

-Ni una pega a su setlist, quizás un poco más de Neon Bible hubiera estado bien, pero sobre todo más canciones hasta saciarnos del todo.

-Cuando canta ella, Régina Chassagne, todo cambia de repente y se vuelve Björk.

-Terminar con ‘Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)‘ quedó muy soso, sobre todo porque todos nos esperábamos algo más que una hora y veinte de concierto.

-Seguramente, y con menores expectativas, volveré a verles en directo pero con lo que no vuelvo a tragar es con el Token. Una nueva moneda estafa inventada para la ocasión que equivale a 3 euros y te obliga a comprarla en múltiplos de 4 unidades (mímimo 12 euros) y que no es más que una manera de disfrazar que te están cobrando 9 eurazos por un litro de cerveza. Cada día tengo más claro que lo verdaderos beneficios de conciertos y festivales está en las barras.

-Mientras nadie parecía ponerse de acuerdo si el concierto fue mejor o peor que el de Madrid, dejando bien claro que habían estado en los dos, yo me fui a casa convencido de que Arcade Fire son muy buenos y ayer dejaron muy claro que una cosa son los directos y otra muy distinta los discos. Si fuera lo mismo nos quedábamos en casa, ¿no? Pues eso aquí estoy ahora flipando con esos crescendos hasta llegar a un climax al que ayer me costó mucho escalar, pero que tampoco fueron necesarios para gozar.

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