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Arctic Monkeys — AM: asentados en la madurez

“am” src=”http://img.hipersonica.com/2013/09/am.jpg» class=”centro” />A vosotros os parecerá una chorrada, pero yo tenía cierto interés por ver si AM me convencía. Hasta ahora, para mí los Arctic Monkeys eran un grupo británico de mocosos que habían lanzado dos discos tan sólo aceptables, con momentos brillantes muy escasos. Justo cuando tenía decidido bajarme para siempre de esa ola de halagos desmedidos de público y prensa, los muy malnacidos lanzan Humbug, que sin volverme loco y hacerme declarar amor eterno a nadie, me reconcilia muy mucho con Alex Turner y los suyos. Por fin un trabajo de rock puro. Clásico, alejado de histrionismo y nada impostado. Por fin, en definitiva, un disco que te creías, un trabajo en el que veías un proyecto a largo plazo, y no tan sólo una ansiosa fábrica de hits.

AM: apostanto por el rock de antaño

Teniendo en cuenta la acertadísima apuesta por la continuidad de Suck it and See, y que AM ya había dejado ver parte del menú que nos tenía preparado, la sorpresa no se esperaba. Y, a Dios gracias, no se ha producido. El cuarteto de Sheffield se confirma como una de las mejores bandas de indie rock nacida en la última década. Para ello han cogido sonidos mucho más viejunos que en sus primeros años, los han abrazado, perfeccionado, moldeado, los han hecho a su propia medida, y han conseguido que el traje les siente como un guante. Siguen siendo unos jovencitos que de nuevo de la mano del 50% de Simian Mobile Disco, James Ford, en la producción, encuentran en las guitarras su sitio más cómodo en el minutaje. Porque al final todo esto va de eso, de conseguir esas guitarras.

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Y así, con ese riff naciendo a los pocos segundos de una de las canciones ya conocidas, ‘Do I Wanna Know?’, Arctic Monkeys empiezan a conquistarnos con un sonido que recuerda a las bandas de rock de antaño. El discurso en las cuerdas, los fantásticos adornos secundarios en una voz ligada divinamente con los coros del resto de la banda. Una pieza de esas que consigue sobradamente que el deseo de escuchar los 41 minutos y pico de AM no haga más que crecer. Que aumenta el grado de atención, que invita a centrarte exclusivamente en la escucha, en conectar los cascos acolchaditos y abandonar cualquier otro tipo de actividad, en este momento ya claramente superflua.

Se repite fórmula, guitarras y sonido agudo, coros perennes, en ‘R U Mine’, otro de los adelantos de AM, más musculoso e inmediato que el anterior. Más adecuado para soltarlo en la pista de baile, si bien hace tiempo que Arctic Monkeys parecen haberse alejado de ese objetivo, cuando menos, como meta casi única. Pero mientras trabajan una carrera que les dure décadas sufriendo el menor desgaste posible, canciones como ésta les mantendrán siempre presentes en los pubs nocturnos. En el deseo, además de con los cascos acolchaditos, de escucharlos cuando la noche te pide unas birras fuera de casa. La voz de Alex Turner se convierte en portador de una antorcha olímpica detrás de la que queremos correr. Sobre todo si va hacia algún sitio oscuro.

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Arctic Monkeys y las dificultades de mantener el nivel

Hasta aquí poca novedad. Dos temas ya conocidos que abren el álbum y aseguran un buen recibimiento. En los diez restantes es donde el resultado no consigue estabilizar el ánimo. La sensación final, a mi juicio, es de satisfacción, a pesar de algún tema fallido como los siguientes ‘One for the Road’, que intenta con orgullo levantar el vuelo hacia el final, con escaso éxito, o ‘Arabella’, que tampoco mejora mucho la línea previa. Entonces, en esa montaña rusa que comienza en AM, entre los puntos positivos está la descarada ‘I want it All’, de entre los más desenfadado del disco, de lo menos pretencioso, de lo más pop. Alex Turner tomándose a sí mismo muy poco en serio. Justo lo contrario que ‘Nº1 Party Anthem’, ideal para coger a tu pareja y jugar a que llevas la rosa en la solapa, el ramillete en la muñeca, en una noche de peli yanqui en la que optas a meter la mano debajo de la ropa del que tienes enfrente. De ponerte tonto y recibir la ansiada recompensa.

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“nota” src=”http://img.hipersonica.com/2013/09/6,50.jpg» class=”derecha” />Interesantemente descafeinada llega, sin embargo, llega ‘Mad Sounds’, estribillo pegadizo, agradable escucha, y olvido casi inmediato. Por fin, tras este periodo de subidas y bajadas demasiado largo para que el disco alcance cotas más exigentes, parece que llega un nivel medio aceptable y sostenible de la mano de ‘Why’d You Only Call Me When You’re High?’, que sirvió de último single, colocado quizás excesivamente separado de los dos primeros, y algo (bastante) más flojo que ellos. De hecho, casi más potente suena ‘Snap Out of it’, alcanzando ya un final que definitivamente encaran una menor ‘Knee Socks’, que hace que definitivamente se vaya diluyendo el gran sabor de boca que en un principio estábamos teniendo con AM. Un disco aceptable, con momentos, aunque escasos, realmente brillantes, pero algo lejos de lo que la banda puede dar de sí.

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