Siempre se debe tener un extremo cuidado a la hora de edificar los personajes que envuelven a las personas. Ariel Pink lo sabe desde hace mucho tiempo. En concreto, desde que hace más de una década publicara FF >> (autoeditado, 2002), su primer LP. Desde entonces, Ariel Marcus Rosenberg ha vivido a la sombra de la pose excéntrica, moldeando las esquinas y aristas de su personaje para que encaje a la perfección sobre la anatomía de su persona. Hoy en día, y desde hace mucho tiempo, son indistinguibles. ¿Dónde termina el Ariel Pink que fantasea en público con una colaboración artística con Madonna y dónde comienza el Ariel Pink que diseña canciones con tanto tino melódico como ‘Only in My Dreams’ o ‘Put Your Number in My Phone’? En ninguna parte: la doble dimensión de Rosenberg se ha desvanecido a lo largo del tiempo, del mismo modo que le sucedió a Nacho Vegas o Varg Vikernes, en diametral oposición a David Bowie o Sergio Algora. A veces se sale de uno mismo. A veces no.

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Todo esto ha hecho de Ariel Pink un artista siempre dispuesto a llamar la atención de un modo u otro. En lo mediático y en lo artístico: su particular universo creativo siempre se ha caracterizado por una libertad absoluta, no coartada por convencionalismos ni interferencias externas. Lejos queda ya el seminal The Doldrums (Paw Tracks, 2004), piedra fundacional de aquel movimiento difuso y abstracto al que se bautizó como Hypnagogic Pop. Ariel Pink acumula ya una decena de LP’s bajo diferentes alias, y su carrera siempre se ha caracterizado por desarrollar ideas extremadamente complejas del modo más simple posible en el entorno más tortuoso, ornamentado y exagerado imaginable. El cuádruple salto mortal se ha ido perfeccionando a lo largo de los años, pero no fue hasta su fichaje por 4AD cuando Rosenberg alcanzó su cima compositiva: tanto Before Today (4AD, 2010) como Mature Themes (4AD, 2012) se cuentan entre los mejores discos de su año y de la década.

pom pom: un nuevo reto en su progresión sonora

La asociación entre un sello de la talla de 4AD y Pink se saldó con dos trabajos donde Rosenberg comprendió mejor las limitaciones de su charanga Lo-fi, intrincada y obsesiva. Agotada parcialmente aquella vía, Ariel Pink logró enfundar sobre los mismos mimbres de siempre mejores canciones, igual de complejas, sí, pero también más accesibles y directas, sin que nada de esto implicara, como muchos puristas argumentarán, una pérdida de su talento o de su originalidad sonora. Dos años después de Mature Themes estaba claro que Ariel Pink no podía explorar más aquel camino, el de las grandes pretensiones artísticas disfrazadas de canciones de juguete, de broma, sin bajar el nivel. De modo que pom pom (4AD, 2014) se presentaba el año pasado como un nuevo reto en la progresión de Rosenberg. Mucho más, quizá, que el que supuso Mature Themes frente al ya muy brillante Before Today. Ariel Pink debía salir de un laberinto artístico que, para rematar la faena, se vio aderezado por escándalos mediáticos de baja intensidad más o menos regulares.

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Existía la posibilidad de que el ruido generado alrededor de la personalidad infantil del personaje de Ariel Pink pudiera haber ensombrecido la acogida de pom pom, pero no ha sido así. Los parabienes se han recogido aquí y allá, haciendo de su tercera referencia con 4AD un éxito crítico igual de sonante que sus dos trabajos previos. La pregunta es, ¿hay motivo para situar a pom pom en lo más alto de su trayectoria? ¿Estamos una vez más ante la cima artística de Ariel Pink? Pese a que hay numerosos argumentos para creer que sí, también los hay para creer que, en la búsqueda de su yo del pasado, quizá más oscuro y libre, pom pom sortea con dificultad las trampas de la exageración, la pomposidad y la autoparodia. Parece claro que Ariel Pink ha tratado de hacer un trabajo mucho más difícil desde una plataforma artística mucho más elevada, más profesional, pero también que en su empeño de ser más Ariel Pink que nunca se ha encontrado, a veces, con a horma de su zapato. Consigo mismo.

Los peligros de manejar un personaje tan definido y autoritario como el que Rosenberg ha edificado a su alrededor se manifiestan en pom pom del mismo modo que sus beneficios inmediatos

Los peligros de manejar un personaje tan definido y autoritario como el que Rosenberg ha edificado a su alrededor se manifiestan en pom pom del mismo modo que sus beneficios inmediatos. Tomemos, como ejemplo de esta doble condición, a ‘Black Ballerina’. Nos enfrentamos a casi seis minutos dirigidos por un ritmo cómico sobre el que Ariel Pink deja caer sus evocaciones oníricas, un estribillo fabuloso y un diálogo-puente hacia la recta final de la canción entre lo escabroso, divertido y vergonzante. Como reza el cliché, ‘Black Ballerina’ no es una canción que permita términos medios: o se odia o se ama con locura. Ariel Pink mantiene intacta la habilidad de desatar las pasiones más volcánicas de cada uno, eso nadie se lo puede negar. Lo que sí se echa en falta, al menos por mi parte, es su fabulosa capacidad para manejar los límites de su talento compositivo y el extrarradio de su cerebro.

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Es éste último el que le empuja a llenarlo todo ejercicios sonoros que sólo buscan epatar por la vía del exceso. En el centro de la imaginación de Ariel Pink se generan canciones como ‘Lipstick’, donde es capaz de acercarse a lo peor de lo peor de la década de los ochenta, al AOR de Toto, y rescatarlo a través de una melodía inolvidable, flautas de pan incluidas. En los suburbios de la periferia se asientan ‘Plastic Raincoats in The Pig Parade’ y ‘One Summer Night’, ejemplos de la facilidad, el confort y la iluminación de la que de tanto en cuanto es capaz de revestirse. Y en su extrarradio, lejos del alboroto de la urbe, abandonadas a su suerte, conviven elementos como ‘Jell-o’, ‘Sexual Athletics’ o ‘Dinosaur Carebears’, sujetos al margen de la ley y de la sociedad, tan extremos como peligrosos, el barrio que nunca te atreves a pisar pese a lo mucho que te fascina. pom pom se parece mucho a la Baltimore disfuncional de The Wire: un lugar donde siempre se puede ir a un sitio peor.

El lugar donde ir a peor era siempre una opción

Puesto al lado de Mature Themes, un lugar donde cada canción parecía conducir a otra mejor, pom pom es un trabajo menor. No hablamos de un mal disco, ni mucho menos. Por momentos, de hecho, es extremadamente bueno. Tanto que la primera recta de pom pom conecta, en un túnel del tiempo que se sumerge a través de la maraña de discos publicados entre 2013 y 2014, con Mature Themes, en su visión del mejor futuro posible. Un lugar en el que el Pop siempre suena como ‘Not Enough Violence’ o ‘White Freckles’, canciones que deberían ser frescas y alegres y se convierten en turbios ejercicios sobre teclados rotos y coros soviéticos. Incluso la exagerada elegía de ‘Four Shadows’, donde Ariel Pink está claramente muy por encima de sus posibilidades, funciona gracias a su tono oscuro. Es destacable, de hecho, el aire sucio y truculento del que se reviste pom pom en su inicio. Un shock importante, dado lo chicle de su portada y de su primer adelanto, ‘Put Your Number in My Phone’, espejo de ‘Only in My Dreams’ y cierre al primer y fascinante tercio de pom pom.

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A partir de entonces, Rosenberg se dirige hacia lugares quizá más originales, pero también más difusos e inconstantes. Porque ‘Nude Beach A G-Go’ es, en efecto, una visita renovada y muy excitante al universo de los Beach Boys. Y porque, siguiendo la estela de los sesenta deformados y triturados a través de un teclado Casio, ‘Goth Bomb’ es un homenaje estupendo al Garage Rock/Proto-punk de finales de finales de aquella década y principios de la siguiente. Pero también porque ambas canciones, junto a ‘One Summer Night’, parecen ejercer de puente entre dos mitades que no se comprenden en absoluto. La segunda mitad, recta final de pom pom queda tan lejos en lo temático y sonoro de su primer tercio que da la sensación que Ariel Pink ha introducido canciones en este disco como aquel legendario profesor que lanzaba los exámenes al aire y aprobaba sólo a aquellos que caían en un círculo pintado en el suelo. ¿Quién eres, Ariel Pink, y cuál es tu verdadera forma?

6.8/10

Posiblemente ninguna y todas a la vez. Este disco tan divertido llamado pom pom no es la mejor obra de Rosenberg, pero si una definición bastante aproximada de todo lo que ha sido, de todo lo que es capaz tanto para bien como para mal. De bordear los límites de la genialidad y del talento a arrastrarse por los círculos del infierno de Dante, convirtiéndose en un rocambolesco payaso, acompañado de una corte de aduladores extraída de Alicia en el país de las maravillas. Ariel Pink es capaz de ser todo eso y mucho más. Incluso de ser alguien tan sensible como para componer e interpretar con tanta delicadeza ‘Picture Me Gone’. Nada que reprochar, pues, a que su personaje haya tomado las riendas de su locura, y que de controlada haya pasado, de nuevo, a descontrolada. Si este es el precio a pagar no nos queda otro remedio.

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