Secret Fires es una esbelta criatura orgánica, espaciosa, de cristal y carbón, que te inunda a través de canciones increíbles, proteicas e innovadoras, con DNI factor sorpresa y alejadas de sus lugares comunes.

Con estas palabras, Subterfuge Records describía el tercer trabajo de larga duración de Arizona Baby, que vio la luz la semana pasada. Nos ponían la miel en la boca afirmando con rotundidad cosas que hemos podido comprobar nosotros mismos después de escuchar el disco. Porque Secret Fires (Subterfuge, 2014) es un trabajo de evolución. Sin perder su identidad y su forma de tocar tan personal y desinhibida, Arizona Baby han sabido recopilar sonidos nuevos y dejar que las canciones se impregnasen de todos ellos.

Llegan más demoledores que nunca, para no darles la razón a todos aquellos que los encasillaban bajo la etiqueta de banda de música americana. Buscando un sonido muy puro, han grabado todos los temas en cinta analógica, en los Estudios Brazil de Madrid, consiguiendo que a lo largo de todo el disco el sonido sea palpable, orgánico. Puedes cerrar los ojos y verlos justo en tu habitación o trasladarte al propio estudio, en donde los tres músicos seguían el ritmo mirándose a los ojos y tocando de forma natural, sin olvidar la ambición estética y sonora de un disco que les va a dar grandes momentos.

Una banda con aristas y horizontes

El disco abre con un arrollador ‘Real Lies’, un tema que es puro rock y uno de los primeros en el que han dejado pasar a las guitarras por el amplificador, consiguiendo un sonido lleno de garra que acompaña a la enérgica voz de Javier Vielba. Como ellos mismos han contado, con este comienzo quisieron mostrar que el disco parte de donde lo habían dejado en su anterior trabajo, Second to None (Subterfuge, 2009), pero continúa con la voluntad de expandirse. Buscan una continuidad pero sin perder el factor sorpresa, no quieren dejar de buscar nuevas sensaciones pero guardan siempre su toque personal.

Han asumido riesgos y han dejado que las canciones marcasen su propio camino.

Con el segundo tema, ya nos vamos dando cuenta de que han asumido riesgos, que han dejado que las canciones marcasen su propio camino. En ‘It Helps If You Sing’ sustituyen el habitual set de percusión por una potente batería que junto con la guitarra da forma a uno de los temas que podremos calificar como un puente entre el pasado y el presente de la banda. Y ‘Wooden Nickles’, uno de los adelantos que pudimos escuchar antes de que el disco viese la luz por completo, es una preciosa composición que supone uno de los primeros (porque vendrán más) momentos de máximo disfrute que hay a lo largo del disco. Una acertada unión entre voz y guitarra que deja claro que han elegido bien su forma de expresión.

Llega el momento de ponerse a bailar y no parar de tararear un pegadizo estribillo con ‘Gather Round The Fire’, una canción burbujeante que nos traslada a la pista de baile de los sesenta, con un ritmo alegre y vivo. Pero tras esto, nos inunda el reposo con ‘Don´t Look Back (On Yesterday)’, uno de los momentos más álgidos y hechizantes de este nuevo trabajo de Arizona Baby. Una exquisita guitarra en manos de Rubén Marrón crea unos minutos de música que te entran por los oídos y rápidamente te llenan todo el cuerpo por su grandeza.

Las buenas impresiones no acaban, porque el siguiente tema, que es el más largo de todo el disco llegando a los casi siete minutos, va creciendo de principio a fin y se convierte en uno de los más cuidados del álbum, con un gran aporte de cada uno de los miembros de la banda. ‘Create Your Own God’ está lleno de cambios rítmicos y unos gloriosos coros finales a los que hay que decir sí. Tras esto, ‘Owners of the World’ muestra que las raíces de Arizona Baby todavía tienen cabida en esta acertada evolución.

8.5/10

Se nota que se han dejado influenciar por sonoridades diversas a las que quizás antes no habían prestado tanta atención, al menos a la hora de componer. ‘New Road’ es una muestra de ello, con ritmos rudos y coros hipnóticos, así como ‘My Love’, con unos marcados teclados que nos vuelven a llevar a los sesenta y a la psicodelia de la escena musical de la época. Estamos llegando al final, pero todavía nos quedan sonidos nuevos que destacar. Una melódica ‘Here Today, Gone Tomorrow’, el poderío funky de ‘Time to Go’ o la sentida ‘Word After Word’, el prefecto broche de oro para un disco que canta a las preocupaciones, a la huída frente al derrotismo y a los nuevos horizontes.

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