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Atavismo — Desintegración

Un viaje con cuatro etapas pero sin paradas


Expresión de un gen que había quedado inactivo en la historia filogenética de la especie, vestigios que vuelven, antepasados que reaparecen

Entendido el de la Psicodelia como un mundo que a pesar de su carácter pretérito está hoy más de moda que nunca, poco margen deja para la casualidad que Poti (ex-líder de los míticos Viaje a 800) haya elegido una palabra como Atavismo como carta de presentación para su nuevo proyecto. De hecho lo que Desintegración (Not On Label Records, 2014) muestra es eso precisamente, te pone en bandeja sonidos y formas del pasado con impronta de presente, no porque la psicodelia nunca se haya ido (aunque en sus transformaciones lo parezca), sino porque el poder de traslación que caracteriza al prisma viaja tanto en el espacio como en el tiempo.

Y Atavismo construyen su primer largo en torno a esta última premisa, a la traslación mediante sugestión que guitarras limpias, ruidos blancos y planteamientos clásicos logran en nosotros como oyentes. Evidentemente es necesario que el receptor entre en el juego planteado y lo haga con predisposición, pero cuando un álbum comienza con una pieza de la talla de la imponente ‘Blazava’ es imposible resistirte, por muy alta que tengas la guardia.

Desintegración: una fábrica de deja vus, de sensaciones desconocidas que se tornan familiares

Las herramientas utilizadas son tan básicas como efectivas, aluden a tiempos en los que Pink Floyd se inventaron el Space Rock con ‘Set the Controls from the Heart of the Sun’, te hacen levitar hasta transportarte más allá de atmósfera respirable. Desintegración es un álbum que te secuestra y te rescata, que te extirpa de la realidad y te suelta en parajes desconocidos pero convertidos en familiares mientras juega con tus sentimientos, con sonidos que aluden a momentos de tu vida aunque no los hayas escuchado nunca, que despiertan nostalgia hacia situaciones que desconoces.

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El espacio y su inmensidad o la presión que se cierne sobre tus pulmones al llegar al fondo del océano, sensaciones desconocidas pero que se tornan familiares en sucesiones sin sobresaltos, en desarrollos inteligentes que huyen del efectismo y que fluyen con un caudal regular que te deposita en un mar de cálidas y tranquilas aguas mientras la luz de la luna añade tonalidades grises y añiles a tu alrededor.

Atavismo se sitúan casi en las antípodas de la lisergia de Electric Moon y de la fiesta desenfrenada de Hookworms, su propuesta es mucho más reflexiva, más sesuda aunque sin caer en la pedantería ni en la exigencia de excesiva materia gris. Las cuatro canciones que componen Desintegración ponen tu cabeza a trabajar aunque lo logran sin esfuerzo, poniéndolo todo en bandeja pues no existen ni artificios ni jeroglíficos, todo es transparente y se puede oler, tocar y saborear.

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Y tan fácil como te extrae de la realidad te devuelve a ella, pasando de nuevo por el Space/Kraut/Whatever que alude a Londres y a Westfalia pero esquivando la locura en la que con tanta facilidad suele caer la psicodelia. Las instrumentaciones se construyen con solidez desde entornos cristalinos, trasladan sin teletransporte, el paisaje no cambia de forma abrupta sino que se acomoda a las expectativas, no caen en la estridencia ni cuando el desarrollo se convierte en solo y desemboca en la lógica subida de revoluciones.

8.5/10

Desintegración es un viaje con cuatro etapas pero sin paradas, sin cambio de rumbo ni de ritmo al entrar en la estación. Es un rescate atávico, es un despertar de sensaciones olvidadas o de recuerdos desconocidos, es una fábrica de deja vus que gana en el largo plazo gracias a que te atrapa desde el principio. Presentarse con esta solidez habla mucho del talento de quien está detrás de esta placa, con Atavismo tenemos al fin candidato nacional a la primera división de la psicodelia. Se echa de menos a Viaje a 800, claro, pero uno puede conformarse con esto. Vaya si puede.

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