Me pregunto qué pensarían los miembros de Havalina mientras un señor de unos cincuenta y tantos bailaba sus canciones a ritmo de pasodoble o hablaba con ellos casi al oído durante su concierto. O los Reyes del K.O. o los siempre marcianos Aviador Dro, aunque para estas alturas el pobre prefirió sentarse agotado en un lateral del escenario.

Espero que llegaran a la conclusión de que el Día de La Música es una celebración popular en la que la gracia está en llegar a un público que de otro modo jamás se acercaría a verte y que más importante que cualquiera de sus conciertos es ver a una persona regalando tanta felicidad. Él fue el auténtico protagonista de la noche y a él dedico este post porque ni una espontánea cabreada, ni un segurata, ni la lluvia fueron capaces de echarle de allí, ahora que ya ha conseguido bailar su propia guerra.

Pero hubo más protagonistas, como el diminuto escenario que parecía de juguete que habían colocado en medio de la concurrida plaza para la ocasión. Biovac N no se cortó un pelo al decir en medio de su concierto “pues imaginaros esto en un escenario de verdad”, mientras yo andaba pensando que son el grupo perfecto para cerrar cualquier gran festival.

Pero vamos a rebobinar hasta las siete y media de la tarde, cuando ni siquiera llovía (aunque amenazaba con hacerlo) y por allí había más inquilinos propios de la plaza que gente que se hubiera trasladado exclusivamente para disfrutar de una tarde de buena música sin necesidad de gastarse un duro.

Havalina

Creo que Havalina son unos de los grandes olvidados del indie nacional y que yo mismo he caído en el error de no hacerles demasiado caso. Sus tres integrantes, a la guitarra, bajo y batería lo dan todo sobre el escenario con una intensidad tal que parece que aquello va a explotar de un momento a otro.

Se centraron básicamente en su último disco Imperfección publicado el pasado año y que es precisamente lo contrario a su título. Si aún no te has acercado a él te recomiendo que lo hagas, temas como ‘Sordido’, ‘Miedo al agua’ (que ni pintado) y el que da nombre al disco demuestran como Manuel Cabezalí es capaz de manejar su voz llevándola de una calma absoluta al grito desesperado mientras Javier e Ignacio le hacen la cama.

El mejor momento: toda la rabia que desprende ‘Incursiones’, en directo aún más intensa y sólo superada por Corcobado. Si no lo es está muy cerca de ser la canción perfecta.

Los Reyes del K.O.

A los gallegos Marcos Coll y Adrian Costa les pone el blues clásico y la fiesta y al público bilbaíno también. Recurriendo a joyas como ‘I Feel So Good’ o recordando al irrepetible Michael Jackson de ‘The Way You Make Me Feel’ es imposible fallar, lo de menos es como lo hagas.

Su versión de ‘La Paloma’ quedó de lo más verbenero, pero consiguieron poner a todo dios a bailar durante casi una hora a pesar de la fama de sosos que tenemos. Después de esto y de la que lío Eli Paperboy Reed en el pasado Azkena parece que queda claro que cualquier celebración popular debería reservar una pequeña parcela a la música negra. Por supuesto que no hay color.

Aviador Dro

Aviador Dro es mucho más que una banda o grupo de música, es una filosofía de vida, una utopía… Son treinta años creyendo y defendiendo un futuro que jamás alcanzaremos pero que podemos disfrutar diseñándolo a nuestro antojo y saltándonos todas las reglas establecidas.

Ver a a esos cinco tipos, con movimientos robotizados, uniformados con sus buzos negros y repasar junto a ellos la colección de himnos que nos han ido regalando en todo este tiempo es asistir a un momento histórico, una colección de fotogramas de tu propia vida con la que es imposible no emocionarte. Es verte vestido de marinero en la Primera Comunión, con tu traje de boda o tu mono de trabajo, con esa corbata que tanto odias pero que tantas veces te has puesto pasando por el aro.
 
Admiración absoluta por el gran Biovac N y su fidelidad total hacia ese proyecto que para muchos nunca ha pasado de una chaladura, mientras que para unos pocos siempre será un ejemplo de coherencia en la música y en la vida. Sólo así se consigue un público tan fiel, que el sabádo no pasaba de cuatro inmaduros emocionados a los que pocos nos importaba lo que nos lloviera encima.

Él también demostró que todavía está dispuesto a aguantar muchos chaparrones mezclándose entre el público al grito de ‘Godzilla’ ya en los bises, tras repartir banderines rojos proclamando su anarquía científica. Antes nos anunciaron ‘Un mundo mejor’, con la que abrieron y ‘Yo, Cyborg’, que a pesar de ser de las últimas mantiene toda su esencia.

Llegó el esperado repaso de todos sus clásicos futuristas como ‘Programa en espiral, ‘Himno aéreo’, ‘Telepatía’, ‘Baila la Guerra’ y nos dimos cuenta que siguen igual de vivos, que a ‘Selector de frecuencias’ meterla en los mil recopilatorios de la movida que se han publicado la ha desgastado, que ‘Nuclear sí’ y ‘La TV es nutritiva’ fueron muy punk y que cada vez que escucho ‘Trance’ me teletransporto no sé muy bien a donde.

Por supuesto que faltaron canciones y a todos se nos hizo muy corto, porque en el fondo lo que estábamos deseando es que aquel concierto durara los 30 años que, sin darnos cuenta, se nos han escapado.

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