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Imagino que eso de la música alternativa, minoritaria, indie o como queráis llamarlo (uno escribe indie ya con miedo a que le caigan hostias por todos lados), se basa en cosas como las ocurridas el pasado viernes en la Galería Trinta de Santiago de Compostela. Los amigos de Desconcierto Cultural arrancaban una nueva edición de su ciclo Placeres Ocultos dando la alternativa al grupo catalán Balago, con su reciente Darder, que tanto gustó a varios miembros de esta santa casa.

Y digo que allí se vivió algo así como la esencia de lo alternativo empezando por el propio lugar elegido, no habitual en la música en directo en Compostela. Una galería de arte en cuya planta baja, para poder observar adecuadamente un concierto que agotó entradas (cierto es que el aforo no podía ir más allá de unas 60 personas), era necesario que los acomodados en primeras filas nos sentásemos en el suelo, sobre una alfombra que bien podría ser la del salón de nuestra casa, resumiendo lo que allí se convirtió en uno de esos conciertos que será difícil que no recuerdes durante mucho tiempo.

Recordarlo por esa vuelta a la esencia de lo amateur, casi de cuando empezabas a ir hace ya muchos años a los conciertos del grupo que habían montado los colegas. Pero también por la calidad de lo que a posteriori se vivió allí. Un juego continuo con los sentidos del espectador. Un ambiente ultraoscuro en el que incluso cuando a la máquina de humo se le dio por no parar de producir se hizo imposible ver a Balago, de pie, a metro y medio de tus narices (disculpe el lector la calidad de las fotos, por ese motivo). Mientras, sonando ‘L’Explorador’ o ‘Nord’, abanderadas de este Darder que tantas alegrías modestas les está dando, eso que tanto comentamos los estupendos de “crear ambientes con la música” cobró más sentido que nunca.

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De la mano de algún recuerdo a temas pasados, como ‘L’home de l’esquerre’, preteneciente al anterior Extractes d’un diari, el concierto fue discurriendo con el típico discurso único, en el que sería difícil delimitar con exactitud hasta qué punto llegaba una canción y comenzaba otra. Apenas tres o cuatro momentos de silencio para que Balago recibiesen los pertinentes aplausos entre la oscuridad. Aplausos especialmente merecidos en ‘El penúltim’, cuya ruptura trasladó uno de los mejores momentos de Darder al concierto, con la misma solvencia y eficacia.

Si acaso, para un grupo que ya cuenta con una discografía de cierta cuantía, echar en cara que los cincuenta minutos de concierto se hicieran escasos, por mucho que su apuesta muestre cierto riesgo. Signo de que las cosas iban bien, de que Balago estaba gustando a mucha gente que, probablemente, no nos acerquemos a la electrónica con demasiada asiduidad. Brillando con luz propia destacó igualmente ‘Travessia Nocturna’, alegando a lo que en el pequeño espacio comprendido entre esas cuatro paredes vivimos los asistentes. Un auténtico camino de tinieblas, suspense, taquicardia y sosiego. Todo en esos instantes. Todo gracias a Balago.

Balago en Hipersónica

Balago — Darder: mayor sofisticación y ambientes cósmicos más ambiciosos

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