Bardo Pond — Peace on Venus

De fondo, envueltos por la maraña de constante actualización de las novedades y las tendencias artísticas, Bardo Pond siguen ahí. Es natural que su nombre, dos décadas de producción musical después, haya pasado a un cuarto plano: nunca estuvieron al frente de nada. La cuestión, más profunda, podría derivarse hacia el clásico debate autoreferente de la prensa musical en torno a lo que debe ser tratado y lo que no, sobre la muerte de los dinosaurios y la atronadora llegada de los advenedizos. Pero, lejos del ruido, nada de eso importa a la hora de valorar lo que Bardo Pond puedan ofrecer o no en Peace on Venus (2013, Fire Records). Una decena de discos de estudio, EP’s, experimentos, conciertos y lanzamientos de toda condición después, Bardo Pond siguen siendo capaces de emocionar hasta la médula. Lejos de esto nada importa y nada debería importar.

https://www.youtube.com/embed/3CUqURTZnzw

Como nada parece importar dentro del mundo místico y repetitivo en el que se bañan Bardo Pond. Peace on Venus no son cinco canciones, más largas, más cortas, más delgadas, más gruesas, más altas, más bajas, más grandes, más pequeñas, sino que es una sola canción: ¿qué diferencia al esqueleto arquitectónico que vertebra a ‘Kali Yuga Blues’, la puerta de entrada al mundo de paz que aspiran a alcanzar Bardo Pond en este disco, y a ‘Before the Moon’, el epitafio de diez minutos que lo cierra? En esencia, nada. Bardo Pond desarrollan el mismo esquema cinco veces seguidas, pero las canciones son tan honestas, obnubilan mi mente de un modo tan honesto, que su falta de ideas, su poco margen para el riesgo, es un asunto menor. La elección de cuatro pinceladas idénticas para dibujar este cuadro no debería incomodar a nadie.

Filtrar hasta que no quede nada

Peace on Venus es uno de los discos psicodélicos del año porque las guitarras se funden unas con otras en géneros que tienen mucho que ver entre sí sólo en manos de Bardo Pond. Por ejemplo, a ratos, en algunas canciones que en realidad son pequeños resúmenes de la misma canción, Peace on Venus podría parecer un disco de Drone. Drone y psicodelia no son géneros que queden tan alejados los unos de los otros: algunos de los trabajos más memorables de la pasada década, como el de Natural Snow Buildings, camina por esos derroteros. Pero Bardo Pond no están tan preocupados por los ambientes como por la comunicación. Su Drone sólo es ruido blanco, el mismo que ejecutaba My Bloody Valentine en Loveless, Shoegaze intercalado con pedales ácidos y fuzz. Toda influencia se filtra y es irrelevante: Bardo Pond hablan hoy de sentirse bien en la tristeza. De melancolía.

https://www.youtube.com/embed/JuXkvjNGAaI

8.10/10

Es la melancolía cruzada que vertebra la experiencia lisérgica de Bardo Pond la que me impide salir de Peace on Venus. Las flautas que en otro grupo estarían fuera de lugar, las canciones recíprocas que se miran las unas a las otras y se repiten como si fueran espejos, las guitarras empapadas en trémolos y pedales de todos los colores, los ejercicios vocales lacónicos y deslavazados. Todo lo que hay en este álbum me parece maravilloso desde que comienza hasta que termina. Siendo su inicio y su final una decisión arbitraria dado que, como ya hemos convenido, todas las canciones son la misma, todo Peace on Venus es una sola composición, un mismo espíritu desplegado en cinco cuerpos, a cada cual más perdido y a la deriva. Fuego camina con ellos, pero es un fuego apagado, a medio gas, que se ha rendido y que ya no quiere brillar más. Sólo morir por dentro, morir por fuera.

Anuncios