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Bass Drum Of Death — Bass Drum Of Death

Hola almas cerveceras, de nuevo Hipersónica andrajosa vuelve a tocar a vuestra puerta para compartir con vosotros más garage, más tugurio, más riffs y más banda sonora para que quemes los oídos. Propios y ajenos. El turno es esta vez para Bass Drum Of Death, que editan su segundo trabajo, de homónimo título, en el que se acercan de una forma más purista al garage, pero manteniendo las distancias, sin querer entrar en la liga de los más puristas.

Garage accesible y cierra-bares

Bass Drum Of Death no son tan canónicos como algunos de los grupos de garage de los que hemos hablado este año, recientemente además. No tienen esas reminiscencias psicodélicas de Night Beats o Cosmonauts; tampoco el clasicismo de los Spyrals ni el glorioso delicioso acercamiento al pop con teclados por momentos de The Feeling Of Love. Así pues, ¿qué es lo que tienen a su favor? Pues básicamente la mordiente de un grupo joven con ganas de verter gasolina sobre la barra de bar más cercana.

Si bien Bass Drum Of Death no tienen ese toque tan fiel de los grupos anteriores, su baza es esa vitalidad que irrumpe desde el minuto uno, exclamando que están vivos. Muy vivos. Tan vivos que a veces queman. Y no, no son tan buenos como los anteriores, independientemente de que te gusten más o menos, pero si a diferencia de otros movimientos revivalistas (hola post-post-post-punk), el garage sigue sin aburrirnos es por esa vitalidad y respeto que muestran los grupos que los resucitan, sin caer en banalidades. No convierten sus álbumes en meros trámites que pasar, de ellos se extraen buenas y muy disfrutables escuchas.

Con el título homónimo parecen indicar que vuelven a empezar de cero, a pesar de que es su segundo largo. Por una parte, se alejan de un postulado más manifiestamente indirocker para acercarse aún sin complejos clasicistas al garage, aunque para despistar y no oler a viejuno pisan el pedal del noise. Por otra, pasan de un sello más veterano como Fat Possum al joven Innovative Leisure, donde hay otros amigos garageros como Allah-Las y otros que tontean con la psicodelia, estrechamente unida al garage, como Crystal Antlers.

Riffazos y actitud

El resultado es un disco más gamberro, que desde el primer instante ya viene con ‘I Wanna Be Forgotten’ con mordiente para atropellarte como un tren que acelera pero que no tiene miedo a descarrilar. Por su sangre no corren las venas de San Francisco ni los patrones tan obvios de todos esos grupos de los que hemos hablado recientemente. Es esa amplitud de miras, de querer al garage pero sin interpretarlo tan al pie de la letra, lo que hace especialmente adictivos a Bass Drum Of Death y su segundo álbum. En los coros de baja fidelidad de ‘Fine Lines’ (hola Black Keys) o en la vitalidad de ‘Shattered Me’ puedes beberte tu juventud al mismo tiempo que desnucarte con riffs que saben a gloria.

Y por supuesto aunque son divertidos también tienen ese respeto por el género, grabando canciones como ‘Such A Bore’ que podrían haber grabado los Spyrals. Frente a las progresiones cósmicas infinitas y al plomizo ácido que quiere que entres en trance, estos chavales de Mississippi prefieren meterse en distorsiones y riffs a quemarropa propios de los Hives. Uno de los puntos fuertes del disco es lo bien que funciona en conjunto, es considerablemente regular; si vas salteando será porque quieres escuchar los temas que para ti más resalten. No obstante, también es cierto que flojean cuando se encierran en la parte menos garagera, que es la que se bate entre lo noise y lo lololo lo-fi. Se les nota el tufillo semi indie y debilita el conjunto del álbum, que es completo a grandes rasgos.

Con todo, es una muy aceptable exhibición de riffs conjugados con un noise que prefiere no hundirse en el caos, a lo Times New Viking. La intensidad y su toque despreocupado a la hora de cantar mantienen la pulsión durante las once canciones, finalizando su cortejo en chupa de cuero con los cambios de ritmo y las sacudidas de ‘(You’ll Never Be) So Wrong’. Tienen algún pinchazo, pero mucho tiempo para mejorar y decidir si quieren ser como el resto o seguir transitando por un término medio en el que pueden ofrecer mucho.

Bass Drum Of Death es sentir la energía corriendo por tus venas, el tener que escucharlo una y otra vez a pesar de que sea otro disco de garage más. Es esa sensación de estar vivo. Porque lo es, pero sus simplezas en las guitarras, combinadas con recursos noise y lo-fi te hacen sucumbir ante ellos sin rechistar. Se encuentran ahí donde no prestas atención, en el punto intermedio entre el garage de perdedores de Growlers y el canonismo de Night Beats; en el que se aleja del ombliguismo canónico y se centra en el hedonismo, en incendiarte las suelas de los pies. ¡Moveos joder!

7.4/10

Uno de esos discos de garage que no serán de lo mejor del año, ni siquiera de los más inspirados, pero que sin duda acabarás dándole bastantes vueltas. A base de riffs, actitud y buenos zarpazos en cantidad de noise, Bass Drum Of Death son un chute de aire fresco en un género que está gozando de muy buena salud en sus grupos jóvenes.

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