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Beachwood Sparks — Desert Skies

Los siete minutos de la ya conocida ‘Midsummer Daydream’ contienen toda la verdad del grupo y toda la discusión que Beachwood Sparks puedan haber provocado alguna vez entre la gente que les haya escuchado: el híbrido alucinado entre country, folk, rock y psicodelia que suena a pop vitalista y acaba por desintegrarse en una larga jam. Están cosidos con el mismo hilo que otros, pero hay quien piensa que no es el hilo, que son los retales. Y, en cualquier caso, parece fácil no prestarles atención… salvo que les escuches.

Beachwood Sparks deberían conseguir algún día quitarse el sambenito de grupo infravalorado, pero para eso el público y la crítica también tendrían que corregir el trato que les han otorgado durante toda su vida. Ataviados con lo retro y con la nostalgia, al grupo siempre se le ha otorgado un injusto papel de segundones. Puede que coincidir también con el peor momento económico de la historia de Sub Pop les pasase factura y que la ausencia de un esfuerzo promocional serio siempre les haya penalizado, pero no puedo dejar de acudir a la inmesa sordera generalizada que padecemos en cuanto un grupo acude a estructuras clásicas.

O, sobre todo, en cuanto una banda llama a los Byrds. En cuanto estos aparecen por medio, y pese al supuesto amor crítico por ellos (cada vez más escondido, se ve que tardarán un tiempo en ponerse de moda de nuevo), quienes siguen aquellas enseñanzas de celestiales arpegios de guitarras y psicodelia folk son tratados con demasiada condescencia. Ni discos tan disfrutables como el debut homónimo de Beachwood Sparks (2000) o aquella continuación a la altura que fue Once We Were Trees (2001) sirvieron para romper la barrera. Y la vuelta con el bellísimo The Tarnished Gold (2012) fue recibida con opiniones diversas.

¿Qué pinta entonces recuperar Desert Skies, disco de debut perdido en la discografía de Beachwood Sparks? Pinta todo, porque con ellos da igual cuando llegues, ya que la música de Chris Gunst, Dave Scher, Brent Rademaker y Aaron Sperke cazó en su momento el don de permanecer siempre joven y, pasados quince años del disco que nunca se oyó, parece como si lo hubiesen grabado hoy. Sí, The Tarnished Gold les mostraba más reflexivos, algo más ensimismados, pero la melancolía infinita (que precisamente es melancolía por mostrar alegría y tristeza a la vez) vuelve a estar ahí.

Desert Skies’ la plantea con primero con el tono Flying Burrito Brothers y, en la ‘CO2 Version’, después como Teenage Fanclub. ‘Make It Together’, ‘This Is What He Feels Like’ o ‘Watery Moonlight’ les destacan como los tipos con el corazón más puramente pop de Los Ángeles. Y cuando rebajan el ritmo, Beachwood Sparks dejan muy claro por qué pocos EPs han estado mejor titulados que aquel Make the Cowboy Robots Cry y por qué los servidores de Google, cuando tomen conciencia de sí mismos a lo Skynet, también podrían llorar con ’Time’ o ‘Canyon Ride’.

Es ‘Sweet Julie Ann’ la que redondea la historia del disco perdido: una canción así nunca habría tenido que ser desechada, quedarse en el baúl, olvidada. Armonía y melodía, el don de trenzarlo todo.

7.9/10

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