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Beak> →>: partir de lo rudimentario para alcanzar las más altas cotas de taras psiquiátricas

“Beak” src=”http://img.hipersonica.com/2012/10/Beak — Beak II.jpg” class=”centro” />Quién lo iba a decir: nos encontramos frente a algo parecido a un revival del krautrock. Es de suponer que alguien tan notoriamente heterogéneo y activo como Geoff Barrow no podía quedarse al margen de tan insigne acontecimiento, y de ahí Beak> y su segundo disco, >>, dos años después de su debut homónimo. Pero el de Barrow tampoco podía ser un proyecto previsible y manido, por lo que su elegía kraut, inspirada obviamente en los pilares fundamentales del género de los años setenta, oscila entre lo rudimentario y claustrofóbico, dejando de lado la exuberancia de la psicodelia.

Recuperar el kraut desde otra perspectiva

Es interesante que numerosos grupos jóvenes hayan abrazado con entusiasmo el kraut. Su propuesta es original, pese a todo, porque el krautrock siempre ha sido una excusa más o menos fundamentada en los cánones del movimiento para experimentar y desarrollar largas e interminables canciones. Lo emocionante de esta repentina nueva ola del krautrock es cómo se parte de cuatro ritmos básicos para derivar en bolas de psicodelia estimulantes que parecen no terminar nunca. Podemos pensar en Lüger, o en Dead Skeletons, o en Toy, que además de ser hype también abrazan el pop.

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Beak>> no es nada de esto en tanto que no es pop, ni mucho menos, y que su psicodelia no es eufórica ni expansiva, sino todo lo contrario. Las canciones de >> también parecen sacadas de un manicomio, sólo que este es mucho más desquiciado. >> es El expreso de media noche, un lugar al que siempre temes llegar. Pero allí nos lleva igualmente Barrow, que ya acostumbró al mundo a desfilar ante la oscuridad y la opresión desde Portishead. Resulta paradójico que alguien así fuera el responsable del salto de calidad de The Horrors, precisamente adentrándose en el terreno del kraut y de la psicodelia.

Y digo paradójico porque The Horrors, al igual que Toy, son un grupo luminoso. Es como si Barrow se hubiera reservado para sí mismo y para su extravagante proyecto los sonidos de sirenas en forma de riff, las voces fantasmales que van y que vienen desde y hacia ninguna parte o los sintetizadores totalmente caseros, al menos aparentemente, que dotan de angustia a todas las canciones de Beak>. Lo de las sirenas era literal: el primer corte de >>, ‘The Gaul’, es exactamente un montón de sirenas distorsionadas vertebrando la canción.

https://www.youtube.com/embed/udkoNdjLzTg

La música de Beak> subsiste gracias a su sentido rudimentario y a alejarse de los cánones previamente fijados para un grupo que se define como auténticamente krautrock. Hay Can y hay Neu!, como no podía ser de otro modo, pero no desde los ritmos metrónomos del motorik, que aparecen difuminados y raramente protagonizan el esquema de las composiciones, sino desde compases mucho más eclécticos. Beak> no son una máquina de precisión germana ni lo pretenden. Subsisten en torno a una anárquica forma de entender la música, como si sólo necesitaran dos o tres acordes básicos para ir improvisando todo lo demás.

El sonido de una piedra, o de una tibia

Algo de eso hay en la hipnótica ‘Yatton’, entre sus hipnóticos bajos, crecientes sintetizadoras y guitarras aparentemente mal afinadas. Beak> es un grupo de apariencias, que pretende fingir que lo hace todo mal pero que, en el fondo, lo hace casi todo bien. Aquí tenemos a Barrow, tratando de hacerse pasar por un neandertal que golpea una tibia con una piedra y ofreciendo un sonido que no puede triunfar, porque es imposible, pero que es intrincado, psiquiátrico y, hasta cierto punto adictivo. Resulta inevitable acudir de nuevo al mapa de la locura humana que Beak> dibujan en su segundo disco.

https://www.youtube.com/embed/k6EZp96IZYg

Ahí reside su virtud y su pecado, porque las canciones de Beak> no son nada atractivas. Logran recrear la atmósfera de un enfermo mental, de taras psicológicas y de obsesiones puramente humanas, pero nadie en su sano juicio se puede acercar con cierta frecuencia a algo tan incómodo, tan obsesivamente programado para provocar rechazo. ‘Spinning Top’, ‘Ladies Miles’ o ‘Elevator’ son buenas, excelentes canciones, pero han sido llenadas de tantos defectos y tocadas tan asombrosamente mal que cuesta sentir adicción por ellas.

“7” src=”http://img.hipersonica.com/2012/10/7,00.jpg» class=”derecha” />Hablamos, por tanto, del gusto enfermizo por lo macabro y por lo grotesco. Eso es >>, y cabe agradecer a Barrow una propuesta así, a falta de nuevos proyectos con Portishead que probablemente vuelvan dentro de otros diez o quince años. Beak> tampoco son un derroche de productividad, pero podemos resguardarnos en ‘Wulfstan II’ para aventurar sus futuros pasos: ¿se atreverá Barrow a optar por los demoledores riffs del inicio de la brillante canción o trasladará su proyecto krautrock hacia la psicodelia folk campestre de su progresión final? Si lo hace deberíamos estar esperándole.

Beak>> →> tracklist

  • 1) The Gaol
  • 2) Yatton
  • 3) Spinning Top
  • 4) Eggdog
  • 5) Liar
  • 6) Ladies’ Mile
  • 7) Wulfstan II
  • 8) Elevator
  • 9) Deserters
  • 10) Kidney

Sitio oficial | Beak Bandcamp

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