Beardfish — +4626-Comfortzone

El impresionismo llegó a mediados del siglo XIX para romper esquemas, para derrotar ciertos convencionalismos que parecían atenazar a la realidad pictórica de la época. El realismo dominaba el cuadro, obligaba a observar la realidad desde una estética cruda y fría que describía conflictos sociales consecuencia de la explotación subsiguiente a la ya asentada revolución industrial y las primeras disputas a nivel ideológico en un mundo en el que los sistemas monárquicos comenzaban a tambalearse.

La respuesta fue más formal que ideológica, pero no por ello tuvo un impacto menor a tenor de la disciplina a la que hacía referencia. La plasmación casi fotográfica de la realidad, sin ocultar a los miserables y sus miserias, dio paso a trazos que parecían querer distorsionarla pero que solo jugaban con la luz y la sombra, olvidándose del negro omnipresente en el pasado y dotando de vida sin hilaridad a escenas cuya estaticidad parecía resquebrajarse a golpe de pincel que alargaba destellos o que coloreaba penumbras. La revolución había quedado fuera del campo de la ideología para centrarse en el mundo formal, la sombra podía brillar más que la luz, una estrella podía llenar con su halo todo el firmamento.

Beardfish y el rescate de las vanguardias

2015 parece ser algo así como el regreso al impresionismo para los suecos Beardfish, bastante atenazados en el relato crudo y rudo que constituyó The Void (Inside Out, 2012) pero hoy aferrados de nuevo al color, los juegos de luz y ciertas distorsiones que en lo visual nos remiten a La Noche Estrellada. No es casualidad la referencia pues su interpretación progresiva del Rock Clásico responde a la misma ruptura esquemática que la diseñada por la cohorte de vividores que dominó la pintura a finales del siglo XIX, lo dibujado por Rikard Sjöblom desde su garganta y su teclado rediseña la esencia sin alterar las leyes físicas, simplemente altera tempos o resquebraja estructuras a fin de impactar más desde el detalle que desde lo formal, resultando barroco a veces pero sin que ello suponga un excesivo ensimismamiento.

Aunque éste es un juego al que Beardfish llevan jugando desde que dieron sus primeros pasos, desarrollando un Rock Progresivo colorista plagado de tonalidades que plasman mil sensaciones a lomos de un jazz que es más planteamiento que dogma, los suecos se han visto en la obligación de regresar en el tiempo pues el ejercicio más hardrockero y sucio del anterior álbum nubló algo su horizonte, supuso el primer traspiés en una carrera que les llevaba directos hacia el olimpo en competencia con Haken, Riverside o Leprous.

The Void supuso un paso atrás, errado en el riesgo metálico, insuficiente en la brillantez de los desarrollos melódicos

Reconocido en cierta medida el error, +4626-Comfortzone (Inside Out, 2015) plantea cambio de tercio aunque no derriba los cimientos de lo anterior sino que más bien lo reacomoda, dejando aún cierto regusto amargo pero logrando volver a brillar en aquello que les ha hecho grandes. Lo nuevo de Beardfish rompe la clara estructura de dos caras con distinto aroma, potencia y presencia para presentar un tratado bastante más homogéneo, aún con momentos de desmelene y headbanging (aunque al fin sin arrebatos growl) pero mostrando un resultado mucho más compacto apoyándose en lo que siempre ha sido el fuerte de la banda sueca, los desarrollos instrumentales y la versatilidad instrumental y vocal de Rikard Sjöblom.

Al fin de nuevo en su zona de confort

Esta distribución del álbum, menos marcada, permite que los temas transiten mejor que en The Void, que las melodías construidas se queden en nuestra cabeza por muy revirada que sea la estructura del tema en cuestión. ‘King’ o ‘Daughter/Whore’ afean el ecuador del álbum echando algo por tierra el recuerdo dejado por el brillante tema homónimo, pero la función vuelve a su punto álgido en ‘If We Must Be Apart (A Love Story Continued)’, un mastodóntico corte en el que Beardfish demuestran de lo que son capaces a nivel compositivo e interpretativo.

Entre medias de todo esto, el sabor que +4626-Comfortzone deja es a prueba superada a pesar de que no logra alcanzar las cotas marcadas por la serie Sleeping in Traffic (Inside Out, 2007 y 2008) o su continuación Destinated Solitaire (Inside Out, 2009), disco con el que se dieron a conocer para el gran público al abrir la gira para Pain of Salvation. Queda cierto regusto amargo pues los suecos se han arrugado algo cuando estaban a punto de reventar en algo grande, pero mientras que en 2012 hablábamos de tropiezo y error en el planteamiento, en este 2015 podemos hablar de esperanza y de un talento que parece lejos de apagarse.

7,7/10

‘Hold On’, ‘Ode to the Rock’N’Roller’ o el tema homónimo describen cuál debe ser la trayectoria futura de Sjöblom y cía. Más contenidos en sus alocados desarrollos y sus arranques metálicos, igual de sólidos construyendo melodías que hablan de la época de las vanguardias, la vida bohemia y el absenta y menos perezosos a la hora de preparar el regreso. No es Beardfish una banda a la que le vengan bien las pausas largas, sus mejores discos han llegado casi de año en año, de forma atropellada y de sopetón. Ojalá y les tengamos de nuevo con nosotros en 2016, querrá decir que han recuperado el vigor del pasado.

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