Quinto, sexto o el número que sea en la banda. Beck es el jugador número 12 favorito del entrenador pero que aún así sigue chupando banquillo. Al que le gustaría estar sobre el campo con los colegas y no andar calentando solo por la banda y en el autobús de la gira. Durante estas casi más de tres décadas en activo en la música Beck ha querido tener su banda y al no poder ha ido cambiándose de chaqueta jugando a ser el miembro extra de otros.

Que no lo dice él, que lo digo yo escuchando sus discos e imaginándomelo perfectamente como un músico más en las siguientes bandas según sus bandazos en cada disco.

Uno más en Bob Dylan and The Band

En aquel tour de 1974 Beck solo tenía cuatro años pero ya sabía que tenía que estar sobre el escenario cuando Bob Dylan reunió de nuevo a The Band para que fuesen su grupo de acompañamiento. En 1965 y 1966, cuando empezó la unión entre Dylan y The Band Beck ni siquiera era un proyecto. Décadas más tarde llegarían los lamentos por haberse perdido esa oportunidad de girar con tan grandes músicos.

Golden Leftovers (1993), Golden Feelings (1993, Sonic Enemy), Stereopathetic Soul Manure (1994, Flipside) y One Foot in the Grave (1994, K) tuvieron que irse a la escena del “Anti-Folk” de los 90, del Lo-Fi más sucio y del Beck filtrado en la voz sin ganas de nada. La época en que había “confeti en su tumba” mientras se ponía modo melancólico y amante de la tierra en temas como ‘I’ve Seen the Land Beyond’. Los experimentos ruidistas los dejamos como caras B.

El menos raro de Frank Zappa and The Mothers of Invention

Por muy influido que Beck estuviese por el Folk y los tristes de la guitarrita él era más que un cantautor a la vieja usanza. El desconcierto y la prueba con otros sonidos le distinguen del resto. Beck se empapa de Frank Zappa y sus The Mothers of Invention más que de The Band. Aunque solo sea para vender algunas canciones mejor de lo que eran.

La magia de Beck, de ser un perdedor al que cogerle cariño sin que hiciese gran cosa con sus canciones estaba en la misma onda que en los intentos de ir de guay de Zappa para convertirse en un auténtico coñazo. Difícil dónde queda la línea de diferencia. Ahí llegaron Mellow Gold (1994, DGC) y Odelay (1996, DGC) para generar la controversia y ser aupados hasta por a quienes no les molaba ese sonido.

El que no se ahogó en la piscina de los Stones

Al final las influencias y el origen de los sonidos son compartidos y The Rolling Stones también aparecen en esta alineación ficticia. Los Stones que querían quitarse las copias baratas que hacían del Rhythm and Blues para seguir buscando su sonido hasta disparando al vacío de la psicodelia del momento con su Between the Buttons (1967, Decca) y Their Satanic Majesties Request (1967, Decca). Aquí podríamos también citar a Love, a The Kinks o a The Beatles.

Es el momento de poner Mutations (1998, DGC) y seguir con su armónica a lo Jagger sin saber dónde en verdad va a caer. En algún lado tendrá que hacerlo. Esa cara dura es la que veo más a lo Stones. Luego salto a Modern Guilt (2008, Interscope) y me vuelvo a encontrar el giro. Su ‘It’s Only Rock ’n’ Roll’ pero joder, nos gusta. Ojalá todo fuese “solo así”. El Some Girls (1978, Rolling Stones) que aparece después de una cuestionada mala época para algunos y encima con Danger Mouse poniendo la sal al filete.

El negro olvidado por la big band

Solo en el andén, haciendo señales con la linternita para que alguna furgo le pare y subirse. Le da igual qué banda escoger, todas le valen, una por década: en los 60 se sumaría a la alegría de Sly and the Family Stone, en los 70 le copiaría los bajos a Funkadelic y la locura a George Clinton y en los 80 hasta se pondría chorreras con Prince and the Revolution (quien también sabía lo suyo de tomar ideas prestadas).

De ese caldo de cultivo sale Midnite Vultures (1999, DGC). El baile, la diversión y la ausencia de complejos para hacer lo que le daba la real gana. Y hacerlo bien. Ojalá el Dirty Work de los Rolling hubiese salido de este nivel.

El cuarto Beastie Boy

2005, todos los deberes hechos, muchos palos probados para ver cómo respondía la piñata. ¿Próximo reto? Guiñar un ojo a los Beastie Boys. Los de Nueva York ya llevaban dos décadas probando a juntar Hip Hop con Rock, Punk y Funk, entre otras tantas cosas. Beck no ha andado muy lejos de ellos en ciertos momentos, donde se ha visto bastante influenciado por los del difunto MCA. En ‘So What’cha Want’ hasta los samplea.

Guero (2005, Interscope) es el trabajo perfecto para hacer distinción entre los verdaderos fans del locatis rubio y quienes se quedan fuera del festival para rajar. De nuevo Dust Brothers como compañeros en la producción. Sampleo (caen Temptations, Ohio Players, Love Unlimited y otros), Breakbeat y Electro muy suave en las bases para seguir con más himnos: ‘Girl’, ‘Guero’, ‘E-Pro’, ‘Black Tambourine’…

Con Guerolito (2005, Interscope) y The Information (2006, Interscope), esta vez con Nigel Godrich queriendo convertir a Beck en un Bowie de resaca, los tiempos difíciles siguen aumentando, al igual que el modo fan.

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